Hijitos, ámenme en el bienestar así como en la adversidad
Mensaje profético recibido por Noelia Fernández
Hijos Míos, adórenme con todo su corazón. Ámenme en cualquier circunstancia, tanto cuando llueve como cuando sale el sol, cuando tengan un buen día y cuando tengan un mal día, cuando les vaya bien o cuando no les esté yendo tan bien.
Ustedes siguen amando a sus hijos en un día gris o en un día soleado, independientemente de la adversidad por la que estén pasando. Así también deben amarme a Mí, independientemente de si las cosas van como a ustedes les gustaría o no.
Lamentablemente, muchos de ustedes solo «me aman» cuando están de buen humor, cuando las cosas les salen bien, cuando tienen prosperidad. Pero al menor cambio de humor, ya no quieren saber nada de Mí, y si las cosas no fluyen como ustedes quisieran, ese supuesto amor se transforma en indiferencia.
Amar a Dios no es una idea. No depende de las circunstancias o de las ocasiones. Cuando uno ama a alguien, eso no cambia en la riqueza o en la pobreza, en la salud o en la enfermedad.
En un matrimonio, los esposos se entregan por completo, sabiendo que no siempre las cosas irán bien. Se consagran el uno al otro, no dejan de amarse en medio de las tormentas, no se abandonan cuando tienen un mal día, si realmente se aman.
¿Cuánto más ustedes deben comprometerse conmigo, independientemente de lo que estén pasando, y amarme hasta el final, pase lo que pase?
Si no saben lo que es el amor, pregúntenme a Mí. Si sienten que no saben amarme como deberían, pídanme que les enseñe, porque amar no es un decir.
Yo los amo con amor entrañable. Los amo con amor perdurable. Si ustedes se equivocan, Yo los sigo amando. Si ustedes me fallan y se arrepienten, Yo los perdono y los sigo amando.
Yo los amé primero, y ustedes después. Pero muchos tienen que aprender a amarme en serio: no de palabras, no de boca, sino en verdad.
Ven, acércate a Mí, y Yo te enseñaré cómo se Me ama.
Amén.
[1 Juan 4:10] En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.
[1 Juan 4:19] Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.
[Mateo 22:37] Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.
[1 Corintios 13:4-7] El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.