Hijito, honra la palabra que te voy a dar hoy, dice el Señor. Tómate el tiempo de sentarte a escucharme. No solo abre tus oídos para recibir el sonido de las palabras que te voy a hablar, sino que dispone el 100% de tu mente para poder entender lo que te voy a decir.

Calma tus aguas, porque Yo voy a hablar, dice el Señor. Así como tú me pides que te preste atención cuando oras, así como tu corazón desea que Yo tenga toda mi atención puesta en ti, que te mire de frente y no haga nada más que escucharte cuando me hablas, así también quiero que mis hijos me presten atención y no me tomen a la ligera.

Hijitos, Yo como Padre espero lo mismo de ustedes, dice el Señor. Espero que levanten su mirada al cielo y me miren profundamente. Espero que escudriñen mis cosas y mis caminos.

Quiero que mi pueblo me preste atención y deje de estar distraído, que deje de fijarse más en cualquier otra cosa que en mí, porque todo viene de mí y todo proviene de mí, dice el Señor.

Pero muchos de ustedes piensan que es al revés. Piensan que primero tienen que ocuparse de las cosas terrenales y después de las celestiales, cuando la Palabra dice:

[Mateo 6:33] Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.

Primero lo celestial, hijitos. Pero muchos de ustedes están afanados y tienen sus manos en lo material. Piensan que si más se afanan, más van a sobrevivir, sin entender que si la comida o el vestido vienen o no vienen, depende de mí. Cualquier cosa que necesiten, si Yo no se las doy, no la van a recibir.

Hijos, aquí estoy, dice el Señor. Dejen todo lo que están haciendo y presten atención, para que cuando Yo hable, ese pan entre en sus bocas total y completamente. No quiero que dejen por la mitad este plato de comida que quiero darles; quiero que coman y se sacien con las palabras que tengo para hablarles, porque mis palabras son vida y verdad.

Muchos de ustedes están secos. Sienten que se están secando por dentro, que les falta el agua, que no están hidratados, como alguien que busca ponerse crema porque siente que su piel está seca.

Primero beban de la Palabra santa, para que no solo su espíritu y su alma se hidraten, sino también sus cuerpos, porque una cosa se conecta con la otra. Una cosa afecta a la otra y repercute sobre la otra.

Oh, amados míos, dice el Padre, ¿por qué duermen? Despierten, despierten a este siglo.

Noelia: Veo la tierra desde arriba y es de noche. Veo mucha gente durmiendo en sus camas.

Así está mi iglesia, dice el Señor. Así están los míos. Muchos se acostaron a dormir. Despiértense, dice el Señor. Velen y manténganse alerta.

Noelia: Me viene una imagen del sistema de defensa de Israel que se llama la «cúpula de hierro». Cuando se lanzan misiles contra Israel, las alarmas de este sistema suenan en la zona donde están por caer esos misiles, y esas alarmas son tan fuertes que despiertan a la población si están durmiendo en la noche.

Estoy sonando la alarma, dice el Señor, pero mis hijos no son como los ciudadanos israelíes en este tiempo, que despiertan y se resguardan cuando suenan esas alarmas, porque saben que no es en vano que suenan y que realmente están en peligro. Mis hijos no escuchan las alarmas en el espíritu.

Llamo y llamo, alerto y alerto, aviso y aviso, suenan las trompetas que he desparramado por toda la tierra,

Noelia: Estas trompetas son los atalayas que están avisando al pueblo de Dios lo que el Señor les está revelando, lo cual ya está escrito desde hace miles de años.

En los tiempos antiguos estaban los atalayas en las torres, dice el Señor, y cuando ellos sonaban el shofar, el pueblo de la ciudad dejaba de hacer lo que estaba haciendo y todos se levantaban, se ponían en alerta, se vestían armaduras y se preparaban para defender la ciudad. Se unían unos con otros. Eran como un solo hombre, un solo corazón, para defender su ciudad y su nación.

