Dios les habla a los latinoamericanos
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Bendiciones. Mientras oraba más temprano hoy, el Señor me indicaba que Él quería hablarles a los latinoamericanos y me traía a la mente este pasaje:
[Jeremías 29:11] Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.
Amados míos, dice Jesús, les digo hoy que no he abandonado a mi pueblo latinoamericano. Estoy escuchando sus oraciones latinas que suben a mi trono incesantemente, día tras día tras día, desde hace tantos años. Algunos de ustedes no han dejado de clamarme desde hace décadas, pidiéndome que tenga misericordia para con esta tierra, pidiéndome que, si fuera posible, los juicios mengüen sobre ella, llorando, ayunando constantemente, sufriendo por ver cómo el hombre no se arrepiente.
Hijitos, dice el Señor, no he cerrado mis oídos a su clamor, y mi copa se va llenando de su oración. Estoy atento a los que se quebrantan delante de mi presencia en humildad, buscándome en la madrugada para clamar para que este fuego de purificación sobre Latinoamérica mengüe o inclusive se detenga.
Amados míos, dice Jesús, resistan y no dejen de clamar noche y día, porque es por causa de sus oraciones, que han subido a mi presencia, que Yo he tomado a Latinoamérica en mi mano para sacudirla y quitar de ella lo que no tiene que estar, para que, una vez barrida esta tierra, pueda plantar cosas nuevas. He elegido a mi pueblo latinoamericano por su entrega, por su pasión, por su falta de falsedad, porque no se avergüenzan de levantar la voz cuando hablan conmigo, cuando me buscan con desesperación, con gritos, gimiendo y pidiendo perdón.
Amados míos, estoy escuchando y no he cerrado mi oído. Aunque aún hay nubes sobre mi pueblo latinoamericano, comienza a verse un cielo que apenas se está despejando, y hay débiles rayos de sol que atraviesan esas nubes que se van moviendo.
Tengo un plan, dice el Señor. No los he abandonado. Se cumplen los tiempos de esclavitud en Latinoamérica. Se terminan dictaduras y vienen vientos de cambio.
Hay un vuelco en el mapa del mundo, dice el Señor. Lo que estaba arriba se viene para abajo y lo que estaba abajo es levantado. Voy a sorprender al hombre. Mi pueblo latinoamericano va a recuperar su honor, y todos aquellos que se mofaron de los latinos se van a tener que arrepentir, pidiéndome perdón por haber hecho acepción de personas.
La cosa se va a revertir, dice el Señor, como cuando uno da vuelta un reloj de arena. El tiempo de la restauración de Latinoamérica ya empezó. Ya no será llamada la esclava, ya no será llamada la perdida y ya no será mirada como la última opción, sino como la primera.
Tengo un plan para con ustedes, hijitos, dice el Señor. Muchos latinoamericanos que por tantos años se vienen sintiendo como esclavos van a comenzar a sentirse libres, y muchos que por tanto tiempo se han sentido como siervos se van a sentir como reyes, porque los de afuera los van a mirar y van a reconocer lo que habré hecho en ustedes.
Ya no los van a mirar con menosprecio, sino que ustedes van a ser deseables como el oro. Los van a ver como algo muy valorado y van a desear estas tierras que tanto vituperaron. Aquello de lo que se burlaron va a ser lo que van a desear.
Muchos en otros continentes que se creían tan sabios, tan ricos, tan nobles, tan inteligentes y tan pudientes van a pensar en sus corazones: «Si tan solo pudiera obtener un pedazo de tierra en Latinoamérica. Si tan solo pudiera viajar para ir a vivir allá. Si tan solo mi pasaporte fuera aceptado y me recibieran. Si tan solo hubiera nacido allá. Me gustaría ser uno de ellos.»
Muchos van a tener estos pensamientos, dice el Señor, y las cosas van a cambiar. Las cosas se van a revertir. Una vez que termine mi limpieza en estas tierras, va a venir lo bueno, y esto ya ha comenzado. Por eso tienen que resistir y entender que este proceso de purificación tiene un propósito bien específico.
Ustedes van a ser el granero de las naciones. Ustedes van a ser como Egipto durante los siete años de hambre, cuando todas las otras naciones fueron allí en busca de grano. Ustedes van a tener y al resto le va a faltar. Ustedes van a crecer y el resto va a menguar.
