Palabra sobre la guerra en Israel
Mensaje profético recibido por Noelia Fernández
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Palabra profética recibida durante una reunión de intercesión por Israel
Hijitos, tengan esperanza, dice el Señor. Tengan esperanza, porque estas bombas tienen que explotar. Estos nudos tienen que desatarse, y estoy poniendo mi dedo sobre ellos para que se desaten.
Esto es como una olla que se ha destapado. Es como un agujero en la tierra que estaba tapado, y debajo había cosas que tenían que salir a la superficie, o como un hormiguero que uno abre y provoca a las hormigas, y ellas salen todas juntas hacia afuera.
Así es el enemigo. Ha estado agazapado, tejiendo, reforzándose y ganando poder, con una sed cada vez mayor de venganza y de muerte, una sed de aniquilar a todo judío que pisa esta tierra.
Noelia: Ahora veo espíritus de muerte moviéndose tremendamente sobre la tierra de Israel.
Israel estaba distraído, dice el Señor. Se peleaban entre ellos para ver quién tenía la razón y quién se quedaba con el cetro del poder, pasándoselo de unos a otros para ver quién dominaba a las masas de Israel y las llevaba hacia donde cada uno quería, acorde a sus propias conveniencias y no a las Mías.
Mientras ellos se peleaban y levantaban el mentón con arrogancia, olvidándose de Mí, el enemigo crecía, dice el Señor. El enemigo esperaba agazapado, con las armas ya cargadas.
Israel se descuidó y bajó el vallado, dice el Señor, concentrándose en cosas en las que no tenía que concentrarse. Israel se dejó llevar y ya estaba dividido antes de que todo esto suceda.
Noelia: Veo a Israel dividido por la mitad.
Un pueblo dividido no puede permanecer, dice el Señor. Una nación con una grieta tan grande en medio de su tierra, ¿cómo puede defenderse de semejante ataque premeditado?
El enemigo entró como río por todos lados. Entró por las fronteras debilitadas y por los flancos que encontró fáciles de derribar, y comenzó a esparcirse, y todavía hay sectores que siguen contaminados por estos enemigos.
Noelia: Yo los veo ahora como hormigas que de repente salen del hormiguero para atacar como un solo ejército.
Ellos sí están unidos, dice el Señor. Tienen una sola mente y una sola meta: eliminar a mi pueblo y todo lo que viene de Mí Y que ha nacido de mis entrañas. Ellos tienen claro lo que deben hacer y no dudan ni vacilan. Quieren dar en el blanco y cumplir sus propósitos. Están absolutamente determinados y no les importa entregar su vida para alcanzar esa meta que su amo, el diablo, les ha fijado.
Hijitos, entiendan que si no hay unidad, no hay victoria, dice el Señor. ¿Cómo piensa Israel ganar esta guerra si no se pone de acuerdo consigo mismo? Ahora Israel es como un cuerpo con cáncer que se ha esparcido por distintos órganos. ¿Cómo puede un enfermo tener fuerzas para defenderse del ataque de alguien que está completamente sano?
El enemigo está unido y decidido, y su mente está fortalecida. Hasta han ayunado para concretar este ataque, dice el Señor. Han ayunado para que aumente el número de muertos en Israel, y mi pueblo apenas si puede ayunar un día por la tierra que Yo le di.
Hijitos, dice el Señor, entiendan que Israel aún hoy sigue distraído. Parte de ellos ha levantado clamor a mi nombre, pero son una minoría que ora sin fuerza.
Muchos de ellos no sienten el dolor que Yo estoy sintiendo ahora al ver a mis niños decapitados, a mis mujeres embarazadas con los vientres destrozados y a mis viejos —que deberían pasar sus últimos días tranquilos, disfrutando de la tierra que les di— desmembrados. Algunos de los que hoy habitan en la tierra de Israel no sienten el dolor que Yo siento en mis entrañas por Israel, ni siquiera viéndolo con sus propios ojos.
¡Recapaciten! ¡Arrepiéntanse! ¡Clamen de verdad! Ayunen, dice el Señor, como cuando se le anunció a Nínive que iba a ser borrada del mapa y todo el pueblo se arrepintió a una y ayunó.
Israel no entiende que el enemigo sigue entrando, que las fronteras espirituales siguen abiertas, que Israel sigue estando en peligro. Ellos confían en sus armas, pero no en el Dios de los ejércitos. Me nombran, dice el Señor, pero no estoy en sus corazones. No creen que realmente Yo soy el Comandante de las filas del ejército. Creen en su propia fuerza y se vanaglorian, hablando de su escudo de protección, de sus armas y de sus soldados.
