Estoy viendo caballos de distintos colores cabalgando en el cielo a toda velocidad. Es una manada de caballos negros, blancos y marrones en distintos tonos. Estos caballos cabalgan y cabalgan, rodeando la tierra, y el Señor me revela que representan el poder del Espíritu Santo.
Es mi Espíritu representado en estos caballos que rodean la tierra para llenarla de la manifestación de mi poder, dice el Señor.
Hijitos, estoy escuchando esas oraciones de los que se sienten secos, de los que sienten que necesitan la manifestación del poder para sanar enfermos, para hacer milagros, para abrir oídos cerrados que no podían escuchar, para ir a hospitales y dar esperanza a los desahuciados.
Hijitos, dice el Señor, estos caballos de distintos colores representan las distintas manifestaciones del poder de mi Espíritu y están corriendo con fuerza y a toda velocidad. Pero en estos últimos días, a medida que los dolores de parto se intensifiquen, estos caballos van a acelerar su velocidad, corriendo más rápido de lo que venían corriendo hasta ahora.
Noelia: A medida que el tiempo se acelera —como dice la Biblia, que los días se acortarán por causa de los escogidos—, estos caballos aceleran su marcha para provocar un aceleramiento también en la manifestación del poder del Espíritu de Dios. Ellos cabalgan y rodean la tierra permanentemente, activando ese poder sobre la tierra. Lo veo como una lluvia que cae desde las patas de los caballos hacia abajo.
Hijitos, dice el Señor, ¿cuántos de ustedes quieren recibir de este poder y de la manifestación del Espíritu en sus vidas?
Noelia: Cuando estos caballos cabalgan a toda velocidad, este poder cae sobre la tierra en vasos que están vacíos y dispuestos a recibir de esa lluvia del poder de Dios. El poder está disponible para todos, pero no todos son como vasos abiertos, aptos para recibir de ese poder en ellos.
Hijitos, estoy buscando vasos vacíos, dice el Señor, vasos vacíos de doctrinas humanas, vasos vacíos de aguas contaminadas, vasos que se permitan ser vaciados de lo que tenían antes, para que, una vez vacíos y limpios, ese poder pueda caer dentro de ellos.
Noelia: En este tiempo, el Señor no solamente está vaciando a muchos de ustedes de cosas que no les sirven, de doctrinas que aprendieron y que son antibíblicas, de enseñanzas de hombres que los han frenado por tantos años, sino que también está haciendo caer vendas. Están cayendo velos en aquellos vasos que quieren servir a Dios.
Los vasos que estaban sucios no solamente están siendo vaciados, dice el Señor, sino que están siendo limpiados, porque una vez que un vaso es vaciado de la mugre que traía y del agua contaminada que estaba adentro, ese vaso tiene que ser limpiado.
Noelia: Muchos de ustedes están pasando por este proceso y le han pedido al Señor: «Señor, yo quiero la manifestación de tu poder. No quiero solamente tener una fe en palabras, sino una fe que se manifieste a través de tu poder».
La Biblia dice: «Cuando reciban el Espíritu Santo, recibirán poder y me serán testigos en Jerusalén, en Judea, en Samaria y hasta los confines de la tierra», y ustedes se preguntan: «Señor, ¿cuándo se va a cumplir este versículo en mi vida? Necesito esa manifestación. Quiero ese poder. Quiero ver milagros, maravillas, señales, prodigios. Quiero realmente ver en acción lo que estoy leyendo en la Palabra».
Hijito, hijita, dice el Señor, es que te estoy limpiando, es que primero tengo que vaciarte de todo lo que no me sirve. Si Yo derramara ahora ese poder del Espíritu Santo adentro tuyo, estando sucio y confundido, no sabrías cómo manejarlo y aplicarlo para edificar y rescatar a otros. Por eso, primero tienen que abrirse como una flor para recibir la luz que tengo para darles y así puedan crecer.
Noelia: Algunos de ustedes han pedido esta manifestación del poder del Señor en sus vidas a través de prodigios, señales, sanidades, milagros y los dones del Espíritu Santo, como el don de profecía, de ciencia y de sabiduría, y los demás dones mencionados en 1 Corintios 12, que el Espíritu Santo concede y reparte como Él quiere.
Veo que muchos de ustedes piden estos dones, diciéndole al Señor: «Ya estoy bautizado. Señor, quiero ver la manifestación de esos dones en mi vida, quiero servirte». Y eso está bien. El Señor se complace cuando le dices: «Señor, quiero servirte, pero necesito herramientas para poder hacerlo. Quiero ser un vaso donde se derrame tu poder y donde te puedas manifestar con gloria a través mío».
Es que primero tengo que vaciarte, dice el Señor, porque aprendiste cosas que no te ayudan a avanzar, sino que te estancan. Aprendiste doctrinas que estoy borrando con mi goma. En tu corazón hay enseñanzas falsas que primero tienen que desaparecer, como una tinta que con el tiempo se desvanece.
