Quiten la mirada de ustedes mismos y atiendan al necesitado

Mensaje profético recibido por Noelia Fernández


Hijos míos, muchos de ustedes exigen que Yo les envíe un ministro con las manos puestas en la mies para rescatarlos del pozo donde están metidos. Muchos Me preguntan: «¿Hasta cuándo, Señor, me vas a dejar así como estoy? ¿Por qué él o ella atiende a otras ovejas y no a mí? ¿Por qué me dejas esperando hasta el final?» Y Yo les respondo:

¿Acaso tengo Yo algún compromiso con ustedes, que son creación mía? La sabiduría es mía, me pertenece, y a quien Yo quiero, doy, y a quien no quiero, no doy.

¿Por qué más bien no atienden ustedes a aquellos a los cuales Yo les acerco para que ayuden? Porque, de hecho, muchos están tan sumergidos en sí mismos que se olvidan de que son instrumento a través del cual Yo puedo traer bendición a la vida de otro.

Egoístas, ¡quiten la mirada de ustedes mismos y pónganla en el prójimo!

¿Acaso Yo vine por mí mismo? ¿O fui a la cruz para mi propia salvación?

No se engañen. Buenos samaritanos hay pocos, y mis ojos los buscan entre la multitud para protegerlos y bendecirlos con lo que necesiten. Pero a los que solo tienen ojos para sus propias necesidades no les respondo hasta que se dan cuenta de que estaban encarcelados en su propio «yo» y se arrepienten de esa maldad.

Dense a los demás. Atiendan al necesitado. Hagan justicia al huérfano y a la viuda. Rescaten a los perdidos. Escuchen a los solitarios. Visiten al desahuciado. No se escondan para hacer el bien. Y después Yo oiré sus peticiones y las contestaré sin dudar, porque esta es mi justicia. Amén.

[Lucas 10:32-37] Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo. Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él. Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese. ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? Él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo.

[Isaías 1:15-18] Cuando extendáis vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis ojos; asimismo cuando multipliquéis la oración, yo no oiré; llenas están de sangre vuestras manos. Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo; aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda. Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.