¿Iglesia o fábrica de egos?
Mensaje profético recibido por Noelia Fernández
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Amados míos, dice Dios, mis ojos miran desde mi santo trono hacia toda congregación en la que se nombra mi nombre. Mis ojos se mueven de derecha a izquierda observando las actitudes, los comportamientos y hasta los pensamientos de mis hijos, y estoy encontrando muchos celos en mi propia casa, celos contra otros hermanos que conviven en estas reuniones que se supone que deberían ser santas. Celos, contiendas y divisiones: eso es lo que sobreabunda en mi pueblo en estos últimos tiempos.
Las prédicas son como shows donde ustedes se sienten los protagonistas y no me dan a Mí el protagonismo. Muchos de ustedes me predican como si Yo fuera el personaje principal de los mensajes que comparten en esos púlpitos, dice Jesús, pero en realidad no se trata de Mí, sino de ustedes mismos, porque se vanaglorían, se ponen primero, se hacen ver. Son como gallos que muestran sus pechos inflados. Son como pavos reales que abren sus colas para que los demás digan: «¡Qué hermosa! ¡Qué hermosa!»
Mi pueblo me ha dejado de lado, dice Jesús. Lo que predican no habla de mis atributos y no provoca que los oidores de esa palabra me busquen a Mí más que antes de escucharla, sino que los busquen a ustedes. Mi pueblo me hace a un lado con su mano cuando habla de sí mismo y no de Mí.
Hay egocentrismo dentro de las iglesias que predican mi nombre, que se supone que me representan, dice el Señor, pero me representan mal. Así como Yo vine a la tierra a mostrar quién era el Padre en Mí, ustedes deberían mostrar quién soy Yo en ustedes. Pero no se manejan de esta manera.
Se han desviado, dice el Señor, y en vez de representarme, muchos hacen lo contrario: me avergüenzan, porque su evangelio es un evangelio errado, un evangelio equivocado, un evangelio que está mezclado con teorías que enseña la psicología, con técnicas de atracción, manipulación y control de la gente a través del discurso.
Muchos inclusive han estudiado cómo hablar antes de predicar la palabra que prepararon, pero el Espíritu Santo nunca estuvo ahí inspirándolos, dice el Señor. Es una fachada, es un teatro lo que muchos están haciendo cuando hablan sobre mis cosas, sobre mi Reino, sobre Mí.
Mis oídos están cansados de escuchar sus palabras vanas e infladas que hacen que la gente ponga sus ojos en el que predica en vez de levantarlos hacia Mí y poner la mirada en las cosas celestiales. Y a veces, los que escuchan esas palabras salen más carnales que antes de haberlas escuchado.
Hijitos, dice el Señor, lávense los oídos y no coman lo que ellos dicen cuando se vanaglorían de ellos mismos, cuando hablan de lo buenos que son, cuando sacan a relucir sus dones, pero no porque verdaderamente me amen a Mí o amen a su prójimo y quieren servirlo a través del uso, la práctica y el ejercicio de esos dones, sino para hacerse ver y que la gente se arrodille a sus pies.
Hijitos, hay vanagloria escondida en los hijos de mi pueblo, dice el Señor, y ustedes están comprando estas técnicas diabólicas de manipulación y control, y están cayendo en sus trampas, sin escudriñar todas las cosas como les manda la Escritura.
¿Por qué no se dan cuenta de que la manera en la que ellos predican es distinta a la manera en la que Yo hablaba? ¿Por qué no están pesando todas esas palabras a la luz de lo que está escrito? ¿Por qué no me piden discernimiento para separar las aguas limpias de las aguas sucias?
Hay predicadores que tienen celos de Mí, no celos por Mí, dice Jesús, y quieren ser más grandes que Yo y predicar con palabras más elevadas que las que Yo usé. Y así como alguna vez mis propios hermanos me entregaron por celos y envidia, se vuelve a repetir la misma historia con estos predicadores que quieren ser más grandes que lo que el Padre hizo conmigo.
Tienen que arrepentirse de vanagloriarse a sí mismos, dice el Señor. Tienen que arrepentirse de vanagloriar a estos predicadores vanos, que están predicando en su propio nombre como si fuera en mi nombre, usando mi nombre en vano.