Primero tengo que borrar en ese papel de tu alma todo lo que quedó grabado y que no te sirve, que no es cierto y que no va conforme a lo que Yo soy, a lo que quiero hacer contigo y a mi manera de manifestarme en los míos, dice el Señor.
Noelia: El Señor me muestra que algunos de ustedes son como papeles completamente escritos de arriba hacia abajo, porque ciertos hombres los han tomado y escrito sobre ellos. Algunas de esas cosas son buenas y acordes al carácter del Señor, a sus mandamientos, a su manera de pensar y a sus propósitos en sus vidas, pero otras no sirven.
Yo tengo que volver ese papel al blanco para poder reescribir sobre él lo que Yo quiero escribir, dice el Señor, lo que Yo quiero que esté escrito sobre ti: las palabras vivas que Yo quiero impregnar en ti.
Hijito, hijita, déjate trabajar. Sé maleable, dice el Señor. No seas como el acero, que no se puede doblar. Déjate refinar. Déjame quitarte toda esa mugre que no te estaba sirviendo para avanzar, para que, una vez limpio, una vez libre, una vez sano, una vez que borre completamente esa tinta que te estaba ensuciando y ese papel esté completamente en blanco de nuevo, Yo pueda reescribir sobre ti palabras de vida, palabras de conocimiento, palabras de pureza, palabras que vienen de lo alto y no de lo bajo, palabras espirituales y no carnales.
Para poder usarlos con la manifestación de mi poder en el nivel que Yo quiero, primero tengo que quitar del medio de sus caminos esas piedras de tropiezo que hay delante de ustedes.
Noelia: El Señor dice que muchos de ustedes quieren servirlo y le dicen: «Señor, ¿en qué área? ¿Qué hago? ¿Cómo puedo servirte? ¿Cómo puedo serte útil? Quiero ser tu herramienta. Quiero ser tu instrumento. Úsame. Acá estoy. Aquí está mi vida». Por eso, el Señor quiere confortarte en esta noche y hacerte saber en qué temporada estás.
Muchos de ustedes están en una temporada de limpieza, en una temporada de separar el trigo de la cizaña adentro de ustedes mismos, y el Señor está quitando lo que no tiene que estar. Él está despejando tu camino espiritual y ordenando muchas áreas de tu vida para que, una vez hecho lugar en tu casa, Él pueda venir y sentarse en ese trono que está preparado para él, y verdaderamente gobernar desde ahí.
No es que el Señor no quiera responder tu oración, no es que no te escuche, no es que no te preste atención, no es que no quiera usarte o que seas inútil para él, sino que primero quiere mostrarte tu identidad. El Señor quiere que sepas realmente quién eres en Cristo, que te levantes como un edificio fuerte, que te edifiques en primer lugar y que tengas una base sólida en el conocimiento de las Escrituras.
Algunos de ustedes son recién convertidos y ya quieren estar en un ministerio o en algún servicio. Como motivación del corazón, esto está muy bien, pero el edificio todavía no está levantado. ¿Cómo va a venir gente a cobijarse dentro de ese edificio si aún no tiene las paredes terminadas, si no hay pisos, si no hay sillones donde sentarse ni una cama donde descansar?
Por eso, para que te conviertas en un instrumento útil para Dios, primero tienes que entregarte más a Él. No es que no te escuche, sino que necesitas entender que es paso a paso. Para algunos, el llamamiento llega más rápido; para otros, requiere un poco más de tiempo de preparación, limpieza y orden en sus vidas. Hay distintos ritmos y hay un tiempo para todo, como dice el libro de Eclesiastés.
Hijito, está todo bien, dice el Señor. Pero hay un tiempo para todo, y antes de llamarte al servicio, hay ciertas cosas que quiero hacer en tu vida primero.
Noelia: Esta palabra es para los que están esperando ese llamamiento de parte del Señor, para los que tienen un anhelo de servirlo, pero sienten que hay cosas que los traban y que todavía no están lo suficientemente libres ni capacitados para hacerlo. El anhelo está, pero se sienten débiles y aún un poco frágiles.
En primer lugar, el Señor quiere darte calma, traerte tranquilidad. Quiere que calmes tu espíritu y vuelvas a confiar en Él.
Estoy escuchando tus oraciones, y me agrada que te dispongas como un instrumento útil para Mí, dice el Señor. Pero primero hay ciertas cosas que quiero hacer contigo, para que, cuando realmente estés listo para que pueda usarte, no te rompas; para que, cuando realmente estés listo para servirme, tengas el conocimiento y la sabiduría mínima necesaria para que no te desvíes tan fácilmente. Primero tengo que quitar las vendas de tus ojos para que puedas servirme con un mínimo de visión de las cosas espirituales.
Hijitos, dice el Señor, estoy trabajando en mi pueblo. Hay algunos que ya están sirviendo porque pasaron por la etapa anterior, hay otros que recién han nacido de nuevo y todavía tienen que crecer en las cosas espirituales para después poder ser utilizados de la manera que desean, y también hay algunos que están en la etapa de preparación.