Cuando el atalaya sonaba la alerta, nadie se quedaba tranquilo, siguiendo con lo que estaba haciendo. Nadie seguía durmiendo, porque los que escuchaban el shofar despertaban a los que todavía dormían. Todos sabían que si el atalaya avisaba, era porque realmente había visto algo.

Pero hoy en día, dice el Señor, mis atalayas hablan, avisan, claman, lloran, gritan y se quedan sin voz de tanto alertar. Sin embargo, esas palabras a veces caen en tierra, no porque no tengan poder, sino porque chocan contra una pared de incredulidad y no llegan a donde tienen que llegar, porque los receptores las desechan y dicen: «Esas visiones son para largos días, no para este tiempo. Todavía falta mucho para que se cumplan.»

Pero viene la ola, hijos. Viene la ola, dice el Señor.

Noelia: Hace un par de meses tuve un sueño. Estaba en una playa y veía un gran tsunami acercándose. Entonces empecé a avisar a los que estaban en la playa que huyan y se pongan a salvo. Pero la mayoría me respondían: «No, no creo. No creo que sea para tanto», y no reaccionaban.

Solo unos pocos subieron conmigo a una torre alta. Y cuando el tsunami llegó, arrasó con todo lo que había a su paso. Los que sobrevivieron lloraban por sus familiares, porque el tsunami había matado a muchos de los que estaban en el mar y en la playa, perdiendo el tiempo y distrayéndose. Muchos no quedaron vivos, y los que estábamos en la torre nos agarrábamos la cabeza y llorábamos por ellos.

Así mismo es lo que viene. Así mismo los atalayas estamos avisando en este tiempo.

Despiértense y velen. No se duerman. Estén activos en las cosas del Señor y prepárense. Algunos tienen que prepararse materialmente, no solo espiritualmente, pero no escuchan, no hacen caso y endurecen sus corazones ante las palabras de los atalayas que el Señor está levantando.

No seas así, hijito, dice el Señor.

Noelia: Veo a muchos hombres afanados y preocupados por el dinero y por las cosas materiales, pensando en subsistir, en mejorar su calidad de vida, en cambiar el auto, en cómo llevar a su familia a un mejor estatus económico.

No estoy diciendo que eso sea pecado, pero lo que el Espíritu Santo me muestra es que muchos de ellos se están olvidando de lo que es primero en sus vidas. Se están enfocando demasiadas horas del día en la prosperidad económica y no en las cosas del Reino.

Hijitos, dice el Señor, busquen primero el reino de Dios y su justicia, y todas las demás cosas les serán añadidas. Yo sé lo que necesitan, y les voy a dar la comida a tiempo, y voy a vestir a sus hijos. Yo me voy a encargar de darte lo que necesites en el momento en que lo tengo pensado.

Pero si te distraes y descuidas las cosas santas, si no te preparas, si duermes y permites que el Espíritu Santo se apague dentro de ti, cuando venga esa ola podrá llevarse todo aquello en lo que te afanabas y por lo cual tanto te preocupabas, así como también a esas personas a las que te estás atando y en las que estás poniendo tu enfoque antes que en mí, tu Creador.

Hijitos, tengan cuidado, dice el Padre.

Noelia: Veo de nuevo un gran tsunami que viene y se lleva todo por delante y quedan muchos muertos. Viene una catástrofe humanitaria que no va a distinguir entre bebés, niños, jóvenes, adultos o viejos.

El Espíritu me trae a la mente este pasaje:

[Mateo 7:24-27] Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina.

El tsunami viene para todos, pero va a haber una diferencia entre el que fundó su casa sobre la arena y el que la fundó sobre la roca. Y si no fundas tu casa sobre la roca, si no fortaleces tu fe para estar listo para todo lo que va a venir en tu vida, ¿cómo vas a resistir esa tempestad? ¿Cómo vas a resistir el golpe de esa ola? ¿Cómo vas a resistir esta tormenta?

Hijitos, presten atención, dice el Señor.