Noelia: El Espíritu Santo me muestra que una de las formas de cometer el pecado de usar el nombre de Dios en vano es hablar de Él de una manera que da una imagen falsa de quién es Él, diciendo que uno lo representa cuando en realidad no lo representa de ninguna manera. Usar su nombre en vano también es hablar de Dios sin tener un corazón genuino que verdaderamente lo ama y lo alaba, sino hacerlo para atraer las miradas hacia uno mismo en vez de dirigirlas hacia Él.
Esto es vanidad, dice el Señor.
Además, hay tanto celo entre mi pueblo. Estos predicadores son como deportistas que corren en una misma pista, compitiendo entre sí para ver quién puede más, quién puede llegar más lejos. Inclusive se celan y se envidian, mirando quién hizo más milagros, a quién se le cumplieron más palabras proféticas, quién sanó a más personas.
Esto es vanidad, vanagloria, egocentrismo, egoísmo. Esto es pecado, dice Dios. La Biblia dice: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas, con toda tu mente», pero ellos no me aman a Mí cuando predican o cuando sirven a sus prójimos, sino a ellos mismos en primer lugar, haciéndose ídolos y apartando su corazón de Mí.
Hay celos, envidias, contiendas y vanagloria, y todo eso lleva a la hechicería, dice Dios. Y la Biblia dice que los que hacen estas cosas no heredarán el reino de los cielos.
Muchos de ustedes tienen que arrepentirse de esto, dice el Señor, porque sienten celos de aquella hermana que tiene un ministerio, porque sienten celos de aquel pastor que ahora dirige un grupo de ovejas, porque sienten celos cuando alguien puede hablar inspirado por el Espíritu de Dios y tocar los corazones, porque sienten celos de aquel hermano o hermana que canta al Señor con voz de ruiseñor a través de ese talento que Dios mismo le dio, porque sienten celos del que tiene dinero, del que le va bien, del que consiguió su propia casa.
Son celosos y envidiosos, dice Dios, y arden de celos, envidia y odio por lo que el otro tiene, por lo que el otro logró. Ustedes quieren tener lo que les pertenece a ellos. Ustedes no quieren ser ustedes; ustedes quieren ser ellos, despreciando la imagen que planeé para cada uno de ustedes en particular.
Tienen que arrepentirse y honrar mi creación, que son ustedes mismos, dice Dios. Tienen que honrar los talentos que le di a cada uno de ustedes en particular. Tienen que honrar los dones que el Espíritu Santo les ha otorgado y usarlos en vez de anhelar lo que su prójimo tiene.
Amigos míos, dice el Señor, están perdiendo tiempo fijándose en la tienda ajena. Se están poniendo unos zapatos con los que no están preparados para caminar. Están usando ropa que no les queda.
Noelia: El Señor me muestra que algunos de ustedes han soñado en este tiempo viéndose con ropa que les queda grande, con zapatos que no les quedan bien, caminando en una senda donde se sienten incómodos, metiéndose en un ambiente donde nadie los llamó a entrar, o yendo por una calle donde se encuentran con una pared y tienen que volver hacia atrás.
Están yendo por un camino por donde no los envié, dice el Señor, y hoy los llamo a volver, porque ustedes miran el camino de su prójimo y piensan que eso es lo que tienen que hacer.
Yo he creado pájaros de distintos tamaños y colores, con distintas formas, con picos diferentes, con plumas distintas, con voces diferentes, y todos cantan de una manera especial. Esa es la riqueza de mi creación, dice el Señor. Los pájaros no se envidian entre ellos y no se comparan con los otros pájaros para ver si cantan mejor o peor. Simplemente me alaban, utilizando el instrumento que les he dado para alabarme naturalmente.
Ustedes quieren salirse de su piel y, si les fuera posible, entrar en la piel de aquel hermano o hermana que admiran, o de aquel artista que idolatran, dice Dios. No se miran al espejo para valorar lo que he hecho en ustedes, lo que les he dado, y nunca encuentran el valor de su verdadera identidad, porque sus ojos no están puestos en ustedes mismos a través del espejo de mi Palabra, sino en alguien más.
Son carnales y no espirituales, dice Dios. Detestan y no aman. Se alejan en vez de juntarse. Se desconectan en vez de estar en unidad.
Hijitos, dejen de celar y de envidiar, porque esto los enferma, dice Dios. Ese fuego de los celos carcome sus huesos. La envidia quema el corazón, les quita la paz y contrista al Espíritu Santo que habita en ustedes. Sean humildes y dejen de celar y de envidiar. Encuentren su propio camino. Encuentren su propia bendición. Desarrollen los talentos que les he dado. Practiquen con las herramientas con las que ya cuentan.