Hay un tiempo para todo, dice el Señor, y si ustedes se apuran, hay ciertos riesgos que no quiero que enfrenten. No quiero que tropiecen ni que se golpeen contra la pared. No quiero que la frustración los lleve a abandonar ese ministerio.
Por lo tanto, los preparo, los refino, los armo, los equipo, los fortalezco, dice el Señor, para que, una vez que ese edificio es levantado y tiene todo lo necesario —con un fundamento sólido, con un piso bien establecido, con las paredes cerradas, con las ventanas protegidas del enemigo y las puertas bien trabadas, con los muebles colocados y la luz encendida—, pueda invitar a más personas a venir, entrar y formar parte de ese edificio que representa tu vida.
Por eso, hijitos, el mensaje para muchos de ustedes hoy es: No se apuren en el servicio. Aprendan a discernir en qué temporada están, porque tampoco deben confundirse.
Noelia: A algunos de ustedes el Señor ya los ha llamado a hacer algo y están atrasados en responderle. Este mensaje que ahora está hablando el Señor no es para ellos, sino más bien para aquellos que sienten que tienen que hacer algo, pero todavía ese llamado no se ha manifestado en sus vidas.
Esto es porque están en una etapa de limpieza, en una etapa de preparación, en una etapa de aprendizaje y entrenamiento. Todavía están en la escuela y no se han graduado para enseñar a otros.
El Señor me muestra que muchos de ustedes sueñan que están tomando clases en una escuela. Esto significa que todavía no es el tiempo de dar, sino de recibir; no es el tiempo de enseñar, sino de aprender; no es el tiempo de discipular, sino de ser discipulados; no es el tiempo de edificar, sino de ser edificados.
Esta es una palabra de confirmación para muchos, para que entiendan que no tienen que apurarse en lo que el Señor los está empezando a llamar. Quizás el Señor ya les habló de que los va a poner en un ministerio, pero todavía no se manifestó. Entonces, tómense el tiempo que necesiten, guiados por el Espíritu Santo, para no quemar etapas.
Hijitos, dice el Señor, no quieran quemar etapas. No se adelanten, porque, así como un niño que se adelanta y quiere quemar etapas termina equivocándose y sufriendo las consecuencias de esas equivocaciones, así les puede pasar a ustedes si siguen quemando etapas en la preparación donde Yo los tengo.
Noelia: Hay distintos tiempos para distintos hijos del Señor. Algunos se convierten y el Señor inmediatamente los llama a servir en algún ministerio. A otros el Señor los llama después de un año. Otros tardan 2, 5, 10 o quizás 30 años.
Cada uno tiene su tiempo, porque somos flores distintas, que crecen a un ritmo diferente y que necesitan más o menos riego o luz del sol. No es lo mismo un cactus que una flor en un jardín de verano. Hay distintos tipos de personas, distintos tipos de llamados, distintos tipos de preparaciones y distintos tiempos entre un proceso y otro.
Lo importante es que me obedezcan en cualquier etapa en la que se encuentren y que no sean rebeldes, dice el Señor. Si se apuran y no quieren pasar por la etapa en la que Yo, por mi sabiduría, los hago transitar, entonces pueden convertirse en rebeldes, porque en vez de estar en el lugar donde Yo quiero que estén, van a estar donde ustedes creen que deben estar. En vez de esperar mis tiempos, acordes a mi sabiduría, van a caminar en sus propios tiempos o en los tiempos de otros hombres. Entonces, van a estar en rebeldía, en desobediencia, y en vez de aportar a lo que Yo quiero hacer en ustedes, lo van a retrasar.
Muchos de ustedes están siendo preparados para que los llame, dice el Señor, pero ni siquiera lo saben. Sin embargo, si confiaran en mí, simplemente obedecerían la guía de mi Espíritu Santo, que ya los va preparando. La clave es la obediencia a la guía del Espíritu Santo en sus vidas, y no solamente a la Palabra escrita.
Noelia: Muchos de ustedes piensan que no hay ningún llamado para sus vidas, que el Señor nunca les va a dar alguna tarea específica para el Reino de los cielos, que ni siquiera están siendo preparados, que ni siquiera están en esa escuela. Pero el Señor les dice:
Si entendieran mis caminos y comprendieran que tengo algo preparado para cada uno en particular —cosas distintas, incluso en la manera de llevarlas a cabo, con creatividad y estilos adaptados a cada uno—; si confiaran en mí y me dejaran obrar en sus vidas, caminarían por fe y no por vista. Y si realmente caminaran por fe, sin ver el llamado que todavía no se ha manifestado en sus vidas, entenderían que Yo ya los estoy preparando.
Noelia: A veces, una persona se convierte y es llamada inmediatamente, siendo limpiada mientras sirve. Otras veces, el Señor la lleva primero por un proceso de limpieza, sanidad, liberación y edificación, y después la llama al servicio.