Noelia: El Señor me hace saber que algunos de ustedes piensan por dentro: «Qué exagerada, qué emocional, qué emocionalista. No es para tanto. Dios me va a proteger. Yo soy hijo de Dios y nada de eso me va a tocar.»

Sin embargo, cuando venga lo que estoy avisando que va a venir, mis manos no estarán manchadas con la sangre de ustedes, porque cumplí con mi misión de alertar al pueblo de Dios.

Veo no solo hombres dormidos espiritualmente, sino también mujeres. Veo mujeres enfocadas en su apariencia, pasando gran parte del día frente al espejo, pensando en cómo mejorar su cuerpo, considerando cirugías estéticas y yendo al gimnasio, no para estar en forma, sino para ser más atractivas.

Veo mujeres que sirven en ministerios, pero la motivación de sus corazones no es correcta. El Señor me dice que lo que buscan es figurar, aparentar, tener títulos, ser importantes y conocidas, ser admiradas y recibir la alabanza de los hombres. No han entendido que a Dios le agrada una mujer con la cabeza baja, no con el mentón en alto.

Arrepiéntanse, dice el Señor, porque viene la ola. Esta también es una forma de dormir, porque no estás lista para el tsunami que va a venir.

Oh, hijitas, despójense de toda apariencia falsa, dice el Señor, porque no quiero que duermas cuando venga la prueba. Quiero que estés despierta y primero te ocupes de tu casa.

Noelia: Veo muchas mujeres que piensan que es más importante servir en la congregación que atender a su familia.

Humíllense ante mí, dice el Señor, porque el que se humille será exaltado, y el que se exalte será humillado.

Noelia: Veo que esta prueba que viene va a humillar a muchas mujeres que estaban equivocadas. Estoy hablando de hermanas, de mujeres que sirven en las congregaciones, pero que se han perdido en el río de la vanidad y se han dejado llevar por corrientes mundanas dentro de las mismas iglesias.

Hijitas, despierten, dice el Señor. Lean, investiguen y entiendan lo que significa ser una mujer bíblica. Hijitas, despierten y protejan a sus niños. Instrúyanlos en el buen camino de la humildad, del agradecimiento y del contentamiento.

Sirvan, dice el Señor, pero sirvan al pobre, al necesitado, al afligido. Sirvan en lo que Yo quiero que sirvan, dice el Señor, no en lo que les dicen. Sírvanme a mí, y no a los hombres. ¿Por qué buscan la aprobación de los hombres?

Noelia: El Señor me trae a la mente este pasaje:

[Mateo 7:22-23] Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.

Así será con esta generación adúltera que busca solo su propia fama y su propia gloria, y no la honra del Rey, dice el Señor. Así será con esta generación de hombres y mujeres que piensan que, porque se suben a un púlpito vestidos con trajes y vestidos costosos, con peinados ostentosos y corazones altivos, y hablan cosas que interesan a los hombres carnales, van a ganarse un lugar en la vida eterna y tendrán una morada en el Reino de los cielos.

Sin embargo, muchos de ellos van a ser los últimos, dice el Señor, porque los que quieran ser primeros serán los últimos en el Reino de los cielos, y los que quieran ser más conocidos van a ser los más desconocidos.

Los que busquen fama van a ser los de menos influencia en la vida eterna, y los más humildes, los que no busquen figurar sino glorificar mi nombre, a esos se les entregarán naciones y reinos. Esos tendrán las moradas más destacadas en la vida eterna.

Hijitos, bajen sus mentones, dice el Señor. Bajen los ojos altivos y dejen esos trajes costosos.

Noelia: Veo pastores que se visten con trajes muy caros, y a veces hasta dejan la parte donde está la marca hacia afuera para que los demás vean que visten Gucci u otras marcas caras. Pero no se dan cuenta de que, actuando así, están adorando al diablo, sirviendo a Mamón y a sus mesas.

