El Espíritu de Dios quiere hablarle hoy a la congregación de los santos, porque hay muchos que están confundidos en estos últimos tiempos. Hay tantas corrientes doctrinales, tantos tipos de enseñanzas, tantas voces que hablan, y donde no hay profecía, el pueblo se desenfrena.
Por eso, el Espíritu de Dios quiere hablarte hoy para reencaminarte en el entendimiento, para impartirte conocimiento, para aclarar tus pensamientos, para que abras los ojos, mires hacia abajo y entiendas dónde estás pisando, porque estos son los últimos días.
El Señor levanta voces para reencaminar a un pueblo que es como un redil de ovejas que se pierden una y otra vez, que inocentemente se escapan por debajo de las vallas, sin darse cuenta de dónde se están metiendo. El pueblo del Señor es como ovejas que se van distraídas detrás de algo que ven, sin darse cuenta de que, si no prestan atención, terminan metiéndose en lodo cenagoso.
Así son los hijos de Cristo Jesús que no están alerta, que no velan de día y de noche, que escuchan pero no oyen, que no se preparan, que no se ponen a cuentas. Muchas veces el pueblo del Señor es como ovejas que comen cualquier alimento que se les da, sin fijarse en lo que se les pone delante de los ojos.
Hijitos, tengan cuidado, dice el Señor, porque hay muchos que están comiendo pan contaminado, alimento engañoso que por fuera se ve muy sabroso y apetecible, pero por dentro está lleno de moho.
Oh, engañoso es el corazón, más que todas las cosas, y ustedes a veces se meten en doctrinas que ensucian el conocimiento y envanecen el corazón.
Tengan cuidado, hijitos, dice el Señor. Pregúntenme primero a mí cuáles son las cosas que ustedes tienen que comer, cuáles son las cosas que tienen que escuchar, cuáles son las cosas que tienen que observar.
¿O acaso ustedes, cuando llega el tiempo de alimentarse, van a la heladera, toman una comida pasada y la comen igual? ¿O, si ven que algo tiene moho y gusanos adentro, igualmente se lo dan a sus hijos para comer?
¿Por qué entonces no tienen el mismo cuidado cuando se alimentan de las cosas espirituales?, dice el Señor. La Palabra dice que en los postreros tiempos habría falsos maestros, falsos profetas, lobos rapaces que devorarían a mi pueblo.
Desde mi trono veo cómo mis ovejas son devoradas por estos lobos rapaces, que tienen intenciones escondidas, profundamente guardadas en sus bolsillos, y van atrayendo a las ovejas con cosas que les gustan, con cosas que desean, con cosas que su corazón cómodo y holgazán quiere escuchar.
Hijitos, cuidado, dice el Señor. Yo advertí que en los últimos días abundaría el engaño. Abran los ojos y escudriñen al milímetro cada cosa que escuchan, y no reciban ese pan sin asegurarse antes de que es un pan no contaminado, pan sin levadura.
Noelia: Veo a alguien vomitando.
Límpiate, dice el Señor. El Señor les está hablando en este momento a todos los que están acostumbrados a comer lo primero que se les cruza por delante. No solo comen de una sola fuente, sino que son como alguien con un problema de glotonería que, al sentarse a la mesa, come de muchos banquetes al mismo tiempo, hasta que termina con una indigestión.
Noelia: El Espíritu de Dios me revela que muchos de ustedes son así. Se sientan a la mesa y, en vez de elegir sabiamente qué van a comer, de acuerdo a lo que su cuerpo necesita, comen sin pensar. No solo comen comida contaminados, sino también comida que no alimenta de verdad: vacía de nutrientes, pero llena de grasa, azúcar, muerte y enfermedad.
Y no solo eso, dice el Señor. No les alcanza con una rodaja de ese alimento que no alimenta, sino que comen en abundancia, hasta que ya no pueden más.
Así son muchos de mis hijos en estos últimos días, dice el Señor. En vez de darse cuenta de que están caminando en un campo minado, donde hay que ir con mucho cuidado, en vez de estar preparados y listos para darle batalla a cualquier oposición, toman lo primero que les ofrecen.
Hijitos, sean inteligentes para las cosas espirituales. Hijitos, pónganse anteojos para ver mejor lo que leen en la Palabra. Hijitos, porque no ayunan, muchas veces no están lo suficientemente despiertos para reconocer una mentira.
