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Bendiciones en el precioso nombre de Cristo Jesús. Estoy aquí nuevamente porque el Señor me ungió para profetizar a las naciones y para hablar lo que Él quiere hablar a través mío. La Palabra del Señor dice:
[Juan 10:27-28] Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.
Sobre eso quiere hablarte el Espíritu de Dios en este mensaje, porque el ataque más grande del enemigo para con los hijos de Dios es contra su identidad, para que, dudando de quiénes son, tomen la marca de la bestia. Y el Señor dice a todo aquel que quiera escuchar su voz:
Amados míos, hoy estoy aquí nuevamente, hablándoles a aquellos que quieran realmente escuchar mi voz, para advertirles de los planes del enemigo en contra de su identidad. Porque el diablo viene a matar, a robar y a destruir, y una de las cosas que él quiere robarles es su identidad.
Muchos de ustedes, siendo ovejas de mi redil, creen que no lo son, dice Jesús. Cuando se miran al espejo, muchos de ustedes ven algo que no son. El enemigo les pone un espejo falso enfrente de su imagen y les miente para que ustedes crean que son una cabra y no una oveja, o para que crean que son una oveja de otro redil.
No hay muchos rediles, dice el Señor, sino solo el redil del mundo y el redil de los míos. Y el que cree que está entre medio de ellos se miente a sí mismo, porque el que no está en mi redil está en el redil ajeno: en el redil del diablo, en el redil del enemigo.
Ustedes me pertenecen, dice Jesús, porque fueron comprados a precio de sangre. Así como cuando un pastor compra a las ovejas para que, a partir de ese momento, le pertenezcan, de la misma manera Yo mismo pagué con mi propia sangre para obtenerlos a ustedes y para que, a partir de ese momento, formen parte de mi redil.
Ustedes fueron marcados, dice el Señor, como cuando un dueño compra a sus ovejas y luego las marca para que todo el mundo sepa a quién le pertenecen.
[1 Corintios 6:20] Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.
Muchos de ustedes no tienen claro su identidad, dice el Señor. No saben quiénes son, no saben a quién le pertenecen. Están perdidos. Se miran en un espejo falso y no se reconocen. O sus ojos están velados por las mentiras que han creído sobre sí mismos, y no pueden verse en ese espejo como lo que realmente son.
Hoy vengo a quitarles ese velo, dice Jesús, para que, abriendo los ojos, puedan verse claramente y reconocer su identidad real en el espejo de la palabra que Yo les hablo hoy. Y hoy les digo que muchos de ustedes tienen que entender quiénes son en realidad para que, cuando venga ese lobo que los quiere robar, que los quiere despedazar, que los quiere destrozar, que los quiere comer, puedan retrucarle sus palabras y ordenarle que retroceda con la autoridad que les di, utilizando la espada de mi Palabra para cortar esas mentiras que él utiliza para llevárselos lejos de ese redil que es mío.
Muchos de ustedes están confundidos, dice el Señor. No se han dado cuenta de que cuentan con el carnet del Reino de los cielos, que tienen el pasaporte que les permite el ingreso a los portones celestiales.
Muchos de ustedes están tratando de obtener un pasaporte terrenal para poder ingresar a distintos países, pero no prestan atención y no se han dado cuenta de que cuentan con un pasaporte celestial, que les permite el ingreso al Reino de los cielos y ser ciudadanos de ese reino. Siendo esto más importante que lo anterior, dice el Señor, no prestan atención a eso.
Hijitos, la tarea más importante, el objetivo principal que tiene el enemigo contra los hijos de Dios, y más a medida que se acercan los últimos tiempos, es confundirlos acerca de quiénes son, porque él sabe que, si logra que estén confusos acerca de quiénes son en mí, entonces las puertas se le abren de par en par para que pueda entrar en sus vidas y confundirlos en otras áreas, engañarlos acerca de otras cosas, robarles otras pertenencias que les han sido dadas.
Entender cuál es su identidad en mí es más importante de lo que ustedes piensan, dice el Señor, y tienen que dedicarse a meditar en eso. Tienen que llegar al objetivo de entender cabalmente y al 100 % quiénes son aquellos que me pertenecen, aquellos que están marcados y que portan al Espíritu Santo en sus cuerpos.
Ustedes son míos, dice Jesús. Yo pagué por eso. Cuando una oveja escapa de su redil, un pastor va a buscarla y puede reconocerla cuando está fuera de ese cerco, porque es suya. Él sabe cuáles son sus características, cómo es su andar, cuáles son sus rutinas.