Para aquellos que no se arrepientan, dice el Señor, sus túnicas celestiales serán de lo más simples. Pero para aquellos que entendieron que, mientras estén pisando esta tierra, debían vestirse de manera humilde y modesta, sin llamar la atención, sin trajes carísimos, sin verse como un lingote de oro ante los hombres, para estos hay túnicas celestiales de oro y piedras preciosas. Para ellos hay trajes especiales preparados en los cielos.

Por eso, pongan su mira en las cosas celestiales y no en las terrenales. Trabajen no para las cosas materiales, sino para las celestiales. Sean humildes, dice el Señor.

Noelia: El Espíritu me hace saber que cuando Jesús caminaba sobre esta tierra, Él no vestía con ropas de reyes, no llevaba capas reales sobre su espalda, ni se perfumaba constantemente para atraer la atención de los demás o hacer sentir al pobre que era menos.

Jesús tenía lo que necesitaba y nada más. Siendo Rey y poseedor de todo lo que existe, de toda la plata y el oro, se hizo humilde para servir a los pobres, y para que la riqueza no se interpusiera entre Él y esos pobres.

¿Por qué buscan estas cosas?, dice el Señor. ¿Por qué prestan atención a las cosas pasajeras como si fueran a durar para siempre?

Levanten sus ojos, hijitos. Quiten la mirada de las cosas materiales. Resten importancia a la plata, al oro y a las piedras preciosas de este mundo, porque este mundo y sus riquezas va a pasar. Pero el que mira hacia el cielo y pone su atención en las cosas invisibles, en las que duran para siempre, su nombre nunca va a pasar y será conocido por los ángeles del cielo. Y todo lo que no tuvo en esta tierra, lo va a tener en el cielo, y no va a haber orín que corrompa esas cosas.

Hijitos, hagan una separación, dice el Señor, porque están prestando atención a lo que no deben mirar. Le están dando demasiada importancia a lo que no deben adorar. Se están enfocando en las cosas pasajeras, que no duran para siempre.

No estoy diciendo que no coman, ni beban, ni se vistan, dice el Señor. No estoy diciendo que no tengan en qué transportarse y que no tengan un techo. Pero hay una diferencia entre estar entrenado en todo y depender de todo. Hay una diferencia entre codiciarlo todo y tenerlo todo, pero estar suelto de ello, despojado de todas las cosas.

Examinen sus corazones, dice el Señor, porque muchos de ustedes no están correctos en este aspecto. Y cuando venga esa ola y se queden sin nada, van a sufrir más que el que estaba despojado de todas estas cosas.

Hijitos, entiendan que hoy pueden tenerlo todo y mañana pueden no tener nada, dice el Señor. Entiendan que los tiempos que vienen van a ser de locura. Van a ser como una ruleta rusa: hoy les puede tocar la suerte, pero mañana pueden perderlo todo.

Así de rápido van a ser las cosas en los tiempos que vienen, y no estoy hablando de un tiempo futuro muy lejano. Los juicios y las pruebas van a venir sobre el mundo entero, no solamente sobre los incrédulos.

Noelia: Veo catástrofes, desastres humanitarios y mucha gente muriendo.

Cuando vengan estas cosas, dice el Señor, algunas de ellas van a ser tan repentinas que literalmente un día lo vas a tener todo y al otro día no vas a tener nada.

Noelia: Me viene a la mente el ejemplo de Job, que en un día perdió todo lo que tenía, no solamente sus muchas posesiones, sino también a sus hijos.

¿Qué harías si eso te pasara?, dice el Señor, porque muchos de ustedes no están preparados. No solamente están aferrados a las cosas materiales, sino también a sus seres queridos. Los tienen abrazados con toda su fuerza. Los tienen aferrados.

¿Qué pasaría si ese tsunami que viene se los lleva por delante y te quedas sin ellos de un momento para otro?

Noelia: El Señor no está hablando estas palabras para que dejes entrar el miedo en tu corazón. Porque veo que hay miedo despertándose dentro tuyo.

Me viene a la mente Job otra vez. Job sabía que el Señor era el que daba, y también el que quitaba. Job sabía valorar cada cosa que Dios le había dado, cada día de su vida, como si al día siguiente pudiera no tenerlo.