En otros casos, la persona se convierte, pasa por ese proceso y luego el Señor la llama a algo específico. Sin embargo, no comienza de inmediato, sino que entra en una etapa de preparación, porque para ser carpintero primero hay que estudiar carpintería.
De eso se trata la preparación para el llamado. A veces las cosas ocurren por etapas; otras veces, todas juntas. Uno puede estudiar carpintería mientras es limpiado, sanado y liberado. En algunos casos, incluso después de haber completado sus estudios y aprendido a ser carpintero, el Señor todavía lo está limpiando, transformando y liberando.
En cada uno de nosotros hay distintos procesos. Somos como manzanas que maduran en tiempos diferentes. En un mismo árbol, unas maduran más rápido y están listas para comer antes que otras que necesitan más tiempo. Aunque maduren en tiempos distintos, todas tienen el mismo valor y son igual de deliciosas, porque provienen del mismo árbol y se alimentan de la misma savia.
Hijitos, dice el Señor, tengan entendimiento de las cosas espirituales. Entienden que hay un tiempo para todo.
Muchos de ustedes no me han preguntado en qué tiempo están, dice el Señor. Muchos tratan de imitar la vida espiritual de otras personas que conocen, y a veces llegan a envidiar el proceso espiritual de alguien más, en vez de preguntarme a mí: «Padre, ¿en qué tiempo estoy? ¿Estoy en un tiempo de crecimiento? ¿Estoy en un tiempo de preparación, enseñanza, edificación, limpieza o vaciamiento de cosas que no me sirven? ¿Cuál es mi tiempo? ¿Es este el momento de empezar a caminar en ese llamado que me mostraste alguna vez? ¿Cuál es la temporada en la que estoy?».
Noelia: Porque no preguntaron, muchos de ustedes no tienen la claridad que deberían tener sobre la temporada en la que están con respecto al servicio para Dios.
El Señor me muestra que también hay otro problema. En vez de esperar a que Él los llame a un servicio, se adelantaron y respondieron a un llamado de hombres. En algunos casos, ese llamado venía de parte del Señor, pero en otros, no.
Algunos de ustedes tienen la convicción de que están caminando en el propósito que deben cumplir, porque el Espíritu Santo da paz, acompaña y da testimonio cuando uno realmente es llamado por Dios, ya sea directamente o a través de hombres.
Sin embargo, otros no ven la manifestación del poder de Dios en sus vidas porque no esperaron a que suene el teléfono de parte de su Padre celestial, sino que respondieron a un llamado de hombres. Por eso, Dios está esperando que se dispongan a su servicio para que Él los llame en su tiempo perfecto.
Muchos de ustedes están confundidos acerca de quiénes son en Cristo Jesús y para qué han sido creados. Se preguntan qué tipo de herramientas son, porque no conocen su verdadera identidad. Se miran en el espejo y ven una imagen que no les corresponde, lo cual aumenta aún más su confusión.
El Señor te dice estas cosas para que lo busques en la intimidad de tu habitación y le preguntes: «Señor, me siento fuera de lugar, como una pieza de rompecabezas colocada donde no encaja. Siento que lo que estoy haciendo no es lo que debería estar haciendo. Siento que estoy obedeciendo a los hombres o siguiendo lo que yo pensaba que tenía que hacer, pero no me siento pleno ni completo. No veo los frutos que debería dar. No veo tu poder manifestándose en esta obra».
El Señor te habla hoy para que despiertes en este asunto, examines tu vida y tu corazón, y seas honesto contigo mismo. Hace tiempo que en el servicio que realizas no se ven milagros y cambios radicales en la vida de las personas que ayudas. No tienes testimonios que compartir. La gente ya no se maravilla, no despierta ni se reanima. Todo parece obra muerta, como un lago estancado que no fluye.
Esto significa que el poder del Señor no está respaldando esa obra, porque esa labor no fue enviada por Él, sino por hombres. Por eso, la mano del Señor, que al principio veías extendida sobre ti, ya no te acompaña ni te respalda. Porque si Él te envió, también te respaldará. Si Él te mandó, lo que te dijo se va a cumplir, y serás como un árbol lleno de fruto, donde los pájaros vendrán a alimentarse.
El Señor te habla estas cosas para sacudir tu vida espiritual y llevarte a preguntarte: «¿Qué está pasando? Veo a tal o cual hermano contar experiencias que parecen sacadas de un cuento, pero a mí no me pasa nada de eso. ¿Cuál es la diferencia entre esa persona, llena de vida, del Espíritu Santo e inspiración, y yo? ¿Por qué no experimento lo mismo?»
Tal vez la respuesta es que estás caminando por una senda propia y no por la del Señor. Quizás estás obedeciendo a hombres que te enviaron por ese camino, pero no a Dios. Habla con Él y dile: «Padre, me siento seco. No quiero seguir siendo como un árbol que no da fruto. Necesito vida en mi servicio hacia ti. Necesito un cambio».