Tengan esperanza, porque la humillación no será para siempre, dice el Señor. Tengo un plan para mi pueblo latinoamericano, que está en mi mano. No los he abandonado.
Hoy estoy hablando esto porque muchos de ustedes se sienten frustrados, porque muchos de ustedes han renegado de ser latinoamericanos, porque muchos de ustedes me han preguntado: «¿Por qué me hiciste nacer aquí, Señor? Quisiera haber nacido en el continente europeo, en Asia o en Norteamérica; en cualquier lado menos aquí. Señor, ¿por qué me castigaste de esta manera, haciéndome nacer en estas tierras?» Pero esos pensamientos van a quedar en el pasado cuando Yo levante a Latinoamérica como un faro visible desde todos los puntos del mundo, dice el Señor.
Ustedes tienen que seguir intercediendo por esto. Ustedes tienen que seguir hablando lo que Yo les digo que hablen, para que esto que estoy diciendo se manifieste prontamente. Ustedes tienen que seguir creyendo lo que les estoy avisando. Y aunque sus ojos hoy no vean que esto se concrete en la realidad, eso no quiere decir que no vayan a alcanzarlo.
Mis intercesores latinoamericanos tienen que seguir batallando contra lo que el enemigo quiere hacer en este terreno fértil y rico que voy a prosperar, dice el Señor, porque vienen otras naciones a querer saquear. Lo que antes ellos despreciaron, lo van a venir a buscar, porque se van a encontrar aún más minas de oro, se van a producir más metales y se van a abrir nuevos pozos de petróleo.
Vienen a saquear lo que a ellos les va a faltar más y más, dice el Señor. Por lo tanto, defiendan con la palabra, con la oración, con el ayuno y con la intercesión lo que pisan sus pies. Clamen y defiendan a través de la oración lo que les pertenece.
Amigos míos, dice el Señor, antes de que venga el Deseado de las naciones, las cosas van a cambiar completamente. El mapa del mundo se va a dar vuelta totalmente. Las naciones que eran primeras van a ser últimas, y las naciones que eran últimas van a ser primeras.
Van a surgir países nuevos con nuevos nombres, dice el Señor. Otros van a independizarse. Otros van a menguar en sus territorios y sus fronteras van a cambiar. Otros van a crecer hasta ser semejantes a un imperio. Todo lo que ustedes conocieron hasta acá ya no lo van a volver a ver, porque todo va a cambiar antes de que venga el Deseado de las naciones.
La geografía de la tierra ya no va a ser la misma. Montes se van a aplanar, ríos se van a secar y los mares van a avanzar sobre las costas, comiéndose la tierra. Lugares que eran habitables ya no se van a poder habitar por causa del cambio climático y de las catástrofes que aún tienen que venir.
La tierra gime y en ese gemido va a sufrir cambios y más cambios: bosques que se van a incendiar, mares que se van a contaminar, fuentes de aguas que ya no se van a poder usar, manantiales que van a dejar de existir. En medio de este cambio, el hombre, en su búsqueda de minerales y metales, va a encontrar cosas que ni siquiera sabía que estaban ahí.
Explorando, excavando y metiéndose en lugares profundos nunca antes visitados, el hombre se va a encontrar con nuevos lugares de donde extraer piedras preciosas, provocando más guerras, más peleas, divisiones y contiendas para ver quién se queda con esos materiales, que en estos últimos días van a ser extremadamente codiciados.
Clamen por cada uno de sus países, por cada una de las naciones por las cuales ustedes estén llamados a interceder, dice el Señor. Clamen para defender esas minas de oro que hay en los lugares que ustedes están pisando. Clamen por el litio, clamen por la plata, clamen por el oro, clamen por todo tipo de metal y piedra preciosa. Clamen por el agua y por todo recurso natural, porque la tierra será devastada.
En todo este cambio y movimiento, en todo este proceso que estoy haciendo en América Latina, dice el Señor, los de afuera van a desearla aún más cuando se descubran estos lugares preciosos, deseados y valiosos. Oren por esto, pidiéndome protección, pidiéndome que el saqueador no llegue a esos lugares y clamando para que les ponga un límite a los ladrones, porque vienen del norte a robarles lo que les pertenece y a tratar de empobrecerlos. Vienen a negociar, pero sacando ventaja para sí.