La prueba de su fe fue para él un tesoro de oro. Esa prueba fue ver si seguiría amando al Señor a pesar de perderlo todo, si seguiría creyendo en el Todopoderoso, no solo cuando recibía, sino también cuando le era quitado.

Las cosas que vienen a la tierra van a ser una prueba para muchos, dice el Señor, para ver si, al quitarles lo que tenían, me van a seguir amando, me van a seguir adorando, me van a seguir creyendo, me van a seguir siguiendo.

Es una prueba tan grande la que viene sobre el mundo entero, que muchos ni siquiera van a poder creerla, aun cuando la estén atravesando, dice el Señor.

No van a poder imaginarse lo que viene. No tienen idea de la magnitud del tsunami que se avecina sobre el mundo. Va a ser terrible. Quedará el llanto de muchos, como Raquel, que lloró por sus hijos y no recibió consuelo.

[Jeremías 31:15] Así ha dicho Jehová: Voz fue oída en Ramá, llanto y lloro amargo; Raquel que lamenta por sus hijos, y no quiso ser consolada acerca de sus hijos, porque perecieron.

Noelia: Vienen muerte, hambre, destrucción, enfermedades, colapsos. El Señor quiere sacudirte hoy para ver si te levantas de ese sueño.

Veo que algunos no van a querer aceptar esta palabra, porque les resulta demasiado fuerte. Van a pensar: «No, esto es mucho para mí. No puedo escuchar estas cosas. Esta señora está hablando por ella misma. No, Dios no puede hablar así. Dios nunca haría eso. Dios nunca me quitaría a mi familia, a mis hijos, a todo lo que he conseguido con tanto esfuerzo».

Muchos de ustedes piensan así, y algunos incluso van a dejar de escuchar esta palabra, porque no la van a soportar.

Pero Yo igualmente estoy levantando más y más trompetas, dice el Señor. No van a tener excusas de que no se les advirtió, porque estoy alertando en todo el mundo sobre lo que se acerca a la tierra.

Hay solo un remanente que está escuchando y tomando las advertencias. El resto sigue durmiendo plácidamente, dice el Señor.

¿De qué lado vas a estar? ¿Cuál es la decisión que vas a tomar? ¿Qué vas a hacer cuando termines de comer esta palabra profética? ¿Vas a seguir igual? ¿Te vas a acostar a dormir una siesta otra vez? ¿O vas a escudriñar tu corazón para ver si te estás distrayendo con algo, si estás enfocándote mal, si te estás perdiendo en algún aspecto de tu vida, si te estás enfriando, si te estás entibiando, si te estás durmiendo? ¿Qué vas a hacer?

Estoy sonando la alerta, dice el Señor. Viene desastre sobre el mundo entero, y el padre de familia no debe dejar minar su casa. Levanten un cerco espiritual. Las mujeres, intercedan por sus hogares. Enseñen la Palabra a los niños, para que ellos mismos aprendan a proclamarla en momentos de tensión y necesidad.

Funden sus hogares sobre la Roca eterna, que es Cristo Jesús. Cambien el foco y mírenme a mí, y Yo les voy a guiar para que sepan qué tienen que hacer o dejar de hacer. Yo les voy a decir si están perdiendo el tiempo en un proyecto que nunca les he dado.

Hijitos, no apuesten a las cosas del mundo, sino a las mías, dice el Señor.

Noelia: Veo a muchos apostando fichas, como en un casino, pero en proyectos que no les dio el Señor. Están invirtiendo tiempo, fuerzas y recursos en cosas que Dios nunca les inspiró a comenzar. Y eso simplemente lo van a perder, porque si no viene de Dios, no va a prosperar. Es como tratar de alimentar un fuego de una manera que lo apaga.

Veo a una persona soplando sobre una fogata para avivarla.

Si ustedes soplan por sí mismos sobre ese fuego, que representa ese proyecto en el que están poniendo todas sus fichas, el aliento de sus bocas no va a ser suficiente, dice el Señor, porque la única manera de avivar un fuego es soplar por mi Espíritu.

