Necesito mensajeros que no tengan miedo del hombre

Mensaje profético recibido por Noelia Fernández


Hijitos, no se desalienten cuando no vean los frutos que esperaban. No dejen de servirme solo porque las cosas no van como ustedes piensan que deben ir. Solo obedezcan lo que les mando hacer y déjenme el resto a mí, porque hay cosas que ustedes no saben; hay cosas que ustedes no pueden ver.

Una vez lanzada una palabra, una serie de acontecimientos se desencadena. La palabra solo es el comienzo de muchas otras cosas que pasan y de las que ustedes no están al tanto.

Por eso deben confiar y hablar lo que Yo les digo que hablen, sin hacer suposiciones, sin sacar cuentas humanas, sin inventarse historias en sus mentes limitadas. Déjenme el resto a mí. Déjenme obrar.

Necesito mensajeros dispuestos a ir adonde sea que tengan que ir para llevar mis mensajes, mensajeros que no tengan miedo del receptor, mensajeros valientes y esforzados que me sirvan sin cuestionar lo que hago.

¿Por qué tanto miedo? Porque no caminan por fe, sino que quieren ver los resultados de la palabra entregada inmediatamente, cuando en realidad no saben cómo es el mecanismo de lo que hace mi palabra.

Son tantos los que retroceden, son tantos los que se amedrentan, tantos los que prefieren quedar bien con el hombre en vez de complacerme a mí…

El hombre prefiere al hombre en vez de a mí. Prefiere llevarse bien con el hombre en vez de servirme a mí. Yo soy secundario en sus vidas. Mienten cuando dicen que estoy primero, porque su deseo es para con el hombre, no para conmigo.

Esto me entristece y a la vez me enoja, pues los que deberían ser míos no lo son, y tampoco me aman con todo sus corazones, pues si me amaran, harían lo que Yo les mando hacer. La entrega de estos NO es total.

En este tiempo necesito gente dispuesta a servirme, gente despreocupada del qué dirán. Pero es muy difícil encontrar este tipo de mensajeros, que verdaderamente pondrían hasta sus vidas para entregar el mensaje. De una multitud que llamo, queda tan solo un puñado.

Decir pocos es poco, porque al hombre le importan más sus amigos que Yo; le importa más quedar bien en su congregación y ser el preferido de su pastor que tener mi favor. Así es el hombre: prefiere al hombre antes que a Dios.

Pero aún tengo un remanente pequeño que escucha mi voz y que hace lo que Yo le mando hacer. Aún tengo un pequeño grupo de elegidos que hablan lo que Yo hablo, gente selecta a la que no le preocupa lo que el hombre va a pensar de ellos, gente desprendida del mundo y apegada a mí.

A estos los uso grandemente, porque me dan la oportunidad de hablar, porque me dejan expresarme a través de ellos. Van adonde sea que los mande, no se guardan nada, son valientes y esforzados, no tienen miedo del hombre ni les importa quedar bien con los demás.

Ellos son escogidos de entre una multitud a la que llamo, pero que no se apercibe. A ellos les digo: «Ve», y van. No se quedan pensando si ir o no ir hasta que los vencen la duda y la incredulidad. Simplemente obedecen y son rápidos para responder.

Dispónganse, hijos, dispónganse a servirme sin cuestionamientos, sin miedo a lo que van a decir de ustedes, sin ponerme límites, sin sacar cuentas de hombres, sin esperar ver los resultados, sino caminando en FE, sabiendo que Yo estoy al mando de todas las cosas y que Yo haré o desharé en mis tiempos y en mi voluntad, la cual es perfecta.

Amén.

[Gálatas 1:10] Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo.

[Lucas 6:46] ¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?

[2 Corintios 5:7] Por fe andamos, no por vista.

[Mateo 22:14] Muchos son llamados, y pocos escogidos.

[Isaías 55:11] Así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.

[Isaías 6:8] Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí.

[Jonás 1:2-3] Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y pregona contra ella; porque ha subido su maldad delante de mí. Y Jonás se levantó para huir de la presencia de Jehová a Tarsis, y descendió a Jope, y halló una nave que partía para Tarsis; y pagando su pasaje, entró en ella para irse con ellos a Tarsis, lejos de la presencia de Jehová.

[Jonás 4:1] Pero Jonás se apesadumbró en extremo, y se enojó.