[Lucas 12:32] No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino.
Oh, amados míos, rescatados por mi propia mano, dice el Señor, ¿por qué tanto miedo? No teman, hijitos. ¿No saben que Yo los tengo en mi mano? ¿No saben que no los he abandonado? ¿Por qué están tan amedrentados, que en vez de fortalecerse, se debilitan?
¿No han entendido todavía que la prueba por la cual deben pasar en estos últimos tiempos no viene a destruirlos, sino a fortalecerlos? ¿No han entendido que lo que hago no es para derribarlos, sino para que se vuelvan aún más fuertes en mí?
Estoy fortaleciendo sus cimientos, dice el Señor. Estoy preparando el fundamento para que puedan resistir los tiempos finales. Yo mismo los hice para este tiempo. Ustedes no son un error. Están hechos del material que necesitan para resistir lo que viene. Son como diamantes: duros de quebrar, irrompibles.
Amados, ustedes no han conocido de qué están hechos, dice Dios. No han entendido quién es el que habita en ustedes. No han comprendido que no van solos a esta batalla, sino que Yo voy en ustedes, dice Jesús. Ustedes no han pensado que Yo no estoy contra ustedes, sino con ustedes, a favor de ustedes.
Amigos míos, dice el Señor, están confundidos. Si piensan y creen que no van a resistir lo que sucede y lo que aún falta por cumplirse, es porque aún no me han conocido. Si todavía temen tanto, es porque aún no han saboreado mi amor, porque el que teme no ha sido perfeccionado en el amor. Todavía no lo ha conocido como debería.
Hijitos, dice el Señor, ¿por qué tanto miedo? Si Yo los llevo por esta carrera, Yo los voy a ayudar para que la terminen. Si Yo los llevo por una prueba, esta no va a ser mayor que su capacidad de aprobarla, de resistirla, de pasarla. ¿Cómo pueden pensar que soy un Dios tan malo y que soy capaz de hacerlos pasar por algo para lo cual no están hechos?
Yo los creé para este tiempo y no para otro, dice el Señor. Amados, no le den lugar al temor. Háganle saber al enemigo quiénes son ustedes en mí. No sean como aquellos hombres que querían ir a pelear con Gedeón, pero que no llegaron a la batalla porque se dejaron dominar por el miedo, sin entender que no eran ellos los que iban a ganar esa batalla, sino Yo a través de ellos.
Amados míos, hoy vengo a consolarlos, dice el Señor. Hoy vengo a recordarles que estoy con ustedes y no en contra de ustedes. Hoy vengo a darles esta palabra de consuelo para alimentar sus espíritus y debilitar el miedo en ustedes, para que puedan resistir mejor.
Hijitos, dice Jesús, Yo ya vencí al mundo, y todo aquel que me siga es vencedor conmigo si resiste en mí hasta terminar su carrera. Amados, cambien la perspectiva. Ustedes no son débiles, porque no le pertenecen a alguien que no tiene fuerza, que no tiene poder, sino que le pertenecen al Fuerte de Israel.
Ustedes son míos, dice el Señor, y si se debilitan es porque eligen creerle al malo y no al bueno, porque una falsa creencia los puede debilitar. Tienen que cambiar su manera de pensar y aceptar quiénes son en mí, por quién han sido comprados y quién es el que los ayuda permanentemente aunque no lo vean.
Es por fe y no por vista. Ustedes no necesitan ver para creer y saber que estoy ahí y confiar en mí. Persistan y no se dejen caer, dice el Señor.
Amigos míos, estoy aquí para ayudarlos. Ustedes son capaces de resistir hasta el final. Están hechos y les he dado todo lo que necesitan para llegar en tiempo y en forma al final de la prueba.
Mi pueblo no tiene conocimiento de la capacidad que tiene, dice el Señor. Se creen más pequeños de lo que son. No saben medir su fuerza, ni su poder, ni su autoridad. Mi pueblo se deja derribar porque no ha tomado el centímetro espiritual para medir dónde empieza y dónde termina.
Señores, dice Jesús, el diablo está vencido. La serpiente antigua está condenada a perder, y ustedes se comportan como si fueran los vencidos, los abatidos, como si no lo fueran a lograr.