Noelia: Pregúntense si lo que están haciendo es un proyecto que el Señor les ha dado, o uno que ha salido de sus propios corazones o de los hombres. Si son ustedes mismos los que soplan sobre ese proyecto, no solo no van a poder avivarlo, sino que tampoco tendrán la fuerza para seguir soplando, y ese fuego se irá apagando poco a poco. Sentirán cómo la energía se les va, y quedarán como alguien que ha perdido las fuerzas por un tiempo.

En cambio, si el proyecto que están haciendo viene de Dios, cuando soplan, lo hacen por el Espíritu Santo, y el Espíritu Santo nunca se cansa. Él nunca deja de regar una planta que ha sido plantada por el Señor, y esa planta sigue creciendo. No es por sus propias fuerzas, sino por la fuerza que da el Espíritu Santo. Por eso, nunca se van a cansar.

Muchos de ustedes tienen que revisar la motivación por la cual crearon ciertos proyectos, dice el Señor. Si invierten su tiempo, su energía y su dinero en proyectos que Yo nunca los he llamado a levantar, están perdiendo el tiempo. No lo están redimiendo, sino dejando que se escurra, como cuando hay una gotera en la canilla y cada gota que cae se desperdicia.

Así son los proyectos que no vienen de mí, dice el Señor. Se desperdicia el tiempo, la energía, el dinero y los recursos que Yo les he dado, pero no para que hagan esas cosas, sino para que planten lo que Yo quiero; no para que levanten edificios de hombres, sino edificios que Yo quiero levantar.

Noelia: Solo los proyectos de Dios van a permanecer y no los del hombre.

Muchos de ustedes tienen que reevaluar la situación en la que están, contar los costos y preguntarse si no deberían cerrar ese proyecto ahora, antes de quedar exhaustos.

No estoy hablando solo de las cosas del Señor —de servir en una congregación o de involucrarte en un ministerio donde Dios no te ha llamado—, sino también de asuntos terrenales: trabajos a los que Dios no te llamó, proyectos o negocios que armaste sin que Él te dé el OK.

Evalúense, dice el Señor, porque cuando venga el tsunami deberán estar libres de toda distracción. Cuando venga el tsunami, todas esas cosas y proyectos de hombres que Yo nunca mandé que se hagan se los llevará por delante, y sufrirán pérdida.

No sufran más de lo necesario, dice el Señor.

Hijitos, los amo, dice el Señor. Por eso los estoy llamando a que se acerquen más a mí, para que, estando en mi presencia, Yo sea quien les revele lo que tienen que hacer o dejar de hacer; para que, estando en frente mío, pueda impartirles de mi sabiduría completa; para que, estando cerca mío, mirándonos a los ojos y permaneciendo en ese contacto permanente, en esa relación única, en esa intimidad donde nadie más puede entrar, pueda hablarles al oído y revelarles lo que quiero plantar en sus vidas.

Hijitos, para ser fructíferos tienen que estar en mí, en la vid verdadera, dice el Señor. Apartados de mí nada pueden hacer. ¿Por qué quieren plantar árboles que se van a secar? ¿Por qué riegan árboles que ya están petrificados? ¿Por qué insisten en terrenos que no son fértiles, cuando ya saben de antemano que la cosecha no va a crecer?

No trabajen en vano, dice el Señor. No pongan sus manos en cosas que no van a dar fruto. Y no solo no van a dar fruto, sino que van a perder tiempo, se van a lastimar y quedarán heridos cuando Yo verdaderamente los llame a hacer algo que viene de mí.

Hijos, prepárense para mí y pónganse a mi disposición, dice el Señor, porque la mies es mucha y los obreros pocos. Estoy esperando que muchos de mis potenciales obreros dejen lo que ellos quieren hacer, cosas que no serán fructíferas, y vengan a preguntarme qué quiero que hagan en mi mies, para que así lleven mucho fruto.

