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Bendiciones en el nombre de Jesús. Hoy voy a entregar una palabra profética para Israel y Netanyahu que comencé a recibir hace cinco días. Cuando el Señor empezó a hablarme sobre esto, me quebranté tanto que tuve que clamar, orar, pedirle confirmación al Señor y también interceder, por si tal vez Él se arrepentía y lo que me mostraba no llegue a suceder.

Después de unos días, el Señor me hizo entender que esto iba a seguir adelante igual y que yo tenía que correrme del medio. Así que aquí estoy, obedeciendo la voz de Dios para entregar esta palabra profética.

Para empezar, siento la convicción de compartirles el capítulo 1 de Isaías, porque una y otra vez el Espíritu Santo me traía a la mente distintos fragmentos de este pasaje para hablarme de lo que viene para Israel.

[Isaías 1] Visión de Isaías hijo de Amoz, la cual vio acerca de Judá y Jerusalén en días de Uzías, Jotam, Acaz y Ezequías, reyes de Judá. Oíd, cielos, y escucha tú, tierra; porque habla Jehová: Crie hijos, y los engrandecí, y ellos se rebelaron contra mí. El buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de su señor; Israel no entiende, mi pueblo no tiene conocimiento. ¡Oh gente pecadora, pueblo cargado de maldad, generación de malignos, hijos depravados! Dejaron a Jehová, provocaron a ira al Santo de Israel, se volvieron atrás. ¿Por qué querréis ser castigados aún? ¿Todavía os rebelaréis? Toda cabeza está enferma, y todo corazón doliente. Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón y podrida llaga; no están curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite. Vuestra tierra está destruida, vuestras ciudades puestas a fuego, vuestra tierra delante de vosotros comida por extranjeros, y asolada como asolamiento de extraños. Y queda la hija de Sion como enramada en viña, y como cabaña en melonar, como ciudad asolada. Si Jehová de los ejércitos no nos hubiese dejado un resto pequeño, como Sodoma fuéramos, y semejantes a Gomorra. Príncipes de Sodoma, oíd la palabra de Jehová; escuchad la ley de nuestro Dios, pueblo de Gomorra. ¿Para qué me sirve, dice Jehová, la multitud de vuestros sacrificios? Hastiado estoy de holocaustos de carneros y de sebo de animales gordos; no quiero sangre de bueyes, ni de ovejas, ni de machos cabríos. ¿Quién demanda esto de vuestras manos, cuando venís a presentaros delante de mí para hollar mis atrios? No me traigáis más vana ofrenda; el incienso me es abominación; luna nueva y día de reposo, el convocar asambleas, no lo puedo sufrir; son iniquidad vuestras fiestas solemnes. Vuestras lunas nuevas y vuestras fiestas solemnes las tiene aborrecidas mi alma; me son gravosas; cansado estoy de soportarlas. Cuando extendáis vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis ojos; asimismo cuando multipliquéis la oración, yo no oiré; llenas están de sangre vuestras manos. Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo; aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda. Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana. Si quisiereis y oyereis, comeréis el bien de la tierra; si no quisiereis y fuereis rebeldes, seréis consumidos a espada; porque la boca de Jehová lo ha dicho. ¿Cómo te has convertido en ramera, oh ciudad fiel? Llena estuvo de justicia, en ella habitó la equidad; pero ahora, los homicidas. Tu plata se ha convertido en escorias, tu vino está mezclado con agua. Tus príncipes, prevaricadores y compañeros de ladrones; todos aman el soborno, y van tras las recompensas; no hacen justicia al huérfano, ni llega a ellos la causa de la viuda. Por tanto, dice el Señor, Jehová de los ejércitos, el Fuerte de Israel: Ea, tomaré satisfacción de mis enemigos, me vengaré de mis adversarios; y volveré mi mano contra ti, y limpiaré hasta lo más puro tus escorias, y quitaré toda tu impureza. Restauraré tus jueces como al principio, y tus consejeros como eran antes; entonces te llamarán Ciudad de justicia, Ciudad fiel. Sion será rescatada con juicio, y los convertidos de ella con justicia. Pero los rebeldes y pecadores a una serán quebrantados, y los que dejan a Jehová serán consumidos. Entonces os avergonzarán las encinas que amasteis, y os afrentarán los huertos que escogisteis. Porque seréis como encina a la que se le cae la hoja, y como huerto al que le faltan las aguas. Y el fuerte será como estopa, y lo que hizo como centella; y ambos serán encendidos juntamente, y no habrá quien apague.