Muchos de ustedes necesitan precisamente eso: un cambio. La rutina los ha envuelto porque no se están dejando guiar por el Espíritu Santo. Por eso todo se repite y están aburridos. Pero el que es guiado por el Espíritu Santo nunca se aburre. Cuando uno se deja llevar por el Espíritu Santo, siempre hay cosas nuevas.
El Señor siempre maravilla. Con Él siempre suceden cosas sobrenaturales: encuentros inesperados, coincidencias imposibles de planificar humanamente, provisión que llega de lo alto de maneras sorprendentes. Así obra el Espíritu Santo cuando seguimos su guía.
Si al orar descubres que lo que estás haciendo no viene de un llamado de Dios, el Señor hoy te invita a reencaminarte y a liberarte.
Es como alguien que trabaja en un lugar mientras en su corazón sabe que debería estar en otro: hasta que no renuncie al trabajo actual, no estará libre para ser llamado al nuevo. De la misma manera, el Señor va a confirmar a los que están en esta situación para que, una vez libres, el Jefe los llame a trabajar para el Reino de los cielos.
Yo sigo viendo esos caballos cabalgando en el aire alrededor de la tierra. Ellos cabalgan sin cansarse, porque en el espíritu no existe el cansancio. Las cosas que vienen del cielo son perfectas, llenas de vida y fuerza, pero una fuerza equilibrada, y estos caballos se mueven con la velocidad que Dios quiere, porque son llevados por el Espíritu Santo.
Y ahora vuelvo a ver esos vasos en los que el poder del Espíritu Santo desciende mientras los caballos cabalgan.
Hijitos, dice el Señor, algunos de ustedes necesitan vaciarse no solo de cosas que no les sirven y que no deberían estar ahí, sino también de servicios que son obras muertas.
Noelia: El Señor me muestra que algunos de ustedes están sirviendo en congregaciones, pero no están seguros de que eso es realmente lo que tienen que hacer. Ese servicio está llenando el vaso que son ustedes, impidiendo que el Señor los vacíe para volver a llenarlos con lo que Él quiere. Es necesario despejar el camino y vaciarnos como vasos, para que el Señor encuentre espacio y pueda llenarnos con el poder de su Espíritu Santo.
Creo que algunos de ustedes ya lo entendieron. Esta palabra ya llegó a sus corazones y obró en ellos, e incluso era la respuesta que estaban esperando. Pero aquellos que todavía no lo han comprendido, oren sobre esto. Pregúntenle al Señor, y Él les va a responder y confirmar.
Hacen falta obreros en la mies, dice el Señor, pero el problema es que cuando voy a contratar más obreros, ya están contratados por otro.
El Señor dice que en este tiempo está reencaminando a muchos de ustedes que estaban perdidos en un campo donde no deberían estar, en un trabajo al que Él nunca los llamó, usando herramientas que Él no les dio. Él los va a llamar a renunciar a esos trabajos para trabajar en su mies, bajo el poder del Espíritu Santo y con las herramientas que Él mismo les concede.
Pero tienen que caminar por fe y no por vista. Tienen que obedecer primero al Espíritu Santo y después a los hombres, siempre dejándose guiar por Él.
Tienes que ser valiente y no cobarde, dice el Señor. Tienes que animarte a dar ese salto de fe.
Noelia: Para muchos de ustedes que están en un trabajo equivocado, en un lugar donde Dios nunca los puso ni los llamó, es necesario liberarse para que el Señor los llame a lo que Él quiere que hagan. Ese paso va a ser como un salto de fe, un cambio drástico.
El Señor no quiere que sigan donde no deben estar. Si caminaran en el propósito que Él tiene para ustedes, verían la gloria de Dios manifestarse en sus vidas. Y cuando experimenten esa gloria, nunca más querrán hacer algo que no venga del Señor, porque la diferencia es abismal. La llenura del Espíritu Santo que uno siente al hacer la voluntad de Dios no se compara con el vacío de un servicio donde el poder de Dios no se manifiesta como debería.
No hay comparación con decirle «sí» al Rey de reyes, a la autoridad más alta que existe en la tierra, en los cielos y debajo de la tierra. No es lo mismo trabajar para Él que trabajar para uno mismo o para un hombre. Es como beber agua sucia y contaminada cuando nunca se ha probado el agua clara y cristalina que realmente calma la sed.
Muchos de ustedes han estado bebiendo de aguas contaminadas y oscuras hasta ahora. Eso representa el servicio equivocado que están haciendo. Pero cuando uno verdaderamente sirve al Señor, primero recibe de esa agua y después se convierte en una jarra que la vierte en otros vasos, dándoles de beber. Y cuando pruebas de esa agua viva, nunca más quieres volver a la sucia, que en vez de calmarte la sed, te deja con más sed y, encima, te ensucia, te contamina, te confunde, te desvía y te estanca.