Noelia: Me parece ver a Inglaterra viniendo con sus mineros y otros profesionales de ese tipo a países latinoamericanos para hacer excavaciones, tratando de encontrar y extraer recursos naturales.
Van a venir de afuera, dice el Señor, de otras lenguas, para tratar de aprovecharse de estos bienes que serán descubiertos en este tiempo que viene. Argentina se va a asombrar, porque se va a dar cuenta de que tenía más de lo que pensaba. Clamen por eso, dice el Señor.
Noelia: Escucho las palabras «minas de oro» y veo minas de oro en lugares donde hay oro, aunque todavía no se sabe que está ahí. Hay países latinoamericanos que van a descubrir estos lugares, y el hombre se va a pelear por sus recursos en estos últimos tiempos.
El Señor me dice que todo país latinoamericano que tenga cobre o cualquier otro metal de este tipo va a tener que aprender a cuidarlo con uñas y dientes y a no dejarse convencer por las naciones extranjeras que van a venir con mucho dinero y con palabras convincentes, tratando de adueñarse de estas fuentes.
Hijitos, dice el Señor, ustedes tienen que intervenir en estos procesos y defender esos lugares donde los he puesto estratégicamente para que oren por ellos.
Noelia: El Señor me dice que ellos vienen a saquearlos y a colonizarlos, y no es solamente Inglaterra. Este es un tiempo para defender la tierra, clamar por ella, bendecirla, ungirla y recuperar los terrenos perdidos en sentido espiritual, las montañas entregadas al enemigo, los montes contaminados. Es un tiempo de restitución, de limpieza de las tierras latinoamericanas y de rededicación de esas tierras a Dios.
Estoy llamando a muchos intercesores proféticos latinoamericanos a que reconquisten lo que el diablo había tomado en Latinoamérica, dice el Señor. Voy a dar palabras que deberán proclamar para recuperar esos territorios y voy a inspirarlos con pasajes bíblicos específicos que deberán proclamar para que el enemigo retroceda. Deberán rededicarme lo que el enemigo había pisoteado.
Tengan sus oídos abiertos, dice el Señor. Formen grupos de intercesión profética para los territorios de Latinoamérica. Júntense a orar, a interceder y a recorrer los lugares a los que voy a revelarles que tienen que ir: las fuentes de aguas, los terrenos fértiles para plantar, los lugares donde hay riqueza escondida. Los voy a enviar a las tierras de sus países para conquistar esos territorios para Mí.
Sobre ti nacerá mi luz, dice el Señor a Latinoamérica, porque después de refinarte voy a sanarte, porque después de la oscuridad viene la luz, porque después de la humillación viene la exaltación.
Noelia: El Espíritu Santo me trae a la mente este versículo ahora:
[Isaías 26:9] Con mi alma te he deseado en la noche, y en tanto que me dure el espíritu dentro de mí, madrugaré a buscarte; porque luego que hay juicios tuyos en la tierra, los moradores del mundo aprenden justicia.
Tengan esperanza, hijitos, dice el Señor. Ustedes no son menos que las otras razas, que los otros pueblos, que las otras naciones o que los otros continentes. El mundo no entendió lo que Yo estaba haciendo, pero ustedes decidieron creerme, aunque el mundo no los miraba.
Soy Yo el que tengo mi mano extendida sobre los latinoamericanos: gente con atributos especiales, gente encendida y no apagada, gente inquieta y no quedada, gente divertida y no amargada, gente colorida y no gris.
Tengo un plan para ustedes, dice el Señor. Créanme y resistan, pero también hagan su parte, porque viene un avivamiento a Latinoamérica y la gente se va a convertir en masa. Mi gloria se va a manifestar en las naciones de Latinoamérica y será como un gran día de Pentecostés, porque mientras todavía se derraman mis juicios sobre ella, muchos aprenderán justicia. Muchos se volverán para buscarme. Muchos ya no me darán la espalda, sino que, luego de tocar fondo, van a entender que necesitan a un Salvador.