No pueden discernir lo que es bueno de lo que no lo es, y entonces entra el error, porque están tan cargados con las cosas de la carne, tan acostumbrados y acomodados a las cosas del mundo, que leen, pero no comen; comen, pero no tragan; tragan, pero no digieren.
Oh, hijitos, hoy estoy llamando a un pueblo que sabe escuchar mi voz, porque hay un remanente que sí, está despierto y pidiéndome que les hable, que les aclare, que les haga entender lo que hoy no entienden. Les hablo a las ovejas distraídas, a las rebeldes, y también a las obedientes. Les hablo a todo tipo de ovejas que tengo en mi redil, para ver si puedo salvar a muchas de ellas.
Hijitos, pregunta el Señor, ¿qué piensan que está sucediendo en este tiempo en el mundo?
Noelia: El Señor me hace sabe que muchos de ustedes se están preguntando en sus corazones: «¿Por qué acontece lo que acontece? ¿Cómo puede ser que, si Israel es el pueblo de Dios, pueda ser atacado de esta manera? ¿Cómo tengo que orar? ¿Cómo debo interceder? ¿Qué tiene que ver conmigo lo que está pasando allá?»
Veo una semilla, y entiendo que esta semilla tiene que ver con el Génesis, y escucho la palabra «principio».
Todo comenzó allí, dice el Señor. El Mesías nació allí y murió allí, pero no todo termina allí.
Noelia: Hay muchos de ustedes que piensan que porque Jesús nació en Israel y murió en Israel, allí se termina todo, y que no hay que prestarle más atención a lo que sucede en esa tierra.
Ahora veo un olivo que se secó, y al secarse cayeron ramas de ese árbol, y cuando esas ramas cayeron, la mano del Señor injertó nuevas ramas. Veo la mano de Dios injertando nuevas ramas en ese olivo.
Ustedes son las ramas injertadas en ese olivo, dice el Señor. Ustedes están bebiendo de la savia que corre por ese olivo. Ustedes se están alimentando de ese olivo, que es Israel.
Noelia: Veo candados cerrados en los corazones de muchos. Es un bloqueo para que no reciban la revelación del misterio de Israel en sus corazones. Veo a mucho pueblo con vendas en los ojos para que no vean la importancia de Israel en los tiempos proféticos que Dios estableció, para que no entiendan el papel que esta pieza del rompecabezas juega en el plan profético del Señor.
Pero, así como Saulo estaba ciego y no tenía la revelación del Mesías hasta que las escamas de sus ojos cayeron y pudo ver quién era el Salvador y reconocer a Jesús como el Hijo de Dios, así en este tiempo estoy quitando vendas de mi pueblo, dice el Señor, para que puedan entender cuál es su procedencia.
Ustedes son hijos de Abraham, dice el Señor, injertados en ese olivo por fe. Así como las ramas naturales, que son los judíos, fueron quitadas de ese árbol por incredulidad, ustedes, gracias al lugar que ellos dejaron en ese árbol por su transgresión, fueron injertados en ese olivo por fe. Ellos fueron quitados por incredulidad, pero ustedes son injertados por fe.
Entiendan, hijitos, entiendan que Yo vengo por un pueblo entendido, dice Jesús. Entiendan que Yo soy judío, del linaje de David, judío de los judíos, que vine a este mundo para cumplir con la ley de Moisés cabal y completamente, y así liberar a mi pueblo de la esclavitud de esa ley, para establecer un nuevo pacto en mi sangre.
Entiendan, hijos, entiendan cuál es mi descendencia según la carne, dice Jesús. En estos últimos tiempos les voy a revelar a muchos también cuál es su descendencia, y llega la hora en la que se van a abrir muchos ojos y van a entender muchas cosas que antes no entendían, y el misterio de Israel y de los judíos será implantado en los corazones que estaban cerrados. La verdad entrará como un río en tierra seca en esos corazones que estaban lejos del entendimiento de la Tierra Elegida, lejos del entendimiento de la Raíz Santa, y les haré entender.
Y así como una vez coloqué mis leyes en los corazones, voy a colocar una revelación nueva, porque Yo soy la Semilla Santa, del linaje escogido, dice Jesús, elegido por el Dios de Israel, por el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob; Dios que no ha desechado a su pueblo.
Sin embargo, dice el Señor, gran parte de mi propio pueblo sí, desecha a mi pueblo.
Noelia: El Espíritu me revela que gran parte de la iglesia del Señor Jesucristo, de los nacidos de nuevo por agua y por Espíritu, desprecian a los judíos y niegan que son el pueblo escogido por la misma mano del Señor.