Noelia: El Señor me muestra que muchos de ustedes son como personas que ya tienen una bicicleta, pero no la usan porque no la valoran, porque la desprecian. Miran al que pasa por al lado con otra bicicleta, y eso es lo que ustedes quieren, no lo que ya tienen. Por lo tanto, como no son fieles en lo poco, Dios no les da más.
Valórense a ustedes mismos y valoren al otro, dice el Señor. Todos son piedras preciosas de distintos colores. Todos son distintos. Todos son especiales.
Los amo, dice el Señor. Ese es el poder de mi creación: la diversidad, las múltiples formas, los múltiples colores. Todos son parte de un mismo cuerpo, pero no todos son la misma parte del cuerpo.
Dejen de celar, dice Dios, porque muchos de ustedes no han podido desarrollarse en aquello en lo que quiero usarlos para glorificar mi santo nombre en ustedes, porque no están concentrados en su propio camino, sino en el camino de los demás. ¿Cómo pueden crecer si en vez de regar su propia planta riegan la de otro? ¿Cómo puede un edificio levantarse si los que deberían levantarlo levantan el edificio de alguien más?
Tienen que ser inteligentes y dejar de sembrar en otro terreno si es que los estoy llamando a sembrar en su propio huerto, dice el Señor. Pero por envidia, por celos, por avaricia, por vanidad, por quererse mostrar enfrente de los demás como si fueran más importantes de lo que son, no crecen ni bendicen a otros con lo que tienen o lo que podrían tener si verdaderamente pusieran el foco en ustedes mismos.
Hoy los llamo a arrepentirse de celar a los demás, dice el Señor. Hoy los llamo a escudriñar sus propios corazones para reconocer que si verdaderamente hurgan bien profundo en ellos, van a encontrar envidia, murmuración, odio, asco, porque los celos y la envidia son como raíces de un árbol que da muchos frutos que tienen un mismo color, aunque no siempre sean iguales.
Los celos y la envidia pueden ser comparados con una gran autopista que después se ramifica en muchos caminos distintos, dice Dios. Es como una fuente que puede alimentar distintas cosas.
Tienen que frenar ahora este flujo de pecado en sus corazones, dice el Señor. Tienen que dejar de llegar a sus casas después del culto o las reuniones y hablar mal de aquel que envidian. Arrepiéntanse, porque recuerden que mis ojos recorren la tierra y que mis ángeles observan lo que ustedes dicen y lo anotan en sus libros de notas.
Mi Espíritu disminuye su manifestación en ustedes cuando ejecutan con sus bocas lo que ya encontró cabida en sus corazones, dice el Señor. Y después se quejan de no encontrar mi presencia, me dicen que no los escucho y me echan la culpa de muchas cosas que no les salen bien, no reconociendo que sus pies se están desviando en este terreno y que ustedes mismos están abriendo las puertas al enemigo para que provoque consecuencias negativas en sus vidas.
Santifiquen sus corazones, dice el Señor. Limpien lo que piensan. Bendigan a aquellos a quienes envidian. Oren por aquellos de quienes sientan celos diabólicos, carnales, malvados. Barran el piso de su casa, quitando toda mugre que los ensucia, porque de la abundancia del corazón habla la boca, y quiero que sus labios pronuncien palabras buenas, palabras santas, palabras que sean como flechas que dan en el blanco, palabras que lleven fruto hasta la eternidad.
Amados míos, santifiquen sus corazones, dice Dios. Límpiense a ustedes mismos. Reconozcan estas semillas de maldad y arránquenlas antes de que sigan creciendo en la tierra de sus mentes, porque vengo por un pueblo santo que ama y que no desprecia, porque vengo por aquellos que bajan la cabeza para servir a otros.
En mi pueblo ya no se lavan los pies unos a otros, dice el Señor. Mis hijos ya no les lavan los pies a otros hijos míos, sino que mi pueblo exige que sus pies sean lavados por otros.
Tienen que cambiar la manera en la que piensan, porque el ministerio se trata de servicio, de entrega, de consagración, de sacrificio a través del amor, de disponerse para el otro; no de recibir, sino de dar. No se trata de ustedes, dice el Señor. Tienen que menguar para que Yo crezca. Tienen que cambiar la manera en la que piensan, porque la Iglesia está igual que el mundo.