De la misma manera, Yo conozco a las mías y voy a buscarlas cada vez que se pierden, dice Jesús. Pero muchos de ustedes se comportan como si estuvieran perdidos y no entienden que tienen un pastor perfecto, que soy un pastor bueno que se ocupa de cada una de sus ovejas, que no abandona a ninguna, porque cada una de ellas me ha costado mucho.
Yo soy el buen pastor que dio su vida por sus ovejas, dice Jesús, y es una lástima que mis ovejas no reconozcan el pago que he realizado por ellas en esa cruz, que no lo entiendan, que no mediten sobre él, que no logren entender realmente quién es esa persona que ha pagado por ellas.
[Juan 10:11] Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas.
Hoy estoy aquí para llamarlos a que vuelvan a mi redil, dice Jesús, porque cuando me falta una de las mías, no estoy tranquilo. Así como un pastor no puede dormir por las noches cuando sabe que una de sus ovejas se ha escapado, se ha perdido o ha sido robada, y no descansa hasta recuperarla, de la misma manera mi alma no descansa hasta que cada uno de los míos, que Yo he comprado con mi propia sangre, vuelva a mi lado.
Yo me preocupo por cada uno de ustedes, dice el Señor, y no dejo de hacerlo. No dejo de salir a buscarlos, como cuando un pastor sale de la comodidad de su descanso para ir a ver dónde se perdió aquella oveja que le falta. No importa si es de noche o está lloviendo; si hay peligros afuera o si sabe que los lobos están al acecho, el pastor deja a las ovejas que están seguras en el redil para ir a buscar a la que se perdió.
Ese soy Yo, dice el Señor. Soy un pastor que se ocupa de su ganado, un pastor que les da de comer lo que necesitan, un pastor que las lava cuando lo necesitan, un pastor que las trasquila, que las cuida, que las engorda, que piensa en ellas día y noche. Yo soy un buen pastor que ama a aquellas que ha obtenido a precio de sangre.
Y hoy les hablo para que entiendan cuán importantes son para mí y para que logren afirmarse en su identidad, dice el Señor, para que, cuando el diablo venga a ofrecerles el engaño final, ustedes estén tan afirmados en quiénes son y tan seguros, que puedan decir que no. Porque robarles la identidad es el primer paso hacia la destrucción. Hacerles creer que son algo que no son es lo que abre la puerta para después darles de comer una comida contaminada, una comida envenenada. Una vez que el lobo tiene a la oveja entre sus garras, le es muy fácil comérsela.
Ustedes tienen que entender quiénes son en mí, mirándose en el espejo de mi Palabra, dice el Señor. Cuando ustedes leen la Biblia continuamente, su identidad se va construyendo en mí y se mantiene firme cuando ustedes continúan regularmente haciendo esa lectura. Pero si ustedes se alejan de la Biblia, si ustedes dejan de leer la Escritura y nunca me buscan, nunca oran, y nunca pasan tiempo conmigo para conocerme más, es muy fácil engañarlos, es muy fácil venderles algo que no es, es muy fácil estafarlos.
Eso es lo que está pasando con mi pueblo, dice Jesús. Mi pueblo se aleja del Pastor verdadero y a veces hasta quiere pertenecerle al enemigo sin darse cuenta. En muchas ocasiones, mi pueblo no conoce plenamente su identidad, sino solo de manera parcial. Por eso se pierde continuamente, se escapa por debajo del cerco que lo protege y acepta irse con cualquier extraño que pase y quiera llevarse a las mías.
Mi pueblo a veces no entiende las consecuencias de correr lejos de mí, porque el pastor al que le costó comprar a esas ovejas, que le pertenecen por causa del alto precio que pagó, es el que más se va a preocupar por ellas. Pero al que viene a robárselas, al que viene a matarlas y a devorarlas, no le preocupa la vida de esas ovejas, porque no ha pagado nada por ellas ni ha hecho nada para merecerlas. Viene a robar lo que no le pertenece.
Entiendan que, si ustedes no saben fehacientemente quiénes son, dice el Señor, son fáciles de engañar. Y cuando pasa cualquier vendedor y les ofrece cualquier cosa, ustedes ya quieren comprarla.
Amados míos, dice el Señor, hoy estoy aquí para hacerles entender que, si ustedes no llegan al punto de poder ver la marca que tienen por pertenecerme, entonces van a recibir otra marca y pertenecerle a otro. Porque el diablo sabe que los míos tienen mi marca, y lo que quiere hacer es venir a colocarles una marca distinta, para que ustedes y el mundo crean que le pertenecen a él.
Por eso es importante que ustedes puedan reconocer que ya han sido comprados, que ya han sido marcados y que ya tienen un dueño, dice el Señor, para que, cuando venga otro a hacerles creer lo contrario, ustedes sepan decirle que no.