La palabra profética

Profetiza, hija. Profetiza contra Israel y contra su príncipe, para que todos sepan que soy un Dios justo, que pesa a cada nación en su balanza, que no hace acepción de personas y que no deja a nadie sin juzgar.

Habla contra ellos, porque son un pueblo rebelde y duro de cerviz, un pueblo que no me conoce y que no me quiere conocer. Desvían sus ojos hacia otros dioses, se entretienen aprendiendo cosas que no me agradan y se jactan de su conocimiento y de su influencia, pero no invierten tiempo en conocerme a mí.

Todos sus éxitos se los atribuyen a sí mismos, cuando soy Yo el que levanta a los pueblos y les da la sabiduría y la inteligencia. Ellos no me agradecen por todo el bien que les hago, sino que se van inflando y enorgulleciendo, adjudicándose todo lo bueno a sí mismos.

Vengo contra ellos. Vengo con armamento fuerte. Vengo con ejército y con bombas. No podrán escapar de este juicio, porque estoy cansado de llamarlos y que no me escuchen, de buscarlos y que no me busquen, sino que me vuelvan la espalda.

Vengo a traer juicio contra ellos, porque hablan en mi nombre, pero no me conocen. Se llenan la boca con mi Palabra, pero no la practican y mucho menos la creen.

Son un pueblo hipócrita, cargados de pecados, que sabiendo hacer lo bueno no lo hacen. Estoy cansado de llamarlos y de advertirles lo que viene, y aun así no quieren oír.

Israel no entiende y no tiene conocimiento. Israel está lejos de mí y me ignora. Vengo contra ellos y les quito su protección, para que paguen lo que han hecho en mi contra, dando mal ejemplo al resto de las naciones.

Israel no tiene conocimiento. Es ignorante de las cosas espirituales y pone su fe en objetos tallados, igual que en la antigüedad. Lamen a sus estatuillas y las adoran buscando en ellas la verdad. Es terrible cómo están. Me han ofendido hasta lo profundo de mis entrañas, dice el Señor.

Por eso viene la angustia y la tribulación. Por eso viene la desesperación, porque Yo no soy su Dios, porque aunque ellos me nombren, su corazón está lejos de mí. Ellos ponen su confianza en cualquier hombre en vez de en mí.

Profetiza contra ellos, hija, y anuncia lo que viene: destrucción masiva, vergüenza ante el mundo. Así como se autoproclamaron en la cima de la montaña, así los hago caer, porque ellos se llenan la boca jactándose de su ejército y armamento, de su inteligencia y defensa, pero su confianza está puesta en esas cosas y no en mí, que soy el único que puede dar la victoria a una nación que me busca, que se arrepiente y que me clama.

Viene juicio y destrucción a Israel y a su pueblo. Buscarán dónde esconderse y no lo hallarán. Correrán de aquí para allá y no hallarán reposo. Por cuanto llamé y no me quisieron escuchar, grité y taparon sus oídos para no oír mi voz.

Juicio y destrucción vienen a Jerusalén, ciudad religiosa, con apariencia de piedad, pero que esconde suciedad; ramera cara que se vende a sus visitantes para obtener ganancias.

Tú sabes de lo que hablo, hija, me dice el Señor, porque tú estuviste ahí y viste lo que hacen sus mercaderes en sus callecitas angostas. Todo es apariencia, una apariencia que me asquea y que no me representa.

Dura es esta palabra, difícil de escuchar y lenta de digerir, pero Israel me ha angustiado y no ha parado de hacerme quedar mal ante el resto de las naciones. Hijos depravados, supersticiosos y despiadados, que se regocijan en sus pecados como el cerdo que se revuelca en el barro.

Israel está en oscuridad y su príncipe en error. Netanyahu se ha corrompido y toma decisiones sin consultarme a mí. Sus manos no están limpias y su conciencia lo acusa, pero él insiste en continuar en un puesto de donde ya tiene que salir. No he sido Yo el que le ha indicado que continúe al mando del timón del barco, ni tampoco él me ha preguntado, sino que va por su propia cuenta, haciéndome enojar.

Yo estoy contra él, porque él está contra mí. Él se ha adueñado de ese puesto, creyendo que le pertenece, que es suyo y que tiene el derecho de hacer lo que sea para conservarlo. Yo exijo su renuncia, dice el Señor. Quiero que se haga a un costado. Su tiempo se ha terminado y lo reemplazo. He aquí que si no me escucha, lo quito por la fuerza.