Cuando respondes al llamado que verdaderamente viene de Dios, por más que sufras, pases por aflicciones y cargues con tu cruz, esa agua te sostiene. Tienes la plenitud de saber que estás donde debes estar, haciendo lo que Dios te dio para hacer, sin forzar algo que nunca vino de Él.
Eso te renueva constantemente. En vez de agotarte en el servicio, te fortalece, porque el Espíritu Santo nos sostiene mientras servimos. El poder de Dios fluye como esos caballos que recorren la tierra continuamente. Las cosas son dinámicas, vivas, reales, tangibles, sorprendentes.
Tienes que beber de esas aguas. Tienes que obedecer al Señor. Si estás en un tiempo de preparación, prepárate. Déjate reformar. Deja que el Señor quite las espinas de tu corazón para que puedas servirle de una manera sana. Si necesitas liberación, búscala. Busca a alguien con autoridad para echar fuera demonios y que ore por ti. No pierdas tiempo. El Señor quiere obreros en la mies y te necesita.
Prepárate y haz lugar en tu casa —en tu vida espiritual— para que venga el Jefe y te entregue el proyecto que diseñó para ti, no para otro. Hay algo único que Él quiere que hagas, y quiere usarte con poder. Pero tienes que colaborar. Tienes que soltar lo que no te conviene. Tienes que dejar de juntarte con esas personas que el Espíritu Santo ya te mostró que te están frenando.
¿Cuándo vas a decidir decirle «sí» al Señor, cueste lo que cueste? No vas a ver cambio hasta que obedezcas, hasta que respondas al llamado. Pero vale la pena. La recompensa es grande. El servicio es difícil, pero todo lo puedo en Cristo que me fortalece.
El Espíritu Santo es nuestro consuelo, el que nos conforta, el que está con nosotros cada día si no nos apartamos del camino. Vas a poder hacer el trabajo al que el Señor te llama, porque no vas a ser tú, sino Él a través tuyo quien lo va a hacer. Va a ser su poder, su sabiduría, su inteligencia, su eficacia fluyendo a través tuyo, si te dispones a ser como un vaso vacío que Él pueda usar.
El Señor me dice que algunos de ustedes se sienten inservibles y piensan: «El Señor nunca me va a usar, porque yo no sirvo para nada. No encajo en ningún lado. Soy como una tuerca que no encuentra su motor. Soy raro.» El diablo los ha engañado, tergiversando la imagen que ven en el espejo. Pero ese no es el espejo de la verdad de la Palabra del Señor; es un espejo demoníaco.
Tienen que cambiar su forma de pensar sobre ustedes mismos, dice el Señor. Tienen que mirarse como Yo los miro y no como el diablo los mira. Tienen que creer lo que Yo digo sobre ustedes y no lo que él les dice. Tienen que elegir por fe y no por vista. Tienen que seguir mis pisadas y no las de otro hombre.
Noelia: Es a Jesús a quien tenemos que seguir. Tenemos que ser sus discípulos en primer lugar. El Señor puede usar a hombres para prepararlos en el llamado que Él les ha hecho, pero en esta ocasión habla de aquellos que están siendo preparados por hombres que Él no llamó. Habla de los que están equivocados, fuera de foco, desenfocados, desacomodados, desubicados.
Pero a los que sí van bien, el Señor les dice que esperen a que se termine esa temporada y que no se apuren.
Veo a personas apuradas, que no caminan a un ritmo saludable, sino que van corriendo. Quieren llegar a la meta rápidamente y por eso ya se han caído varias veces, o corren el riesgo de caer y golpearse tan fuerte que después no puedan levantarse. Tengan cuidado y no se apuren.
Veo personas con capacidad profética, que saben que el Señor les ha dicho que algún día las va a usar como profetas, pero ahora están en el proceso de preparación. Son como un vaso con la capacidad de contener el agua profética, pero que aún no está listo para verterla en otros. Si se apuran, pueden confundirse y terminar lastimándose.
Tienen que esperar los tiempos de Dios. Hay vasos que se están apurando y corren el riesgo de romperse. Si se apuran, pueden terminar dando algo que todavía no tienen, o hacerlo por la carne y no por el Espíritu, porque el Señor aún no los está llamando a dar de la manera en que desean. Es importante tener cuidado, ser pacientes y aprender a disfrutar el paisaje mientras caminan por la temporada en la que se encuentran.
Entonces, es tu deber preguntarle al Señor en qué tiempo estás y cómo colaborar en ese tiempo. Es tu deber dejarte limpiar, sanar y liberar. Es tu deber edificarte a través de la Palabra, buscar al Señor en la intimidad y seguir la guía del Espíritu Santo. Y si el Señor pone en tu vida a una persona guiada por su Espíritu para que la sigas, como Elías y Eliseo, ¡adelante! Pero tiene que venir de Dios. Todo debe hacerse por Él y para Él, a través del Espíritu Santo.