En el mundo no se predica sobre servicio, sacrificio, entrega y darse a sí mismos. En el mundo se predica que tienen que escalar en el trabajo, en la carrera, que tienen que ganarse un nombre de prestigio. El mundo les predica que no tengan hijos para que todo se trate de ustedes. El mundo les enseña que todo se trata de ustedes mismos y no de Mí ni de nadie más. El mundo los pone primero, dice Dios.
Pero no es solo el mundo el que predica estas cosas; esto también se habla en mi casa: adoren a tal profeta del Señor, sirvan al ungido de Dios, respeten al orador milagroso.
Los hombres que dicen que me sirven buscan su propia honra y buscan la gloria del hombre, pero no han pensado que, si no corrigen sus caminos, cuando su camino en esta tierra termine no van a encontrar gloria de mi parte. No van a recibir honra, porque ya la recibieron en la tierra. No van a tener prestigio entre los ángeles de mi Padre, porque ya tuvieron prestigio ante los hombres. ¿Qué recompensa les queda por recibir si ya la han recibido en esta tierra?
Si bien es cierto que hay un principio que habla de honrar a los padres, a los que están en autoridad, a las cabezas establecidas de mi parte, dice Dios, no es lo mismo que adorarlos; no es lo mismo que servirlos de una manera idólatra.
Hijitos, cuidado, dice Dios. Tengan cuidado a quién invitan a sus congregaciones. Tengan cuidado a quién traen a ministrar a los suyos, porque hay gente que viene a comerse esos peces en vez de darles de comer. Hay gente que viene por los bolsillos de los Míos. Hay gente que viene a promocionarse a sí misma.
Todo esto tiene que ver con la competencia que hay en mi Iglesia, dice Dios, con los celos y la envidia, y con esta carrera ministerial que hay entre ellos para ver quién llega más lejos, más rápido y mejor, para ver quién tiene más renombre, para ver quién es más conocido, para ver quién es más solicitado.
Cuando les piden que ministren en sus congregaciones, los celos, la vanagloria, la vanidad, la superficialidad y la envidia están destruyendo a mi pueblo, y mi pueblo no distingue quiénes son esos lobos que vienen a destrozar las ovejas y quiénes son los pastores que vienen a servir de verdad.
No alimenten a esos ministros que muestran sus riquezas para ser adorados, para ser servidos, para ser reconocidos como si fueran Dios, dejándome a Mí fuera de esos lugares, dice Dios.
Este es un llamado de arrepentimiento hecho en verdad y en amor, para que entiendan que si siguen por este camino de celos, competencia y envidia, si no corrigen este error primero en sus corazones, no solamente van a seguir estancados, sino que el diablo se aprovechará de esto, afectándolos de muchas maneras distintas, dice el Señor.
Aunque a veces parece que llevan mucho fruto para el reino de los cielos, muchos de ustedes son semejantes a un árbol que en realidad está pelado. Quizás con los ojos de la carne se ve un árbol frondoso y fructífero, pero si miran con los ojos del espíritu, van a ver que es un árbol endurecido cuyas ramas no tienen hojas, un árbol que no es capaz de ser fructífero para el Reino.
Así que en este momento arrepiéntase todo aquel que fue redargüido por esta palabra, todo aquel que reconoció haber sentido celos amargos por otra persona, haber envidiado lo que el otro tiene y haberlo codiciado. Arrepiéntase todo aquel que recuerde esas palabras que habló contra esas personas a las cuales envidiaba. Arrepiéntanse de la murmuración, porque muchos hablaron mal de otros solamente porque deseaban ser como ellos o tener lo que ellos tienen.
Arrepiéntanse, dice el Señor, para que caigan cadenas, para que sean quitados pesos de sus espaldas, para que sean rotas maldiciones en sus generaciones a través de la justicia que ustedes hacen al arrepentirse de este pecado. Disfruten cuando alguien más es bendecido. Alábenme cuando alguien es restaurado. Bendigan al otro cuando vean que prospera.
Oren por aquellos de quienes se sienten distanciados por causa de los celos o la envidia, y recibirán sanidad; y ustedes también recibirán bendición, dice el Señor. Pero no lo hagan por eso, sino porque quieren ser semejantes a Mí.