Sin embargo, no entienden que cuando ustedes hacen eso, es como si me desecharan a mí, porque Yo vengo de la misma raíz.
Es que ocurrió un endurecimiento en parte, dice el Señor. Los corazones están duros y ahora no entienden, pero van a entender. Ellos tienen vendas en los ojos, pero esas vendas van a caer, dice el Señor, hablando de gran parte del pueblo de los judíos.
Ahora no me pueden ver como el Mesías, dice Jesús, pero llegado el momento, lo van a hacer. Se les será revelado, dice el Señor, y todo Israel será salvo en aquel día y habrá fiesta en el cielo por lo que voy a hacer, porque será un milagro tan grande a los ojos del mundo el día que los vuelva a injertar.
Abriré y rajaré el velo de sus corazones para entrar al lugar santísimo, dice el Señor. Me sentaré en el trono de esos corazones y quebrantaré la piedra que los rodea. Haré ese milagro ante los ojos del mundo, hijos, y muchos se van a maravillar. Y todo Israel será salvo en aquel día.
Por eso, entiendan, hijos, dice el Señor, entiendan que cuando ustedes rechazan a mi pueblo, me rechazan a mí. Pídanme entendimiento, entendimiento que ahora muchos de ustedes no tienen, porque voy a volver a injertar esas ramas desgajadas al olivo santo, porque ese olivo nunca fue desarraigado por completo, aunque fue castigado.
Hijitos, oren, oren por Israel, dice el Señor. Oren para que los ojos de los judíos, que ahora están velados, se esclarezcan. Oren para que la luz del evangelio ilumine sus corazones. Oren e intercedan por ellos, porque Yo llamo a un pueblo entendido a interceder por este olivo.
Cuando ustedes interceden por este olivo que ahora está seco, dice el Señor, deben entender que están intercediendo por ustedes mismos, porque ustedes son parte de ese mismo olivo. Y cuando interceden por ese olivo, provocan que los tiempos y los plazos se cumplan cuando tienen que cumplirse.
Es necesaria la intervención de los intercesores del reino, dice el Señor, para que cada pieza de ese rompecabezas esté donde tiene que estar y en la hora que tiene que estar.
En este momento los ojos del mundo miran hacia Israel. Todo el mundo opina sobre lo que pasa en Israel, pero no se dan cuenta del cuidado que tienen que tener cuando hablan sobre la niña de mis ojos, porque Israel es mi bebé, dice el Señor, y así como una madre no abandona a su bebé, así no lo he abandonado completamente, y el que toca a Israel toca a la niña de mi ojo.
Entiendan, hijitos, dice el Señor, entiendan que estas cosas tienen que pasar. Entiendan que el enemigo ha entrado como un río en la tierra de Israel, como aguas subterráneas que se infiltran en la tierra sin que uno lo note, despacito y con paciencia.
Satanás entró en esa tierra para destruir a mucho pueblo, dice el Señor, y mis ojos miran lo que pasa; mis ojos ven cómo ahora el mapa de Israel está cubierto de sangre. Mis ojos buscan alrededor de la tierra cuáles son los corazones que también sangran por el sufrimiento de mi tierra santa, cuáles son los vientres que se duelen, clamando, gimiendo e intercediendo por esa tierra que le entregué a Abraham para siempre.
Noelia: Veo una espada clavada en Israel, y al enemigo que entró como agua.
Hijitos, oren, dice el Señor. Oren para que sus ojos sean abiertos. Oren para que Israel despierte. Oren, porque lo que les pase a ellos va a determinar lo que les pase a ustedes.
Noelia: El Señor me repite que Israel es como un olivo donde nosotros estamos injertados por fe. Por eso, lo que le pase a ese árbol nos va a afectar a nosotros, porque es un solo pueblo.
Por lo tanto, intercedan por ellos, dice el Señor, para que hallen misericordia delante de mis ojos, para que los libre de la mano del enemigo y el pago no sea más alto del que debe ser.
Israel está distraído ahora, dividido, ocupado en sus asuntos internos, dice el Señor. Descuidó las fronteras, descuidó el aire, descuidó la tierra, descuidó el mar, peleándose entre ellos. Pero un reino dividido no puede permanecer.
Oren por la unión y para que el enemigo no retarde los plazos en los que algunas cosas deben cumplirse. Oren, dice el Señor, porque aún hay un remanente allí, escogido por gracia, remanente que está haciendo su trabajo en esa tierra, remanente que mis ojos observan de cerca.
