[Juan 19:19] Escribió también Pilato un título, que puso sobre la cruz, el cual decía: JESÚS NAZARENO, REY DE LOS JUDÍOS.

Yo soy el judío de los judíos, dice el Señor Jesucristo. Yo fui el judío perfecto, el que cumplió toda la Ley que se le entregó a Moisés por mano de ángeles.

Israel, mi pueblo amado que nació de mis entrañas. Israel, mi pueblo escogido, perdido, despreciado por todas las naciones, pequeñito y, a la vez, sustentado por mi mano, dice el Señor.

Una luz en el mundo, desde donde vino el Mesías. El lugar escogido en el planeta para que el Salvador viniera al mundo: lo menos de lo menos, el humilde de los humildes, en la forma que ellos no esperaban.

Ahí se estableció la semilla santa del Dios eterno, Jesucristo venido en carne, el Hijo de Dios, el Santísimo.

Israel, tierra santa. Ámenla, dice el Señor. Bendíganla. Levántenla en sus oraciones. Dirijan sus ojos hacia allá, porque todos los ojos del mundo van a dirigirse hacia allá cada vez más a medida que los últimos tiempos transcurren.

Ustedes no entienden de qué se trata. Es el centro de los centros, desde donde salió la semilla santa. De ahí viene la salvación que hoy ustedes pueden disfrutar, dice el Señor.

Noelia: Veo las distintas ciudades y caminos de Israel, las rutas que Jesús recorrió. Veo mis pies en esa tierra, y veo que cuando la pisé, comenzó una misión allí. Una nueva luz fue encendida en ese lugar para iluminar a las naciones acerca de lo que significa Israel y los judíos. Una nueva impartición nació allí para ser llevada a los otros hermanos.

El Señor me dice que lo que mis ojos vieron, tengo que transmitirlo. Lo que mis oídos escucharon, tengo que hablarlo. Lo que mi corazón se llevó, tengo que impartirlo de cualquier manera y en cualquier lugar, porque Israel es el faro del mundo, el lugar donde nació todo y donde todo culminará.

Entiendan, hijitos, dice el Señor, y el que no entienda, pida entender. Y el que no tenga un corazón por mi pueblo, pídalo, porque voy a bendecir a los que lo hagan.

Yo, el León de la tribu de Judá, la Raíz de David, estoy llamando a mi pueblo, dice el Señor. Estoy encendiendo fuego en los corazones por esa tierra prometida y llamando a intercesores en este tiempo para que establezcan en la tierra los decretos que salen del reino del Padre.

Noelia: El Señor les habla en especial a las intercesoras:

Abran sus oídos, porque les voy a dar que oren por esa tierra y por ese pueblo. Hoy pongo una semilla en sus corazones, y a partir de ahora van a surgir preguntas, inquietudes y búsquedas sobre esto en sus corazones.

Van a querer entender lo que antes no entendían, y voy a darles versículos, pasajes y palabras. Les voy a abrir los ojos y quitarles las vendas, porque ustedes dicen que ellos tienen vendas, pero ustedes también están vendados, los que no entienden de qué se trata cuando se habla de esa tierra y de mi pueblo.

Estoy llamando a un pueblo a mirar al este, hacia Israel, y a crecer. Concéntrense allí y aprendan, dice el Señor, pero no de los hombres, sino de mí. Pídanme aguas del Espíritu para que les dé de beber y así cortar esa sequedad de entendimiento que tienen sobre esto.

Noelia: El Señor me repite que Él es el judío de los judíos, el Rey de los judíos, como estaba escrito en el madero. Él es Yeshúa, el Señor, el Salvador, el Santo de Israel, que peleará por su pueblo y establecerá sus pies ese día sobre ese monte. Todas las naciones van a entender quién es Él y confesarán su nombre, y las rodillas se doblarán ante su presencia y su majestad.

¿Lo creen?, dice el Señor. Porque aquí hay incredulidad.

Yo vengo por un pueblo santo y escogido, pero antes voy a sacudir todas las cosas y voy a quitar lo que no tiene que estar. Resistan hasta mi venida, hijitos, porque la gloria les espera después de esos dolores de parto, hasta que nazca este nuevo bebé espiritual.

Ámenme hasta el final, como Yo los he amado. Estoy con ustedes hasta el final. Amén.