También disponible en
[Juan 2:15] No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.
Palabra profética recibida antes de la transmisión
Hijitos, no saben lo que se avecina al mundo. Muchos de ustedes son como un marinero que no se fija el pronóstico del tiempo para saber si va a haber buen tiempo o si se avecina una tormenta. Y entonces, estando desprevenido, se encuentra desprotegido y expuesto al peligro, porque la tormenta viene de repente y él no estaba preparado.
No sean así, hijos. Escuchen las alertas. Presten atención. No se distraigan. No se duerman. Velen, porque nada bueno viene al mundo. Las cosas van de mal en peor, y el que no haya aprendido a resistir va a caer. Todo aquel que no se tome de mi mano no va a poder mantenerse en pie.
Hijitos, no pongan sus ojos en las cosas pasajeras. Eliminen toda meta que no sea la vida eterna y enfoquen su mirada en mí, porque les digo que el barco se va a sacudir y ustedes no están viendo venir el huracán.
Hijos, deberían estar fuertes, pero están débiles. Deberían caminar en poder, pero no hay poder en ustedes, porque no me buscan, no claman, no se arrodillan, no imploran. No siembran ni cosechan. No viven en el Espíritu, sino en la carne. Aman al mundo y a las cosas del mundo, y esto no es una entrega verdadera.
Hijos, cambien, recapaciten. No esperen a que venga la ola. El tiempo es ahora. Acérquense a mí. Entréguense. Renuncien a los placeres mundanos y sean verdaderamente míos, porque Yo los quiero por completo, no solo un pedacito.
Yo me entregué por completo, no solo una parte. Me di al 100%. Los amé hasta la muerte y me entregué hasta el final. No escatimé nada; fue un sacrificio total, un amor completo.
Así quiero que me amen: no de palabras, sino de hechos; no con mentiras, sino en verdad.
Hijos, mírenme. Los estoy llamando a que se adentren en las profundidades de mi Espíritu, a que aprendan a vivir como hijos míos y no del enemigo.
Cambien, hijos, todos los que no saben vivir a mi manera, los que dicen conocerme, pero nunca salieron de las aguas turbias del mundo, los que alguna vez probaron y bebieron de mi Espíritu, pero después volvieron a su propio vómito. Cambien, hijos, porque Yo llamo a un pueblo escogido a santificarse y a pertenecerme.
¿De quién quieren ser? ¿Del mundo y sus riquezas, o de Aquel que lo posee todo? ¿Del maligno o del Santo? Elijan y apártense para entregarse a mí como un sacrificio agradable y limpio ante mis ojos, porque quiero una ofrenda limpia y sin mancha. Quiero corazones que de verdad se entreguen por mí.
Hijitos, el que no se santifique se va a ensuciar aún más. El que no sea parte para mí se va a acercar cada vez más a Satanás.
No hay muchos caminos. O estás conmigo, o estás contra mí. No se puede estar conmigo a medias. O eres mío, o eres del mundo. Y los que son del mundo van a pasar como pasa la hierba. Pero los que de verdad se entreguen a mí vivirán para siempre.
¿De qué lado quieres estar? Decídete. No seas tibio. Ven. Te invito a mi mesa. Siéntate conmigo y come lo que te quiero dar. Come del verdadero pan de vida que tengo preparado para ti. No me desprecies y aprovecha esta oportunidad que te doy.
He aquí que estoy llamando a la puerta. No te hagas el sordo y ponte a cuentas conmigo, porque quiero amarte, quiero bendecirte, quiero limpiarte y darte una nueva vida en mí.
Yo soy el rescatador de las almas sin consuelo. Amén.
Palabras en vivo
Me emocionó compartir esta palabra profética, porque puedo sentir el dolor del Señor cuando mira la tierra y ve que sus hijos tienen un pie en un lado y el otro en el otro. Hablan y alardean de ser hijos de Dios y de conocer a Dios, pero no viven como hijos de Dios.