¿No han leído cuál es el destino del dragón? ¿No han leído cómo será el proceso completo, desde el principio hasta el final? ¿Acaso no lo he avisado desde tiempos antiguos que la serpiente sería pisada bajo mis pies?
Ustedes no son estudiosos de las Escrituras, dice el Señor. Por eso están estancados en este tiempo presente, sin considerar lo que viene para su futuro. Ustedes solo tienen ojos para ver la dificultad y no levantan la vista para ver más allá, conociendo el final.
Ustedes son los redimidos y deben levantar sus cabezas, reconociendo el tiempo en el que están y sabiendo que los dolores de parto siguen dándose y van en aumento. Su redención se acerca, dice el Señor, y deben ponerse derechos y levantar sus mentones alabándome, porque esto indica que el tiempo de la redención de todas las cosas está cerca.
[Lucas 21:28] Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca.
Amigos míos, ¿por qué no me preguntan cuánto falta y qué tienen que hacer para resistir, en vez de temer de esta manera? ¿Por qué, en vez de tomar las armas que les he dado, se rinden antes de tiempo?
Hijitos, hay un plan perfecto de la A a la Z, diseñado no para que los míos caigan y sean arrancados, sino para que sean refinados, para pasar por el fuego de esas pruebas y terminar esa carrera habiendo sido perfeccionados en mí, porque Yo lo pasé primero.
Ustedes están en mis planes, dice Jesús. Comprendan, acepten y digieran que no los he dejado y que no los voy a dejar, sino que iré con ustedes hasta el fin y no los abandonaré. Estoy aquí, y estaré allá. Del principio al fin no te he dejado, dice el Señor. Aunque veas que todo se derrumba a tu alrededor, eso no significa que no estoy ahí, dice Jesús.
Te amo, y para eso te he creado: para que seas resistente como la roca, para levantar mi bandera, por más que veas que todo se sacude debajo de tus pies. Para eso te hice: para que seas firme e inamovible, porque no estás con cualquiera, sino con el Fuerte de Israel, dice el Señor.
Amados, decidan resistir. Entiendan que son míos y no del diablo. Ustedes no están con cualquiera. Tengo a mi disposición ejércitos de ángeles que se mueven a su favor cuando están en problemas.
Tienen que confiar y seguir marchando, dice el Señor, aunque no vean lo que sucede en lo espiritual. Sigan, sigan, sigan, dice el Señor, y no se dejen amedrentar. Levanten el escudo de la fe cuando ese miedo los quiera asustar.
Amados míos, no es por causa de las pruebas que ustedes se caen; es porque el miedo los tumba y ustedes le permiten que los golpee, dice el Señor. Pero si ustedes decidieran mantenerse firmes a pesar de las pruebas, el miedo no tendría lugar para golpearlos de semejante manera.
Cuando pasan por algo difícil, ustedes se caen porque no me creen, dice el Señor, porque no confían en mí, porque les falta fe. Pero si se mantuvieran firmes en la fe y en la esperanza, resistiendo por la fuerza de mi Espíritu, nada los haría caer.
Avancen y no retrocedan, dice el Señor, sin permitir que ninguna prueba los voltee.
Cuando escuchen noticias difíciles de escuchar, cuando sus oídos sangren porque las cosas que se van a anunciar van a hacer temblar a las naciones, ustedes recuerden sobre qué piedra están parados. Cuando todo se derrumbe —la economía, los gobiernos, las instituciones—, recuerdenle a su alma a qué vid están adheridos, dice el Señor.
Cuando el mundo se encienda en llamas y las aguas cubran las costas de todos los continentes, cuando el nivel del mar suba e inunde las ciudades, y los terremotos sean más grandes que nunca antes, cuando los volcanes no dejen de escupir lava por la furia del hombre manifestada en ellos y los huracanes aumenten su intensidad, cuando los edificios se derrumben por causa de las bombas atómicas que van a explotar y los hospitales se llenen de enfermos, sin que alcancen las medicinas ni los médicos, cuando los cementerios estén completos y haya que abrir zanjas y zanjas para enterrar a tantos muertos, cuando las pestes se multipliquen y anden cerca de sus casas, cuando las enfermedades se agraven y se multipliquen los cánceres fulminantes, cuando los hospitales psiquiátricos ya no tengan lugar porque el hombre se vuelve loco, cuando hasta los cristianos dejen de amar y se enfríen cada vez más, dándoles vuelta la cara, acusándolos, vituperándolos, dejándolos en ridículo, lastimándolos y echándolos de los templos; cuando vean que todas estas cosas anunciadas en mi Palabra aumenten y se den cada vez más seguido y en mayor cantidad, cuando sus ojos se asombren por ver lo que se va a manifestar y que antes no se veía en términos espirituales, cuando se manifieste el engaño en los cielos, cuando sea cada vez más difícil discernir entre la verdad y el engaño, ustedes recuerden de quién son y de qué están hechos, dice el Señor.