Deséenle lo mejor al que le va bien. Busquen su propio estilo. Conozcan su propia identidad en Mí y no deseen la del otro. Sean genuinos y honestos. Cultiven lo suyo propio. Trabajen con lo que ya tienen y multiplíquenlo.
Los amo, dice el Señor, pero vengo por una Iglesia santa y sin mancha, que ha sabido lavar su vestido y prepararse impecable para recibir a su Señor.
Noelia: Amén. Gracias, Señor, por esta palabra.
Gracias, Jesús, el Hijo de Dios, aquel a quien los fariseos entregaron por envidia y celos, pero que no respondía ni se defendía; aquel que, siendo el Hijo de Dios, teniéndolo todo y habitando en la perfección, se hizo hombre para ponerse a nuestra altura; aquel que vino humildemente a servir y no a ser servido, para rescatar a muchos; aquel Jesús que no maldecía, sino que bendecía; aquel que daba y no quitaba; aquel que se dio a sí mismo en vez de exigir lo que otros tenían; aquel que vino para bajar la cabeza y dejarse golpear sin merecerlo; aquel que, siendo el Hijo de Dios, lavó los pies de sus discípulos, arrodillándose en el piso para dar un ejemplo de servicio, de amor y de entrega para muchos.
Señor Jesús, enséñanos a copiar tu ejemplo. Enséñanos a ser grandes como Tú eres grande, pero según tu criterio y no el nuestro, porque el mundo no sabe lo que es ser grande y no entiende que nuestro tiempo de ser reconocidos no es mientras estemos en la tierra, sino cuando entremos en tu presencia eternamente y para siempre.
Señor, enséñale a tu pueblo que no importa que muchos conozcan nuestros nombres en esta tierra, sino que los ángeles los mencionen regularmente en el cielo, cerca de tu presencia. Señor, libra a tu pueblo de toda vanagloria escondida o manifiesta, porque Tú no miras al altivo, sino al humilde de corazón. Señor, levanta predicadores y predicadoras que se muevan siguiendo tu ejemplo y no el ejemplo de Satanás, que trabajen según tu modelo y no de una manera demoníaca.
Ahora veo fábricas donde se están produciendo predicadores, y son todos iguales, como en las fábricas chinas, donde se producen millones de productos idénticos, con la misma forma, el mismo color y un número de serie.
El Señor dice que las iglesias de hoy son como fábricas chinas: producen predicadores en serie, siguiendo el mismo modelo, la misma estructura y la misma manera de hacer las cosas, y les enseñan cosas que Jesús nunca enseñó y que no están en la Palabra.
Esos predicadores son como productos eclesiásticos y compiten entre ellos porque no saben cuál es su valor, porque nunca caminaron en los zapatos que Dios verdaderamente preparó para ellos, sino en los zapatos que los hombres prepararon para ellos.
El que no entiende quién es siempre necesita más, y estos predicadores en general no saben quiénes son. Solamente copian y repiten frases aprendidas e interpretaciones bíblicas erradas, y creen que su valor está en el reconocimiento de los hombres, en la fama, en la influencia, en la adoración terrenal.
Oren por estos siervos que no me sirven a Mí, sino a los hombres o a ellos mismos, dice Dios. Son como robots que quieren complacer a sus dueños.
Voy a destruir estas estructuras y voy a levantar predicadores distintos, dice Dios, predicadores que hablen de Mí y no de ellos mismos, que me glorifiquen a Mí y no a sí mismos; predicadores genuinos, honestos y reales, como en los tiempos de Jesús; discípulos de Jesús y no de los hombres, que no sean como deportistas que solamente quieren la medalla, que quieren ganarle al otro y ser mejores que los demás.
Oren por esto y tengan esperanza, dice el Señor. Busquen estas piedras preciosas que son como agujas en un pajar: difíciles de encontrar, pero no imposibles. Abran sus ojos, disciernan los corazones y sigan a aquellos que me ponen primero de verdad, que no se enojan, no se frustran, no se entristecen y no se enfurecen cuando al otro le va bien.
Busquen estos lingotes de oro que están en las congregaciones, dice Dios, pero que muchas veces son callados, enmudecidos y aquietados, porque los toman como una amenaza para las estructuras de los hombres que Yo no he levantado.
Vengo por una Iglesia pura, santa y sin mancha, dice el Señor, por una Iglesia que no envidia, por una Iglesia que no cela y que no compite con otras novias, sino que está segura de sí misma y que ama a su prójimo como a sí misma.
Amén.