El Espíritu Santo me hacía entender que, cuando vino la pandemia del COVID-19, muchos se asustaron y se pusieron a cuentas con el Señor. Pero después de que el susto de la pandemia pasó, dijeron: «Ah, no pasa nada. El Señor no viene», y tomaron la libertad como libertinaje, volviendo al vómito anterior. Salieron del cuarto secreto para ir a distraerse con cualquier cosa.
Puedo sentir el dolor del Padre en este momento, y el Espíritu Santo me repite una y otra vez:
Hija, diles que se arrepientan. Diles que vuelvan. Diles que se pongan a cuentas. Diles que no están preparados para lo que ha de venir. Diles que no se relajen.
Noelia: Veía en una visión a ese marinero comportándose distraído, sin prestar atención al pronóstico del tiempo. El marinero se distraía en el barco y, en vez de fijarse si venía alguna tormenta o si el tiempo iba a estar calmo, se entretenía con cualquier otra cosa.
Sin embargo, la tormenta estaba muy cerca del barco, y el Señor me decía: «No están listos para lo que va a venir. No están preparados. Se viene el huracán y no están mirando. No se están fijando. No están velando. Están volviendo a la tibieza».
Muchos de ustedes escuchan cuando tienen miedo, levantan las manos cuando ven que realmente algo está pasando, pero cuando aparentemente todo se aquieta, vuelven a sentarse en sus sillones y no hacen nada para limpiar sus vestiduras ni para llenarse del poder del Espíritu Santo.
El Señor sigue repitiéndome que el mundo no está quieto, que el mundo no está en paz. Esta quietud aparente es solo una fachada de lo que hay detrás. Es como una representación teatral. Las mesas de los gobernantes están dispuestas, y todos los planes que ellos forjaron hace años y décadas se están llevando a cabo.
Y nosotros, que estamos llamados a no caminar en tinieblas, no queremos ver. Y no solo no queremos ver, sino que tampoco queremos prepararnos para estar aptos para resistir lo que ha de venir.
Límpiense las vestiduras, dice el Señor. Muchos de ustedes están dejando que sus vestidos se ensucien. Presten atención.
Noelia: En este momento, el Espíritu Santo me muestra que se están desenfocando y no están poniendo sus ojos en el Señor Jesucristo. Otra vez están mirando los negocios de la vida. Están prestando atención, como si tuvieran la vida asegurada por muchos años más, como si fueran a vivir para siempre, como si nada de lo que está escrito se fuera a cumplir, como si el Señor nunca hubiera hablado.
Viven como si fueran sordos, porque no quieren escuchar la voz de Dios. Leen lo que está escrito, pero lo toman como si no fuera para este tiempo, como si no fuera para ustedes.
El Señor hoy quiere que despiertes y que realmente entiendas que estamos en el final de los tiempos. No es el fin, pero sí el principio del fin, el comienzo de los dolores de parto, que se van a intensificar cada vez más.
Si ya muchos no pudieron resistir cuando vino esta pandemia y cayeron porque no estaban listos, ¿qué va a pasar cuando venga la próxima contracción?
El huracán está a la vuelta de la esquina, ya está llegando la próxima contracción, y en vez de estar estableciendo los planes de Dios en el mundo a través del ayuno, la oración y la intercesión, muchos hijos de Dios se están dispersando, se están distrayendo, se van al mundo y terminan siendo igual que los que no son hijos de Dios.
El Espíritu Santo me muestra ahora que muchas hermanas solían interceder en la madrugada, pero ahora, como ven que todo se ha calmado, han dejado de levantar ese altar para el Señor. Se han confiado y el enemigo está entrando por esas puertas que no están cuidando, por ese vallado que no están levantando.
Tenían la boca encendida por mí, dice el Señor, ardiendo en llama de fuego por el poder de las palabras que salían cuando intercedían. Pero ahora, el enemigo ha puesto hielo en ustedes y han dejado de proclamar, han dejado de interceder, han dejado de llevar esos asuntos importantes de sus casas y de sus congregaciones delante de mi trono. Se están confiando.