Es importante lo que estoy hablando, dice Jesús, porque viene el engañador de los últimos tiempos a ofrecerles una nueva identidad en él, y todo aquel que no esté firmemente asentado en mí la va a aceptar y va a creer en ese engaño final, por no saber quién es en mí.
Muchas veces los hijos de Dios son muy ingenuos y no están seguros de quiénes son, dice el Señor. Los hijos de Dios tienen problemas de identidad porque no estudian lo que está escrito, porque entenden a qué pacto entraron, porque no saben con quién se comprometieron, si es que verdaderamente se comprometieron.
Pero Yo sí sé quiénes son los que me pertenecen, dice el Señor. Yo sí me comprometí verdaderamente y hasta la muerte con ustedes.
Sin embargo, el diablo viene para ver si tal vez ustedes se divorcian de mí después de haberse casado conmigo, dice el Señor. El diablo viene a hablarles al oído, así como le habló a Eva, para torcer lo que Yo ya les he dicho. En estos últimos días, el diablo viene con una nueva oferta para que ustedes acepten un nuevo pacto.
Aquellos que tomen la marca de la bestia cuando esta se manifieste van a entrar en un pacto de sangre con él, dice Jesús. Por eso, para recibir esa marca, van a sangrar. Para recibirla, van a tener que ofrecer sus cuerpos como un templo para el enemigo, así como los míos me ofrecen su cuerpo como un templo para el Espíritu Santo.
Entiendan que lo que hace el enemigo es copiar mi modelo, dice el Señor. Lo que hace el enemigo es imitar al Hijo de Dios para parecerse a Él. Y así como Jesús vino para establecer un nuevo pacto en su sangre, lo mismo tiene planeado Satanás para los últimos tiempos.
[Apocalipsis 13:16-17] Y hacía que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se les pusiese una marca en la mano derecha, o en la frente; y que ninguno pudiese comprar ni vender, sino el que tuviese la marca o el nombre de la bestia, o el número de su nombre.
Para recibir esta marca, dice el Señor, esta tiene que ingresar en el cuerpo y entrar en contacto con la sangre de quien la recibe, para que por medio de la sangre se establezca un pacto espiritual.
El diablo sabe que mi nombre está escrito en ustedes, dice el Señor. Por lo tanto, él quiere dejar su nombre escrito en ustedes. El diablo sabe que mi Espíritu Santo mora en aquellos que me pertenecen. Por lo tanto, él quiere que ustedes ofrezcan sus cuerpos como un templo para que él pueda morar en ustedes, si le fuera posible.
Porque todo aquel que reciba la marca de la bestia será como una ofrenda para el diablo, y en el momento de recibirla no solo se concretará en esa persona un pacto de sangre, sino que también vendrán espíritus demoníacos a morar en ella.
De la misma manera que el Espíritu Santo entra en una persona cuando esa persona es bautizada por mí, dice Jesús, el enemigo, imitando este modelo, entrará en el cuerpo de todo aquel que reciba esta marca. Y desde ese momento, todo aquel que sea marcado por él será como una oveja negra que pertenece a su redil.
Por lo tanto, tienen que entender quiénes son y a qué redil pertenecen, dice el Señor, para que, cuando el enemigo venga a ofrecerles esta marca, como otro pastor que viene a buscarlos para llevarlos a su redil, ustedes sepan que ya han sido marcados por mí, sepan cuál es su territorio, en nombre de quién vienen y van, y que no pueden ofrecer su templo a dos pastores distintos.
Amados míos, dice el Señor, tienen que tener clara su identidad; tienen que saber quiénes son y a quién pertenecen, para que, cuando venga el engañador a querer marcarlos para que, a partir de ese momento, pertenezcan a su redil, ustedes huyan de él y no salten el cerco que los protege.
El objetivo principal del diablo es que ustedes estén confundidos en su identidad en Cristo Jesús, que estén perdidos en cuanto a quiénes son en mí, que duden de mi amor por ustedes, que no crean que Yo soy el que los cuida, el que los guarda, el que está con ustedes hasta el fin.
Ustedes son míos y me pertenecen, y hoy salgo a buscarlos en medio de la noche para rescatarlos de esa noche oscura en la que están.