Hijitos, sus canastos quedarán vacíos si no van por mi Espíritu. Despiértense, dice el Señor.

Noelia: Veo que esta palabra ha sacudido a algunos. Veo que algunos que estaban dormidos, poco a poco se despiertan, se sientan en la cama y se dan cuenta de que estaban durmiendo de más.

El Padre me repite que escuchemos las alarmas, así como el pueblo israelí escucha las alarmas cuando los misiles caen sobre su tierra.

No se hagan los sordos, dice el Señor. Lávense los oídos para escuchar mejor.

Muchos de ustedes son astutos para hacerse los tontos. Son pícaros. Muestran una cara, pero por dentro piensan: «Sí, sí, voy a aparentar que estoy alerta, pero en realidad voy a seguir durmiendo». Quieren mostrar una actitud que no es real. Pero el tsunami viene igual, no importa la postura que tomen.

Escóndete del tsunami, dice el Señor. Prepárate y mantente alerta, esperando lo peor, como alguien que fue avisado y sabe que después del terremoto viene el tsunami. Así tienen que ser ustedes: esperando el tsunami que ya fue anunciado y preparándose en mí para poder resistir.

No seas necio, no seas terco, no endurezcas tu corazón ni pongas tu frente como diamante. No seas como aquellos en los tiempos antiguos que, cuando los atalayas avisaban, los trataban de locos o de tontos.

Toma mis palabras en serio, dice el Señor, porque el tsunami viene igual. La diferencia va a estar entre los que se quedan en el agua y los que suben a la torre eterna, que soy Yo; entre los que siguen durmiendo y el agua entra en sus casas, y los que se levantan y se refugian en mí, dice el Señor.

Marca la diferencia y despierta a los que están dormidos. Avisa tú también, dice el Padre. No te quedes callado, porque el desastre viene sobre el mundo entero, y ahí se va a ver quién escuchó y quién cerró sus oídos a mis palabras.

No sufras de más por tu terquedad, por tu incredulidad, por tu liviandad, por entretenerte con las cosas carnales. Aviva el fuego que hay en ti, dice el Señor, para que pueda usarte en medio de estos tiempos peligrosos y lleves mucho fruto en mí, para que, así como Job, puedas pasar la prueba de tu fe.

Ciertamente voy a probarte, y quiero que salgas victorioso. Pero sin fe es imposible agradarme, y cuando venga ese tsunami, muchos se van a dar cuenta de que decían tener fe, pero no caminaban en ella.

Pídeme que llene tu vaso de fe, para que estés listo para aprobar esta prueba que viene sobre el mundo entero. Y Yo te voy a ayudar, hijito, y no voy a soltar la mano de aquellos que crean en mí, pase lo que pase, venga lo que venga; de aquellos que decidan fundar su casa sobre esta Roca inamovible que es Cristo Jesús, vaya quien se vaya, quede quien se quede.

Noelia: Muchos de ustedes van a perder familia. El Señor los va a probar para ver si realmente siguen tomados de su mano o la sueltan, para ver si realmente siguen confiando en Él o lo rechazan.

Muchos de los que no estaban firmes en la fe y parados sobre la Roca van a hablar como la mujer de Job, que le dijo:

[Job 2:9] ¿Aún retienes tu integridad? Maldice a Dios, y muérete.

No seas igual, dice el Señor. Alimenta tu fe ahora, para que cuando las cosas te sean quitadas, si llega a ser así, no me maldigas. Alimenta tu fe ahora, para que cuando Yo pruebe si me sigues amando igual sin tener lo que hoy tienes, salgas aprobado.

Hijitos, vengan a mí y entren más en mí, dice el Señor, para que puedan pensar de una manera divina y no terrenal.

Noelia: Padre, ayúdanos a estar unidos como un ejército listo, como cuando la atalaya sonaba el shofar y el ejército se unía y eran como un solo hombre. Ayúdanos a estar así también cuando este tsunami venga. Úngenos con unciones nuevas para poder resistir en estos últimos días.

Lo estoy haciendo, dice el Señor.