Noelia: Vuelvan a esas madrugadas de comunión con Dios. Vuelvan y levanten de nuevo ese vallado que están dejando que el enemigo destruya poco a poco.
Muchos varones habían empezado a evangelizar. Salieron a las calles, aprovechando la situación de la pandemia: la desesperación, el encierro, la soledad, el hambre. Pero cuando vieron que todo se calmó, pensaron: «¿Para qué voy a salir ahora si está todo bien?» y guardaron sus sacos de semillas dentro de sus casas.
Esto no debe ser así, hijitos, dice el Señor. Trabajen para mí. Dispersen la semilla del Reino a tiempo y fuera de tiempo. Conviértanse en pescadores de almas, porque hay mucha gente necesitada. Hay peces desesperados por comer de ese alimento que les tengo que dar.
Pero no hace falta que sus ojos tengan que ver que hay necesidad para que realmente la haya. Caminen por fe y obedezcan al Espíritu Santo, que los está llamando a salir a evangelizar.
Respondan a ese llamado en sus vidas. No esperen a que los encierren de nuevo, dice el Señor.
Noelia: Muchos de ustedes se habían llenado del poder del Señor en oración, en ayuno, en alabanza, en danza, en canto. Eran como una vela encendida, como una hornalla al máximo, y ahora están dejando que ese fuego disminuya. Y si el enemigo les da un golpe seco, no están preparados para resistir ni para contrarrestar ese golpe.
No se dejen estar, porque el enemigo no pierde tiempo. Va por cada uno de nosotros y nos hace caer, uno a uno.
Levántense como columnas fuertes, hijitos, dice el Señor. Edifiquen sus vidas espirituales. Párense de nuevo sobre la Roca. Establezcan el fundamento de sus vidas en mí. Enseñen a sus hijos. Fortalezcan a sus familias, porque el enemigo viene por los niños y les está llenando la cabeza de ideas demoníacas: de libertinaje, de pecado, de que todo está permitido, de que pueden ser lo que quieran, de que pueden llamarse como se les ocurra.
Quiten esa cizaña de su casa, dice el Señor. Quiten esa paja de su casa. Limpien la doctrina en sus hogares, porque cuando menos lo esperen, sus ojos van a ver otro sacudón.
Noelia: Muchos de ustedes saben que hace años vengo diciendo que viene crisis económica, inflación y escasez. Les he hablado del caballo negro, con el cual muchos están soñando en este tiempo, porque el Señor está advirtiendo que vienen estas cosas.
Cuiden sus bolsillos, dice el Señor. Prepárense para la escasez. No caigan en cualquier engaño de inversión. No se dejen llevar por cosas que les prometen ganar dinero rápidamente.
Noelia: Tengan cuidado, porque detrás de las criptomonedas veo las manos del enemigo. Veo cuerdas que se mueven y que no están a la vista.
Tengan cuidado, dice el Señor, porque hay trampas por todos lados para los que quieren invertir. Pregúntenme a mí lo que tienen que hacer y pídanme que los guarde de toda trampa, de todo engaño, de toda tentación.
En este tiempo el diablo viene a ofrecerles soluciones rápidas, que aparentemente son buenas y prometedoras, aprovechándose de la codicia y de la desesperación de muchos y de que muchos no quieren escuchar mi voz ni buscar mi guía, y así los hace caer en pozos de donde no pueden salir.
Tengan cuidado, dice el Señor, porque Yo prefiero manos trabajadoras. Yo amo aquellas manos que están gastadas de trabajar, de ganar el alimento justamente. Cuidado, hijitos, porque hay un engaño mundial. Hay un engaño mundial.
Pregúntenme a mí en qué tienen que invertir para proteger sus capitales.
Noelia: El enemigo está colocando a muchos en cárceles espirituales, porque cuando la economía de la casa se destruye, empiezan a caer otras áreas. El matrimonio empieza a desgastarse y los hijos empiezan a deprimirse al entrar en pobreza.
Veo criptomonedas ahora.