Señor, te pido que reveles a cada uno el tiempo en el que está. Revélales a los que están en la escuela, para que no asuman el rol de maestros antes de tiempo, porque pueden enseñar mal y provocar que otros se lastimen, se equivoquen o sufran. Señor, muéstrales que aún no es el momento de ascender a esa posición.
A los que ya deberían ser maestros, dales el coraje para dar ese paso, Señor. Y a los que todavía no saben dónde están, revélales su lugar y quita esas vendas para que ya no caminen ciegos.
Cuando mi esposo y yo ministramos, algunos nos preguntan: «¿Cuál es mi llamado? ¿Qué tengo que hacer? ¿Para qué estoy hecho?». Y muchas veces la respuesta del Señor es: «Primero necesitas sanidad. Primero necesitas liberación. Primero necesitas edificarte. Ni siquiera has leído toda la Biblia. No conoces la Palabra. No sabes cómo escuchar al Espíritu Santo. Todavía no has renovado tu manera de pensar conforme a la Palabra. No es tiempo de servirme en algo específico».
Muchas veces la gente me pregunta: «¿Qué tengo que hacer? ¿Cuál es mi llamado?». Y aunque el Señor me revela lo que quiere hacer en esa persona, Él me dice: «No se lo digas todavía, porque no está lista. Primero quiero que se disponga a que Yo la sane, que colabore en esa sanidad, que renuncie a lo que tiene que renunciar, que ordene su vida, que ponga orden en su casa».
Hay personas que quieren servir a Dios, pero tienen su casa desordenada, y eso no es bueno, porque el enemigo puede entrar y destruir más fácilmente. Él busca eliminar a los que sirven al Señor, a los obreros de la mies. Por eso, no es seguro adelantarse y saltarse los tiempos de preparación.
Veo que algunos de ustedes sueñan con repetir un curso que ya tomaron. Eso significa que no completaron el proceso anterior, que no absorbieron todo lo que el Señor quería enseñarles o que no entendieron por completo lo que Él quería que entiendan. El nivel anterior no se cerró y necesitan pasar otra vez por ese proceso hasta aprobarlo, como en la escuela, donde uno no avanza de grado si no cumple con los requisitos.
Así que no envidien a otros. No deseen lo que otros tienen. No se comparen. Cada proceso es individual y está guiado por el Espíritu Santo, directamente por Dios o a través de una persona que Él ponga en tu vida. Pero eres tú quien debe discernir y buscar la confirmación del Señor de que esa es la persona que Él ha llamado para ayudarte.
Ahora veo a Pablo cuando el Señor se le reveló y lo encandiló con su luz. Pablo preguntó: «Señor, ¿quién eres?». Y Jesús le respondió: «Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Dura cosa te es dar coces contra el aguijón». Entonces Pablo dijo: «Señor, ¿qué quieres que yo haga?»
[Hechos 9:6] Él, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer.
La respuesta de Pablo muestra la entrega total que tenía. Imaginen pasar toda la vida persiguiendo a los seguidores de Jesús, completamente ciego y confundido, actuando por ignorancia. Sin embargo, todo lo que Pablo hacía, lo hacía al cien por ciento, con plena convicción de que eso era lo que debía hacer; no con tibieza, no a medias, no un día sí y otro no.
El Señor me trae a la mente este pasaje porque eso es precisamente lo que Él quiere y espera de nosotros: entrega, dedicación, consagración y renuncia a nuestra propia vida. Así debe ser.
Dios espera que cuando te llame y te diga: «Hijo, hija», tú respondas: «Señor, aquí estoy. ¿Qué quieres que haga?». Muchos dicen: «Señor, quiero servirte. Úsame. ¿Cuál es mi llamado?», pero no están verdaderamente dispuestos. No tienen el nivel de entrega necesario. No entienden realmente quién es Aquel a quien quieren servir.
El Señor todavía no te ha llamado porque sabe que no responderías con un «sí», que no renunciarías a lo que tienes que dejar para poder responder a ese llamado. Si Él te llamara en este estado y tú no respondieras —o incluso le dijeras que no—, eso traería juicio sobre tu vida, y el Señor no quiere que termines peor de lo que estabas antes de su llamado. Pero eso no significa que no quiera usarte.
Muchas veces el diablo viene y te dice que eres un inútil, que eres inservible, que el Señor usa a todos menos a ti, y muchas cosas más. Pero el diablo no tiene la culpa de lo que te sucede. No es que Dios no quiera usarte, sino que no disciernes ni reconoces en tu corazón que no estás dispuesto a responderle.
Muchas veces el llamado del Señor no es lo que esperas. Y eso es para que no te glorifiques a ti mismo, sino para que Él se glorifique en ti, porque no es por tu fuerza, sino por la suya. Normalmente, cuando Dios llama a alguien, lo llama a hacer algo que, por sí mismo, no puede hacer y para lo cual va a necesitar su ayuda. El Señor no suele llamarte a lo que estás imaginando, a menos que ya te lo haya hablado y confirmado.