Habitantes de Israel, ¿por qué confían en carros y en hombres de a caballo y no en mí? ¿Por qué ponen su mirada en un hombre de carne y hueso como si él tuviera el poder de salvar? Arrepiéntanse y vuélvanse a mí, dice Dios.

¿Acaso Trump creó el mundo y lo que en él existe? ¿No ven que si Yo dejo de soplar aire en sus narices, él ya no viviría más? ¡Necios! Ustedes son idólatras y me maldicen. ¿Por qué hacen esto, provocando al santo y al poderoso? ¡Qué vergüenza me dan! Hastiado estoy de sus costumbres inventadas y de su ignorancia. Están ciegos, pero porque no quieren ver.

Viene la angustia, dice el Señor. Familias enteras que desaparecen, niños huérfanos, ancianos mutilados.

Soy Yo el que habla, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Escuchen o dejen de escuchar, naciones todas, y sepan que Yo soy Dios, que gobierno sobre todas las naciones y que doy el pago y retribución a cada una según sus obras.

Israel habla de mí, pero no me conoce. Y aunque muchos rezan, sus oraciones no me llegan, porque sus corazones están endurecidos y hacen vanas repeticiones que mandé que no hicieran. Se dirigen a mí como si Yo fuera una máquina. No saben que estoy vivo y que Yo soy el que soy.

He aquí que los debilito y los pongo por escarnio delante del mundo, porque ellos primero me pusieron por escarnio a mí.

Viene destrucción, confusión y desolación. Ataco su ego y los humillo, para que se acuerden de que sin mí nada pueden hacer. Viene destrucción a Jerusalén. La avergüenzo y la castigo por su vanidad.

Clamen, hijos. Clamen por Jerusalén. Clamen por Israel, porque viene lo peor. Clamen por su población. Clamen para que se arrepientan de sus caminos torcidos. Clamen para que me busquen a mí y reconozcan al único Salvador. Clamen, porque vienen las llamas, las pérdidas, las bajas de sus soldados. Clamen, para que resista, porque viene la flecha encendida y ya está llegando, dice el Señor.

Palabras de Noelia

Mientras oraba y recibía esta palabra, veía una manzana verde partida al medio, que representa a Israel. El Señor me decía que Israel está confiando en Estados Unidos, así como en la antigüedad confiaba en el faraón y en su ejército más que en Dios; y que Netanyahu hace sus negocios con Trump sin consultar a Dios, y está enorgullecido, hablando como un gallo que infla el pecho y haciendo alarde de sus victorias como si fueran fruto de su propia capacidad.

Y el Señor me traía a la mente este pasaje:

[Isaías 30:1-2] ¡Ay de los hijos que se apartan, dice Jehová, para tomar consejo, y no de mí; para cobijarse con cubierta, y no de mi espíritu, añadiendo pecado a pecado! Que se apartan para descender a Egipto, y no han preguntado de mi boca; para fortalecerse con la fuerza de Faraón, y poner su esperanza en la sombra de Egipto.

Esta palabra profética es una de las que más me ha costado entregar y de las que más me ha quebrantado. El Señor dice en la Biblia que Israel es la niña de sus ojos, pero también dice que al que ama castiga, como un padre a su hijo.

[Proverbios 3:12] Porque Jehová al que ama castiga, como el padre al hijo a quien quiere.

Esto es lo que viene para Israel, su hijo, su escogido. Nosotros tenemos que clamar especialmente por los nacidos de nuevo en esa tierra bendita, para que puedan resistir y ser luz en medio de los misiles que van a seguir cayendo, del terrorismo que va a seguir golpeando, de las bombas que van a seguir explotando y de los edificios antiguos que van a seguir siendo derribados.

Esto no significa que Dios ha abandonado a su pueblo elegido, sino que tiene que corregirlo justamente porque tanto lo ama. El Señor llama al clamor por Israel y por su cabeza. He visto un trono vacío y oscuro. He visto vergüenza, confusión y llanto.

El Espíritu de Dios me dice en este momento que esta palabra es una confirmación para muchos de ustedes que han tenido sueños sobre este tema. Muchos de ustedes esperaban que esta palabra salga de mi boca, no porque se alegren de ella, sino porque Dios ya les había hablado sobre esto y ahora, con esta confirmación, sienten un mayor compromiso para interceder por Israel y por el pueblo judío, el cual hoy está velado para que nosotros tengamos la oportunidad de convertirnos y ser salvos.

Pero en algún momento ese velo será quitado. Yeshua será revelado, toda rodilla se doblará ante Él y todo Israel será salvo, como está escrito.