Tengan cuidado, dice el Señor. Abran sus ojos, porque las presentan ante sus ojos brillantes como el oro, pero muchas veces traen muerte y destrucción.
Noelia: El Señor me muestra que este sistema es como una red que va creciendo en la vida de las personas y termina devorando todo lo que tienen. Cuando quieren acordarse y buscan hacer algo, ya es tarde, porque este sistema ya se ha llevado todos sus ahorros en un abrir y cerrar de ojos.
Alerta, dice el Señor. No crean todo lo que les ofrecen. Tengan cuidado cuando vean una oferta que parece demasiado buena, porque detrás de ese sistema está el enemigo moviendo sus hilos, y los magnates del mundo están acumulando en sus tesoros los ahorros de la población. Mucho cuidado con ese sistema.
Noelia: Hay distintos engaños que se están cerniendo sobre la tierra y los hijos de Dios no los están viendo.
¡Alerta! Abran los ojos, dice el Señor. Estén atentos. No dejen al Espíritu de Dios fuera de ningún aspecto de sus vidas, ni siquiera en lo económico y financiero.
Noelia: Veo a muchos congregándose, orando, leyendo la Palabra, pero cuando llega el momento de invertir dejan al Espíritu Santo de lado, y entonces el maligno encuentra una puerta abierta en sus vidas.
No salgan de mi protección, dice el Señor. No se aparten de mi mano. Yo quiero protegerlos, pero estas cosas están llamando a muchos y ellos entran por esas puertas como ovejas que van al matadero, pensando que van a recibir una bendición, pero terminan siendo sacrificados para beneficio de los magnates mundiales.
Noelia: Pidan al Señor consejo en todo, porque este es un tiempo de engaños. Las noticias mienten y publican lo que los poderosos quieren. Muchas veces las ofertas económicas son trampas, mostrando lo que ellos quieren que veamos, para después dejarnos pobres.
No crean todo lo que ven, dice el Señor, porque este es un tiempo de engaños. Tengan cuidado y pregúntenme todo a mí. Sean mis amigos, acérquense a mí, y Yo les voy a responder lo que tienen que hacer y los voy a llevar por caminos seguros.
Yo soy la provisión. No apuesten a cosas que prometen dinero fácil, dice el Señor. Apuesten a mí, y Yo los voy a sostener, porque en medio de todo el hambre que va a venir, Yo voy a proveer a los míos, pero Yo quiero tener la gloria.
¿En quién vas a apostar? ¿En quién vas a poner todas tus fichas si no es en mí, el que lo posee todo, el dueño de la plata y el oro? No te preocupes, dice el Señor, porque cuando al mundo le falte, tú vas a tener de sobra. Si pones tu confianza en mí, Yo te voy a proveer.
Noelia: Este es el mensaje del Señor para su iglesia en este tiempo: no dormirnos, no confiarnos, estar velando, estar alertas.
Mujeres, intercedan para que ningún tipo de engaño entre a sus hogares y para que el Señor conceda sabiduría a sus esposos en el área económica y financiera. Y las mujeres que trabajan, pídanle al Señor esa protección, y Él no las va a dejar desamparadas.
Pero la clave en este tiempo de engaños es mantenerse tomados de la mano del Señor Jesucristo. No confíen en lo que el mundo les ofrece, porque viene el huracán, y no está lejos.
Pongan sus manos en el fuego, pero no por el mundo, sino por Dios. No descuiden la oración y pídanle al Señor que les abra los ojos siempre, para poder discernir entre lo verdadero y el engaño, porque este es un tiempo de mentiras y el mundo va a estar cada vez más engañoso. Aprendan a escuchar la voz del Señor aún más en estos tiempos, porque si no, van a caer fácilmente en esas mentiras.
Los bendigo y oro por ustedes, para que el Señor abra los ojos que están cerrados, perdone a aquellos que han invertido en ganancias deshonestas y redarguya por su Espíritu a todo aquel que esté en algún tipo de pecado sin darse cuenta.
Limpien sus vestiduras y acérquense más al Señor, y Él va a responder todas sus preguntas y va a sostenerlos.