Muchísimas veces piensas que va a ser una cosa, y Dios dice: «No, es esto. Es algo completamente distinto». Y tú respondes: «Eso no sé hacerlo. No voy a poder. ¿Cómo vas a llamarme a eso? No soy capaz. No tengo las herramientas. No tengo ni idea. Tengo miedo».
Pero el Señor quiere glorificarse en tu debilidad. Quiere que respondas «sí» y vayas por fe, sabiendo que va a ser Él quien haga la obra a través tuyo, y no tu conocimiento, ni tu fuerza, ni tu experiencia.
Si le estás pidiendo al Señor que te use, no tengas expectativas. No le pongas condiciones al Jefe. Deja que Él te diga para qué te hizo, para qué estás hecho, que quizás es algo que todavía ni siquiera imaginas.
A muchos de ustedes el Señor no los está llamando porque no están en condiciones de ser llamados. Libérense primero de esos ideales vacíos, de esas expectativas, de esas condiciones que le ponen a Dios: «Señor, llámame, pero llámame a la alabanza. Llámame a la adoración. Llámame a predicar lo que me gusta. Llámame a lo que me hace sentir cómodo».
Pero normalmente no es así. El Señor se glorifica en nuestra debilidad, y ahí se ven los milagros, las señales y la gloria de Dios manifestándose a través del mover de su poder en nosotros. El poder del Espíritu Santo se derrama en vasos vacíos de ideales y expectativas, vasos que solo desean decirle «sí» a ese Rey tremendo al que servimos.
¿Acaso vamos a saber mejor que Él para qué fuimos hechos? Humillémonos delante de la mano poderosa del Señor y reconozcamos quién es.
No sean orgullosos, dice el Señor. Sean humildes, porque Yo quiero obreros que no me digan lo que tengo que hacer, sino que me digan: «Señor, estoy a tu servicio. ¿Qué te hace falta? ¿Cuál es el puesto que está libre que yo puedo cubrir? Yo estoy acá. Úsame para lo que quieras, para lo que a ti te parezca. Me va a ser difícil, me va a costar, siento que no puedo, pero yo confío en ti. Sé que me vas a dar lo que necesito, que me vas a fortalecer, que me vas a acompañar, que me vas a enseñar en este trabajo que no sé hacer».
Noelia: Gracias, Señor. Te pido que les impartas todo lo que me diste en esta área, Señor. Perdona a todo aquel que se equivocó y que ahora se está arrepintiendo. Perdona el orgullo de pensar que sabemos lo que tenemos que hacer, cuando en realidad no sabemos nada. Perdónanos porque pensamos que vemos todo, cuando vemos limitadamente. Pero tú ves todo desde tu trono y lo sabes todo, Señor.
Perdónanos porque no comprendemos los tiempos. Enséñanos tus tiempos. Háblanos sobre tus tiempos, sobre las estaciones y las temporadas. Ubícanos donde tenemos que estar, Señor. Quita las piedras de tropiezo de nuestras vidas.
Henos aquí, Padre. Ayúdanos a pasar por ese proceso doloroso de limpieza y liberación, y a colaborar con eso. Te damos las gracias por todo lo que estás haciendo en nuestras vidas, en el nombre poderoso de Cristo Jesús.
El Señor dice que se preparen, porque muchos de ustedes van a recibir un llamado en estos días que vienen. Muchos ya son como una fruta madura y lista para ser recogida del árbol, y algunos ya saben quiénes son. Esto es una confirmación para ustedes, los que saben que están en esa etapa.
Dispónganse y prepárense para ese llamado, dice el Señor, porque el teléfono va a sonar.
Noelia: Así como Pablo dijo: «Señor, ¿qué quieres que haga?», esa es la respuesta que el Señor espera escuchar.
Tengan fe, dice el Señor. Tengan fe para que, cuando ese llamado llegue, respondan por fe, confiando en que Yo voy a hacer esa obra a través de ustedes, que les voy a dar lo que necesitan y que los voy a guardar mientras hacen esa obra. Tengan fe.
Noelia: Para muchos la preparación está completa y llega el momento de caminar en la obra a la que el Señor los ha llamado.
Como siempre, les recuerdo que presten atención a sus sueños y también a sus teléfonos, porque algunos de ustedes van a recibir llamadas de personas a las que el Señor les va a hablar, diciéndoles que son ellas las que tienen que ayudarlos a crecer en el área espiritual, personas que hoy en día muchos llaman mentores o maestros.
Estos son llamados como el de Elías a Eliseos. Muchos van a recibir un llamado de alguien, y el Señor les va a confirmar si esa persona fue enviada por Él con el propósito de prepararlos o ayudarlos durante el proceso.
Así que presten atención y estén atentos. Les recomiendo siempre estudiar en la Biblia sobre este tema, especialmente si sienten que esta palabra era la que estaban esperando y que el Espíritu Santo los empuja amablemente a prestar atención específicamente a esto.
Bendiciones en el nombre de Jesús.