Despierten y prepárense para resistir

Mensaje profético recibido por Noelia Fernández


¡Hijos, despierten! ¡Muchos aún siguen durmiendo! ¿Cómo no pueden ver lo que se viene?

El mundo se está desequilibrando, se está desestabilizando, y ustedes siguen sin concentrarse en mí. Vienen las olas arrasadoras, y ustedes siguen tomando sol en la playa, sin ponerse a resguardo.

Para resistir lo que viene, deberán armarse de fe, resistencia y perseverancia. Así como un atleta va saltando diferentes vallados hasta llegar al final de la carrera, así también ustedes pasarán por distintas pruebas hasta terminarla.

¡Estén atentos! Se presentarán muchos obstáculos para que desistan de seguirme. ¿Entienden que ese es el punto? Que dejen de caminar conmigo, que se frustren, que se cansen, hasta que se vuelvan al mundo.

Sabiendo esto, decidan no caer en el plan del tentador. Opten por no desistir y por resistir hasta el final, así como Yo también resistí hasta el final, hasta la sangre.

Me di por ustedes como un cordero que va al matadero, sin medir las consecuencias. Resistí hasta la muerte, sin medir el dolor, sin contar los vituperios, sino poniendo mis ojos en la meta.

Glorifiquen a Dios y amen a los hermanos.

Amén.

[Mateo 24:13] Mas el que persevere hasta el fin, este será salvo.

[2 Timoteo 4:7] He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe.

[Hebreos 12:1] Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante.

[Hechos 20:24] Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios.

[Isaías 53:7] Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.

[Filipenses 3:12-14] No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.