Hay muchas cosas que ustedes no entienden y muchas cosas que no pueden ver, porque no solo los judíos están cegados, los que no entendieron que el Mesías ya vino para establecer el reino de los cielos en la tierra, sino que mis hijos también están cegados en el entendimiento de los últimos días, en el entendimiento de esta manzana de mis ojos, en el entendimiento de la descendencia por sangre.
Mi pueblo también tiene vendas en los ojos cuando se habla de judíos, dice el Señor. Pero les voy a hacer entender, les voy a revelar y les voy a explicar los misterios que estaban escondidos para ustedes.
Hijitos, entiendan y pregúntenme todas las cosas, para que les dé respuestas, para que les diga dónde leer en la Palabra lo que me están preguntando. Mediten en la Palabra acerca de estas cosas y pídanme no solo revelación, sino equilibrio en el entendimiento de las cosas espirituales, dice el Señor. Porque muchos de ustedes tienen miedo de entender y ver, pensando que si se meten a investigar sobre ciertas cosas, eso es igual a meterse en una religión nueva.
No, no los estoy llamando a colocarse esposas en las muñecas, no los estoy llamando a esclavizarse, dice el Señor. Los estoy llamando a entender qué tiene que ver Israel y el pueblo judío en los acontecimientos de los últimos días. Los estoy llamando a ver a esa nación como un reloj donde corren los segundos, los minutos y las horas.
Los estoy llamando a ver que lo que pase allí, en el corazón del mundo, en el centro de todas las cosas, va a afectar al resto de la tierra, incluyéndolos a ustedes y primeramente a ustedes, porque están ligados íntimamente a ese árbol.
Si la tierra se sacude debajo de ese árbol, ustedes también van a ser sacudidos. Y si el sol sale para ese árbol, ustedes también van a ser iluminados. Y si la lluvia cae en sus hojas, ustedes también la van a recibir. Porque primero fueron ellos, y últimos van a ser ellos, mis escogidos, para demostrar mi gloria y mi poder en ellos, para mostrar al resto del mundo un ejemplo.
Hay muchas profecías que tienen que cumplirse y que tienen que ver con el pueblo de Israel, dice el Señor. Pongan sus ojos hacia el este y observen lo que voy a hacer. Miren hacia allá y no se hagan los distraídos, porque todo lo que pase allá también les va a pasar simultáneamente a ustedes en lo espiritual. Cuando Israel sea atacado, ustedes mismos se van a sentir atacados. Cuando Israel se goce, ustedes mismos se van a gozar.
Abran los ojos y sean curiosos respecto a las cosas espirituales que están conectadas, dice el Señor, porque no están ajenos a lo que sucede en Israel.
Yo soy el judío de los judíos, el linaje santo, la raíz de David, dice Jesús. Yo nací en Israel. Humildemente caminé en esa tierra, cumplí mi ministerio en esa tierra, recorriendo los distintos lugares de Israel, y entregué mi vida en Jerusalén.
Mis ojos están sobre Israel. Mi corazón late por Israel. Mis entrañas se duelen con Israel cuando tiene que ser castigado, cuando tiene que ser corregido, cuando sufre, cuando llora. Mis oídos escuchan a Israel cuando clama y se arrepiente.
Estoy colocando este amor por él en mi pueblo escogido. Estoy colocando en mi congregación de los santos esta semilla de amor, de intercesión y también de dolor, para que cuando Yo llore por Israel, por mi hijo rebelde, ustedes también lloren conmigo; para que cuando Yo sonría por un hijo que vuelve a mis brazos, ustedes también sonrían; para que cuando Israel clame por salvación, cuando se esté hundiendo en las aguas, ustedes también clamen por salvación.
Hijitos, entiendan que Israel es mi hijo, que salió de mis entrañas. Yo mismo lo creé. Yo mismo posé mi mano sobre esa tierra, que le entregué a los padres eternamente y para siempre. Entiendan que de generación en generación fui tratando con este pueblo insensato y rebelde, pero nunca dejé de amarlo.
Duélanse con ellos, dice el Señor, pero también sonrían con ellos. Vuélvanse amigos de Israel y no enemigos, porque el enemigo ciertamente quiere eliminar todo lo que tenga que ver con mi historia, dice Jesús. El enemigo quiere borrar todo lo que tenga que ver con mi nombre, y si pudiera ejecutar hasta el último judío, lo haría en un segundo y sin pensar.
Noelia: Veo a los enemigos de Israel rodeándolo como aguas que vienen todas juntas desde afuera hacia adentro, como perros rabiosos y deseosos de comer su carne hasta que solo queden huesos muertos.
