Se lavan las manos para no contagiarse de un virus, pero no para acercarse a Mí

Mensaje profético recibido por Noelia Fernández


En este tiempo, estoy llamando a Mi gente a que se santifique. Muchos están ensuciándose las manos por diferentes razones: unos roban; otros matan; otros mezquinan; otros pegan; algunos se tocan; otros meten sus manos en suciedades e inmundicias; también usan las manos para el juego de azar; otros fuman o tocan lo que no conviene tocar…

Las manos de Mis hijos están hechas para acariciar al afligido, para dar de comer al que tiene hambre, para tomar de la mano a la anciana para que pueda cruzar la calle.

Las manos de Mi pueblo no están del todo limpias, y así, con las manos manchadas, quieren levantarlas para alabarme. Pues Yo quiero que me alaben con manos santas. Yo quiero que presenten manos limpias ante el altar de adoración.

Mi pueblo no entiende lo que es santificarse y no tocar anatema. Mi pueblo es testarudo y lento para entender la santidad. Y muchos pretenden acercarse a Mí con manchas en sus manos por haber golpeado a sus mujeres y a sus hijos.

¿Qué, no entienden que Yo soy santo? ¿Cómo quieren venir hacia Mí no habiendo purificado sus manos?

Yo estoy esperando a que Mi pueblo se arrepienta de estas cosas y que deje de practicarlas. Yo busco al santo y lo santifico aún más. Mis ojos están sobre aquellos que buscan la santidad. Yo los lavo y los renuevo continuamente por el poder de Mi sangre redentora. Pero muchos no quieren entender que, aunque ya están lavados, deben mantener esa limpieza espiritual a través de la santidad.

Díganme, hijitos: ¿acaso no combaten el contagio de un virus lavándose las manos? ¿Cuánto más deberían mantener limpias las manos de toda contaminación espiritual?

Sean santos, porque Yo soy santo, dice el Señor. No pequen con sus manos, sino manténganlas limpias para alabar, para impartir, para sanar, para hacer caridad. Levanten manos limpias y libres de la contaminación del mundo. Arrepiéntanse y luego vengan a Mí, y estemos a cuentas.

Amén.

[1 Timoteo 2:8] Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos santas, sin ira ni contienda.

[Hebreos 12:14] Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.

[Salmos 24:3-5] ¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo? El limpio de manos y puro de corazón; el que no ha elevado su alma a cosas vanas, ni jurado con engaño. Él recibirá bendición de Jehová, y justicia del Dios de salvación.

[Santiago 4:8] Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones.

[1 Pedro 1:15] Como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir.

[Deuteronomio 13:17] No se pegará a tu mano nada del anatema, para que Jehová se aparte del ardor de su ira, y tenga de ti misericordia, y tenga compasión de ti, y te multiplique, como lo juró a tus padres.

[Josué 6:18] Pero vosotros guardaos del anatema; ni toquéis, ni toméis alguna cosa del anatema, no sea que hagáis anatema el campamento de Israel, y lo turbéis.