Evangelicen a las almas, dice el Señor. Aprovechen, porque viene este avivamiento latinoamericano. Mientras otras naciones no me reciben, dice el Señor, de este lado del mundo me van a mirar, me van a escuchar y van a levantar la vista para buscarme a Mí. Ya lo estoy haciendo, dice el Señor, y mi movimiento se está viendo aún en los presidentes latinoamericanos que buscan mi guía para gobernar, aunque siguen siendo hombres llenos de errores y pecados.
Oren también por ese avivamiento, dice el Señor. Oren, porque mi Espíritu viene fuertemente sobre el pueblo latinoamericano, y ustedes van a ver gente convertirse en las calles, gente caer de rodillas por el poder del Espíritu Santo, gente recibiendo el bautismo del Espíritu Santo, hablando en nuevas lenguas y profetizando, gente que se convierte de maneras inimaginables para sus mentes religiosas, encerradas entre cuatro paredes.
Voy a hacer algo distinto en Latinoamérica, dice Dios. Mientras mis juicios se sigan derramando sobre ella para pagar el pecado del hombre sobre esta tierra, también se verá mi gloria, y la iglesia crecerá como no crecía en otros tiempos.
Noelia: El Espíritu me repite que tenemos que interceder por esto que el Señor está hablando, porque sus planes para Latinoamérica se van a concretar por causa de nuestra intercesión, por causa de nuestra petición, por causa de nuestro clamor, por causa de nuestro ayuno, por creerlo aunque todavía no lo veamos y por causa de nuestra evangelización. Somos nosotros los agentes de cambio.
Dios dice esto para que no fijemos nuestros ojos en las catástrofes, para que no permitamos que la tristeza entre en nuestros corazones mientras vemos estos grandes terremotos como los que sucedieron en Venezuela, para que la amargura no crezca como una raíz en nuestros corazones mientras un tsunami viene a las costas de Sudamérica o de Centroamérica.
El Señor dice que no pongamos nuestros ojos en las cosas materiales y terrenales, sino que levantemos la vista para entender que hay un plan celestial que se está concretando mientras la tierra latinoamericana sufre y paga por sus pecados.
Reconquisten a Latinoamérica, dice el Señor. Levanten su voz y no tengan miedo. Salgan de sus casas y hablen de Mí, pueblo, porque ustedes son parte de este avivamiento que traigo.
Noelia: Es un tornado de Dios. Y mientras todo se ve oscuro, porque aún falta que este juicio termine de concretarse sobre muchos países latinoamericanos, vamos a ver conversiones por doquier. La gente va a buscar a Dios y muchos se van a arrepentir. No es todo negro, y el enemigo sigue perdiendo como siempre. Tenemos que pensar de una manera celestial y no carnal.
Hablen de Mí, dice el Señor. Aprovechen el quebranto, el sufrimiento y el dolor de muchos para pescar esas almas para el reino de los cielos, para que la familia de la fe latinoamericana crezca en este tiempo, antes del fin de todas las cosas.
Hijitos, los amo. Tengo a Latinoamérica en mi mano y la amo, más de lo que ustedes la aman. Créanme, dice Dios. Recuerden los sueños que les he dado acerca de esto que estoy hablando y levántense en esperanza, en fe y con la bandera de su país latinoamericano bien en alto.
Tengo planes de bien y no de mal, dice el Señor. Recuerden este pasaje cuando el diablo los quiera tirar abajo, porque tengo planes de bien y no de mal. Voy a restaurarlos. Estoy limpiando a Sudamérica y estoy limpiando a Centroamérica. Estoy pasando mis aguas de refinamiento. Entiendan que todo tiene un porqué, que no hay nada al azar y que no los he abandonado. Estoy al tanto de todo lo que sucede y sé bien lo que hago con ustedes.
Noelia: Veo redes sobre las Américas, y el Señor dice que sigamos formando redes: redes de ministros, redes de intercesores, redes de hermanos y grupos de oración. El Señor dice que no dejemos de orar y que no dejemos de conectarnos entre nosotros.
Hay una unión espiritual necesaria para que las cosas de las que Dios habló hoy se cumplan y para que su cumplimiento también se acelere. Cuanto más acuerdo haya entre los hijos de Dios latinoamericanos, más rápido se va a ver concretado esto sobre esta tierra y más rápido se va a ver su gracia manifestada a través nuestro.
Avancen, dice Dios.