Noelia: El Señor me dice que algunos de ustedes ya están perdidos, ya se alejaron del Pastor que los compró, ya se escaparon del redil en el que estaban pastando. Algunos de ustedes saben que han tratado de huir del buen Pastor y que en este mismo momento no están junto al grupo de los que le pertenecen, sino alejados de Él. Pero el Señor te dice hoy:
Yo no quiero que sigas lejos de mí. No quiero que te pierdas en ese bosque frondoso. No quiero que vuelvas herido o herida, que te falte una pierna, que tengas un costado mordido, o que vengas con la lana sucia y enredada. Quiero cuidarte, dice Jesús, y quiero que estés cerca mío, habitando confiadamente donde el lobo no puede hacerte ni un rasguño.
Recuerda esos tiempos donde comías de mis pastos, dice el Señor, donde tenías paz, donde sentías que estabas donde tenías que estar, donde no había peligros porque Yo te guardaba, donde no tenías hambre porque Yo te alimentaba, donde Yo me ocupaba de ti día y noche como un pastor bueno y atento que no maltrata a sus ovejas.
Quiero que vuelvas, dice Jesús, porque el enemigo está afuera y no pierde tiempo. El enemigo viene a marcarte para robarte para su reino, donde no hay paz, ni alimento, ni descanso, sino destrucción, desolación, muerte y enfermedad.
Ven, dice el Señor. Vuelve, que Yo te voy a limpiar, Yo te voy a sanar, Yo te voy a vendar y te voy a mostrar el espejo de la verdad para que recuerdes quién eres en mí.
[Lucas 15:4] ¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla?
Si un pastor terrenal deja las noventa y nueve ovejas y va en busca de la que se perdió, dice el Señor, ¿cuánto más lo hará un pastor celestial que es perfecto?
Amados míos, dice el Señor, la marca del enemigo se acerca. Él viene con la marca en su mano para imprimirla en toda oveja que pueda. Satanás viene con la marca de la bestia para marcar a todo aquel que esté inseguro de su identidad. Viene a realizar este pacto de sangre con todo aquel que disponga su cuerpo para recibir este anatema.
Viene el enemigo a marcar a grandes y pequeños, a ricos y pobres, a esclavos y libres, a inteligentes y a los que carecen de inteligencia. Viene a marcar a todo aquel que pueda atrapar con sus engaños, con su astucia y con sus trucos mágicos.
Él viene a marcar, pero antes tiene que engañar, y para eso usa un espejo empañado, para que todo aquel que se mire en él no pueda reconocerse. Primero, el enemigo tiene que manchar el espejo de la identidad de las personas para que, una vez que estén perdidas, pueda extender sus lazos, atraparlas y ofrecerles una identidad «segura» en él.
Por eso el enemigo le miente a la mujer para que se crea hombre; al hombre, para que se crea mujer; al niño, para que se crea un perro; al viejo, para que se crea una serpiente. El enemigo tiene que destruir primero la identidad para después venir a ofrecer una identidad «mejor» en él.
De eso se trata la marca de la bestia. El enemigo viene a hacer que el hombre deje de creerse hombre, quizás para creerse máquina, para que, cuando esté tan confundido y se dé cuenta de que está perdido, como un barco en el mar que ha perdido el rumbo, entonces él le ofrezca la solución a través de la marca de la bestia.
La identidad es el objetivo principal que el enemigo viene a destruir en estos tiempos postreros. La imagen en la que fueron creados el hombre y la mujer es lo que él quiere borrar de ese espejo, para que, cuando se miren, no se reconozcan en mí y entonces venga a ofrecerles una identidad nueva en él: una identidad tergiversada, una identidad fabricada, una identidad mentirosa, una falsa solución para una identidad que, para ese momento, el hombre ya habrá perdido.
Por eso es tan importante que mis hijos entiendan quiénes son, que lo reconozcan, lo acepten, lo proclamen y lo defiendan, dice el Señor. Pero muchos de ustedes hoy no están en ese punto, sino que todavía dudan de quiénes son, aun cuando mi Santo Espíritu ya les ha dado testimonio de que han sido adoptados y de que pertenecen al más Alto de los altos.
Hay ovejas que no quieren ser ovejas blancas, sino negras, dice Jesús. Hay ovejas blancas, ovejas de mi redil, que se escapan por entre las rejas de mis prados para irse con las negras y creer que pertenecen al mundo.
No hay ovejas de muchos tipos. Están las blancas y están las negras. Las blancas son las que me pertenecen, dice Jesús, y las negras son las que pertenecen al mundo. Y hay muchas ovejas blancas, que son mías, pero se van para juntarse con las negras, sin entender que no pertenecen a ese redil. Y es solo una cuestión de tiempo hasta que perezcan.