El Señor me dice que esto es, antes que nada, espiritual. Es Satanás quien envía a sus ejércitos a comer la carne de mi hijo. Por eso, entiendan que deben levantar bandera por Israel, hijitos. Entiendan que deben entender este misterio para participar en mi plan profético de los últimos días.
Ustedes son una pieza de este rompecabezas, y si los míos no intercedieran por el papel de Israel en los últimos días, las cosas se retrasarían y se complicarían.
Yo ciertamente tengo un plan, un plan que no ha terminado, un plan que está en desarrollo, un plan de restauración de todas las cosas. E Israel es una pieza fundamental, como si fuera la piedra angular del edificio que representa el plan de los últimos días. Si Yo quitara esa piedra, ese edificio caería completamente.
Noelia: Veo a Josué antes de cruzar el río Jordán, cuando el Señor le dijo: «Esfuérzate y sé valiente, y Yo estaré contigo».
En los próximos años, muchos van a cruzar ese río y van a salir de las tierras donde ahora están para ir a vivir a la tierra prometida, la tierra donde fluye leche y miel. Todavía falta que mucho pueblo retorne a la tierra prometida.
El Espíritu de Dios me revela que Israel es un gigante que se está formando. Todavía no está completo el número de sus habitantes. Hay mucho pueblo judío que sigue disperso por todo el mundo. Los brazos de este gigante aún no están formados, el pecho todavía no está terminado, y queda por erigirse este gigante espiritual. Pero cuando los judíos terminen de volver a su tierra, este hombre estará listo para enfrentarse a las naciones de la tierra como nunca antes.
En los próximos años, muchos van a cruzar ese río, como lo hizo Josué. Dios los va a llamar a salir de Egipto, que representa las naciones donde ahora están viviendo, y van a cruzar no solo el Mar Rojo, sino también ese río. Después de dejar sus tierras y pasar por el desierto de la transición, el Señor los va a llamar a cruzar ese río para pisar la tierra prometida.
Aún falta que mucho pueblo vuelva, dice el Señor. Es el retorno prometido. Es el cumplimiento de la palabra profética más segura.
Estoy llamando a mis hijos. Mi voz resuena en toda la tierra desde Israel para que vuelvan, y sus corazones no se van a poder resistir, dice el Señor, porque para cuando esto pase, ya van a tener una sensación de pertenencia a ese lugar. Van a sentir que Israel es su tierra, no los países donde ahora están.
Será un gran éxodo de todas las naciones hacia el centro del mundo, que es Israel.
Noelia: Dios nos dice que también oremos e intercedamos por esto, para que les sea concedida la revelación a quien se la tenga que conceder. Pero estas personas van a sentir en sus corazones este llamado como: «Hijo, ven. Hijo, te estoy llamando para que vengas, cruces ese río y tomes la tierra prometida, la tierra de Abraham, de Isaac y de Jacob.»
Y así, esa pieza del rompecabezas se va a completar y sucederá lo que tenga que suceder.
Israel es la copa de tropiezo para todas las naciones, dice el Señor. Los ojos del mundo van a mirar y seguirán mirando a Israel, y todos hablarán de lo que voy a hacer y dejar de hacer.
Nadie puede dejar de mirar a Israel, porque mi mano está allí. Mucho menos tienen que dejar de mirar ustedes, dice el Señor, porque hasta el mundo se da cuenta de que es un lugar especial, pero mis hijos no.
Voy a sacudir a este pueblo, dice el Señor. Estoy sacudiendo esta copa para movilizar muchas cosas, dice el Señor.
Noelia: Veo un terremoto en Israel, un sacudimiento de la tierra.
No hay ninguna casualidad, dice el Señor, no hay nada que pase al azar, porque sí, todo está en mis manos. Y si Yo le he abierto la puerta al enemigo, es para que sus corazones se vuelvan a mí, para que salgan de la distracción en la que están y reaccionen y entiendan que la letra muerta no los va a salvar, para que levanten sus ojos al cielo y me pregunten: «Señor, ¿qué está pasando? ¿Por qué permites esto en nuestra tierra? ¿Por qué nos dejas ahogarnos así?»
Para que tal vez así pueda revelarme a muchos, dice Jesús, para que tal vez a través de esa desesperación realmente me busquen y no solo sigan religiones vacías, costumbres de hombres que nada aprovechan, para que tal vez así se den cuenta de que están ciegos, sordos, como paralíticos espirituales, y clamen a mí; porque si mi pueblo se arrepintiera y clamaran a mí, Yo respondería.