Ustedes son reyes y sacerdotes, hechos de acero que no se dobla fácilmente, noble y resistente. Ustedes pueden y deben resistir hasta el final.
Hoy imparto fuerza para que resistan, dice Jesús, y les hablo estas palabras, que son como un baldazo de agua fría en sus caras, para que reaccionen y dejen de comportarse como víctimas de los últimos días.
Ya el sacrificio fue entregado, dice el Señor. Ya el cordero fue llevado al matadero. Ya está hecho. No hay nada más que sacrificar. Ustedes son míos y van a resistir si lo creen. Y si deciden resistir hasta el final, Yo lo voy a hacer, porque Yo estoy en ustedes y no estoy lejos de ustedes.
Amados míos, resistan y no teman, dice el Señor. Estoy aquí.
Noelia: Ahora veo a Jesús al lado de todos nosotros, de todos los que creemos en Él. El Señor está ahora con nosotros y en nosotros.
Soy Yo el que lo voy a hacer a través de ustedes, dice el Señor. Cuando estén débiles, Yo voy a estar fuerte. Cuando sientan que no pueden más, Yo voy a resistir. Los voy a llamar, los voy a equipar y los voy a enviar una y otra vez, tantas veces como haga falta, porque no me canso ni descanso. No me aparto y luego vuelvo, sino que me mantengo firme a su lado.
Resistan y créanme, dice el Señor. Solo quiero que me amen y que hagan lo que les pido. Mi carga es ligera y no es pesada. Simplemente tienen que dejarse llevar.
Noelia: Veo al Espíritu Santo ministrando a las almas cansadas. Veo ángeles que el Señor envía a los que necesitan ser levantados porque ya no pueden más.
El Señor dice que hoy ha impartido a tu corazón valentía y denuedo para reemplazar ese miedo que te atormentaba. El Señor te está hablando por sueños para recordarte que no temas, para enseñarte a ordenarle al diablo que retroceda cuando venga a amedrentarte. Es el Señor el que te da estrategias para defenderte y para atacar. No estás solo, sino acompañado.
Esta palabra profética es como una inyección espiritual para el sistema inmunológico de tu espíritu, y el Señor la usa para fortalecer lo que estaba débil. Si te abres para creer y para recibir lo que Él está hablando, va a ser como medicina.
Levántate, guerrero, y pelea, dice el Señor. Levántate, guerrera, y demuestra cuál es tu consistencia. Levanten las armas y úsenlas. No teman, y van a resistir hasta el final.
Noelia: Tú ya tienes la llave que nosotros necesitamos, Señor. Tú eres la solución. Por eso somos más que vencedores y no perdedores. Los diablos están enojados y sufren tortura al escuchar esta palabra.
Cuando un hijo de Dios entiende quién es y se mantiene firme en ese conocimiento de su identidad, los demonios se debilitan al enfrentarlo. Lloran, tiemblan y hasta huyen cuando un hijo de Dios les declara en la cara a quién pertenece, quién está con él y en qué nombre viene.
Compórtense como tal, dice el Señor. Compórtense como lo que son. Los envío como valientes y no como miedosos, como cobardes, porque los cobardes no heredarán el reino de Dios.
Arrebaten lo que es de ustedes. Apliquen violencia espiritual. Cuando venga el enemigo a tratar de hacer temblar sus pies para ver si caen, resistan bien plantados, como un árbol de raíces profundas que no es fácil de arrancar.
Hoy los fortalezco y les recuerdo quiénes son en mí, dice el Señor. Créanlo y sigan persistiendo. Estoy aquí, no me he ido y no me voy a ir. Resistan, hijitos, porque para eso están hechos.
Amén.