La identidad es importante, dice el Señor. Estudien sobre ella. No dejen esto para después. Enséñenles a sus hijos quiénes son en mí. Recuérdenles cuál es su identidad, su sexo, su género. Recuérdenles que son personas y no otra cosa. Recuérdenles lo que está escrito. Oren para destruir toda mentira del enemigo en sus mentes acerca de quiénes son, porque esto ya está muy avanzado y muchos de los míos ya están muy perdidos en cuanto a su identidad.
Sin embargo, hoy les hablo para que vuelvan, para que entiendan que lejos de mi cerco de protección solo van a encontrar muerte, enfermedad y destrucción, dice el Señor.
Mis ovejas oyen mi voz y me siguen, dice Jesús. Yo las conozco, y ellas me conocen a mí.
Aprendan a conocerme, dice el Señor. Aprendan a escuchar mi voz, porque viene este lobo rapaz a hablarles, imitándome a mí, y a tratar de comprarlos cuando ustedes ya han sido comprados por mí. Reconozcan mi voz y síganme a mí y a ningún otro, dice Jesús, porque todos los demás son pastores falsos que no se preocupan por los míos.
Atiendan mi llamado y vuelvan, aquellos que están lejos, antes de que se desencadenen los eventos finales y aparezca el Anticristo junto con la marca de la bestia. Estén firmes en quiénes son, limpiando el espejo en el que se miran, en el que se ven, en el que se reconocen, para que, cuando alguien venga a mentirles, no solo no le crean, sino que también refuten esas mentiras.
Esto está cerca, a la vuelta de la esquina, dice el Señor. Ya está preparado, y ellos vienen a marcar sus cuerpos y a entrar en ellos a través de esa marca. Vienen para que esa marca entre en contacto con su sangre y con su carne, para tomarlos como una ofrenda para el diablo.
Los amo, dice Jesús. Yo soy el Pastor de los pastores. Yo, y solo Yo, soy el buen Pastor. Quédense conmigo, porque de otra manera no podrán resistir la noche que viene fuera de mi redil. Acepten mi señorío, dice el Señor. Acepten mi pastoreo, que es perfecto, que es bueno, y no el de ningún otro, porque es falso, demoníaco, peligroso y solo viene para llevar sus almas al infierno.
[1 Pedro 5:4] Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria.
Resistan y digan que no cuando vengan a ofrecerles esa marca en sus cuerpos, dice el Señor. Resistan al sistema y digan que no, porque ustedes ya tienen un dueño. No permitan que los estafen, no permitan que los roben, porque, una vez recibida esa marca, todo aquel que la reciba pasará a pertenecerle al enemigo, como una oveja de su prado.
Todo aquel que esté marcado con estas cosas pasará a ser de su pertenencia, dice el Señor. Y esta será otra de las maneras en que el trigo será separado de la cizaña, otra de las maneras en que se manifestarán los que son ovejas de mi redil y los que son cabras de su monte.
Estarán los marcados por mí y estarán los marcados por él, dice el Señor. Estén alertas, estén atentos y velen para no caer en este engaño.
Noelia: El Señor dice que vomiten toda mentira que tiene que ver con su identidad. El Señor dice que se arrepientan de haber creído engaños sobre sus nombres, sobre sus personas, sobre su ciudadanía, que es la del Reino de los cielos para aquellos que están nacidos de nuevo en el nombre de Jesús, que han sido bautizados en agua en su nombre y han recibido el bautismo del Espíritu Santo. El Señor dice que pidan claridad sobre su propia identidad, que oren sobre esto, que le pidan revelación al Espíritu Santo y que le pidan ayuda a Dios para resistir la tentación de dejar de creer la verdad sobre quiénes son en Él. Dios dice que se arrepientan todos aquellos que le han creído al enemigo cuando este les ha dicho que no pertenecen a Jesús, cuando en verdad sí le pertenecen a Él.
El Señor dice que se arrepientan de haberse casado con esos espíritus mentirosos y que se divorcien de ellos, porque esos espíritus vienen a confundir su identidad en Jesús. El Señor dice que pidan claridad acerca de sus personas y de su identidad, acerca de lo que significa ser hijo de Dios, acerca de lo que significa haber sido adoptados por Dios Padre a través de Jesús, el Hijo de Dios, porque muchos de ustedes no han entendido que pertenecen a este Reino.
Dios dice que es importante que se ocupen de esto, que se afiancen en esta área y que permanezcan firmes para enfrentar los ataques que el diablo va a traer contra su identidad en los tiempos que vienen, porque el mundo va a seguir perdiéndose en esta área y va a seguir creyendo mentiras acerca de quiénes son.
Pero nosotros tenemos que permanecer firmes, sabiendo quiénes somos en Él, para no ser engañados. Amén.