[2 Crónicas 7:14] Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.
Oren por eso, hijitos, dice el Señor. Oren para que no clamen a los políticos ni pongan su confianza en sus sistemas de defensa, porque si no es por mi Espíritu, ningún hombre encontrará protección en ninguna otra fuerza. Oren para que el escudo espiritual que ahora fue quitado momentáneamente se vuelva a colocar sobre los cielos de Israel, y para que el hombre entienda que si Yo no defiendo una tierra, nada la puede defender.
Este sacudimiento que Israel está sufriendo en este tiempo también sirve para que vuelvan a mirarse a los ojos unos a otros y se den cuenta de que se están atacando a sí mismos y se arrepientan de pecar contra el hermano.
Oren por unión entre los ciudadanos israelíes. Oren para que se conecten entre ellos, porque un ejército dividido no puede tener la victoria.
Yo no solo estoy mirando lo que sucede allí, dice el Señor, observando cómo reaccionan los ciudadanos israelíes, sino que estoy mirando cómo reacciona mi pueblo alrededor del mundo ante lo que está pasando ahora: si son una pieza más que maldice a mi tierra elegida y bendice a sus enemigos, o si se alinean a mi plan profético.
Este es el pan que hoy quiero darles de comer, dice el Señor. Es un pan de entendimiento, porque ustedes dicen: «¿Qué tienen que ver los judíos conmigo? ¿Qué tiene que ver Israel, que está tan lejos de mí?». Pero en lo espiritual no hay distancias, y ustedes también son hijos de Abraham.
Así que oren y mediten en estas cosas, hijitos, dice el Señor, para que mucha de la ceguera que mi pueblo sufre hoy respecto a esta pieza fundamental del rompecabezas sea sanada, y que, así como Saulo finalmente pudo ver y reconocerme como el Mesías, también las escamas de sus ojos puedan caer, y así reconocerme plenamente y entender mi plan de principio a fin.
A Israel vine y a Israel voy a volver, dice el Señor. Allí, desde donde mis pies se levantaron, se van a volver a apoyar. Entiendan que no es otra nación de la tierra la que elegí para posar nuevamente mis pies. Es allí, donde todo se originó y donde todo se va a desarrollar hasta el cumplimiento de todas las cosas.
Israel es una guía profética para mi pueblo en todo el mundo, y tienen que fijarse cada vez que una profecía bíblica que tiene que ver con ese lugar se cumple, para entender los tiempos que están viviendo ahora, para entender en qué punto del tiempo profético se encuentran. Tienen que comparar lo que está escrito con lo que está sucediendo allá.
De lo contrario, cuando pase lo más grave que tenga que pasar y todos los ojos del mundo miren hacia ese lugar, los míos no van a entender lo que sucede y no van a saber cómo reaccionar, porque esquivaron este tema, porque no entendieron, porque fueron ignorantes.
Mi pueblo perece por falta de conocimiento y va a seguir pereciendo. Así que el que escuche entienda lo que el Espíritu dice hoy. Amén.
Noelia: No se dejen engañar. Antes de decidir ir por la izquierda o por la derecha, hablando sobre estas cosas y sobre toda enseñanza que se imparte sobre este tema, sean como los bereanos, que escudriñaban las Escrituras para ver si lo que se les enseñaba era cierto o no.
En segundo lugar, los que son hijos de Dios son los guiados por el Espíritu de Dios, y el Espíritu de Dios nos enseñaría todas las cosas, como dice la Biblia. Así que pidan discernimiento, porque el diablo quiere que el pueblo del Señor odie a la tierra elegida y al pueblo elegido por Dios, y que, en vez de bendecirlos, los maldigan.
[Génesis 12:3] Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.
Satanás no quiere que tus ojos sean abiertos y no quiere que seas bendecido por causa de bendecir a la descendencia de Abraham. Satanás quiere que caigas en la misma trampa en la que caen los pueblos, las naciones y sus líderes: odiar, rechazar, reprimir, maldecir y maltratar a este olivo que Dios plantó.
Tengan cuidado con cómo hablan sobre la gente que está marcada por el Señor, porque el Señor me dice que si quieren ser bendecidos, tienen que bendecirlos, y si quieren ser malditos, tienen que maldecirlos. Ustedes eligen.
Así que guarden estas cosas en sus corazones y mediten en ellas. Presten atención también, y elijan bien el pan que van a comer.