Ciertamente los soldados tienen esa tierra en el corazón, y por eso los honro, dice el Señor, pero están confiando en sí mismos y no en Mí. Las oraciones de muchos de ellos llegan hasta el techo y de ahí no pasan, porque solo se acuerdan de Mí cuando les conviene. Pero cuando el peligro pasa, vuelven a los placeres de la vida, vuelven a la superficialidad, vuelven a olvidarse de quién los salvó. Y así como se olvidaron de Mí después de que los saqué de la tierra de Egipto, lo mismo sucede hoy.
Israel no tiene fe, dice el Señor. Israel confía en sus armas y en su propia fuerza, pero no es como Gedeón, que tuvo la fe para vencer a aquel ejército de miles y miles con solamente 300 hombres, porque sabía que la victoria no era de él, sino Mía; que no dependía del número de soldados, sino de Mí, porque Yo soy el que da la victoria.
Hijitos, oren, dice el Señor. Oren para que Israel crezca en fe, para que sus ojos se abran y finalmente miren al cielo y me reconozcan como su Dios, y no solo le digan al mundo que Yo soy su Dios cuando en realidad me provocan a celos constantemente.
Yo no me he olvidado de ellos, dice el Señor, pero mi justicia es mi justicia, y estas cosas deben suceder para que Israel vea el estado en que está y reaccione, para que se arrodille ante mi majestad y me pida rescate, me pida auxilio, como un hijo que se acuerda de su padre y clama de verdad porque sabe que de otra manera no va a salvarse.
Noelia: Vuelvo a ver la tierra de Israel dividida, con una grieta en el medio. Hay una división más grande de lo que se sabe o se sospecha, y el enemigo la ve con más claridad que los habitantes de Israel y ha aprovechado esto para tratar de dividir aún más su tierra.
Escucho la palabra «límites». El enemigo quiere ampliar sus límites. El enemigo quiere seguir entrando en la tierra y conquistándola. El enemigo quiere dividir a Israel y ampliar su tienda dentro de Israel.
Tengan cuidado, hijitos, dice el Señor, porque esto no se ha terminado.
Noelia: Veo una bandera de la paz en Israel.
Oren, hijitos, dice el Señor, porque ahora Israel se está manejando por orgullo. Los gobernantes, los que tienen que tomar decisiones sobre esta guerra, se están manejando por orgullo.
No es que Netanyahu levante la vista y me pregunte a Mí qué tiene que hacer, sino que actúa porque se cree fuerte, porque él mismo se cree un tanque de guerra, sin darse cuenta de que por sí solo nada puede hacer si no va con la fuerza de mi mano.
Oren para que sus ojos sean abiertos en este aspecto, para que deje de confiar en sí mismo y en la fuerza de su ejército, y comience a poner sus ojos y su corazón en Mí y a confiar en mi fuerza, porque no es por fuerza ni por ejército, sino por mi Espíritu.
Noelia: Veo que el Señor todavía no ha golpeado su martillo de juez sobre la mesa para detener esta guerra, para frenar los ataques. El Señor aún no ha decretado un final; está esperando que el pueblo levante la mirada y lo mire, que lo reconozca, que lo busque.
El Señor espera que el pueblo se examine a sí mismo y se pregunte: «¿Por qué nos ha pasado esto? ¿Por qué nos abandonaste, Señor? ¿No somos tu pueblo?», y ahí descubra que sus vestiduras están manchadas.
Con sus bocas pronuncian mi nombre, dice el Señor, diciendo que son mi nación, pero están lejos de Mí. Yo quiero que Israel reconozca su pecado y reaccione.
Oren por un arrepentimiento genuino, por un quebrantamiento de la dureza de los corazones, dice el Señor.
Noelia: Veo a los judíos diciendo: «Yo soy simiente de Abraham. A nosotros nadie nos va a tocar. A nosotros nadie nos va a alcanzar, porque el Señor es nuestro protector».
Pero están ciegos, están duros, están cerrados, dice el Señor. Yo toco a su puerta continuamente, una y otra vez. Los busco de mil maneras. Mi Espíritu ronda por sus barrios, buscando un corazón que se abra a Mí, pero sus corazones son como diamantes, duros y difíciles de tallar.
Hijitos, oren para que los judíos se conviertan y entiendan que han quedado congelados en el tiempo, para que entiendan y les sea revelada la sangre que también fue derramada por ellos. Hijitos, oren y no dejen de orar, porque estoy esperando gente que se levante, gente que llore, gente que clame, gente que gima, gente que pida justicia por la sangre de esos bebés inocentes.
Noelia: Veo al enemigo como un perro rabioso que destroza la carne, que devora niños, jóvenes, adultos y ancianos. La orden es matar, aniquilar, destruir, devorar. El enemigo es como un perro que no entiende y no puede ser domado, completamente tomado por la maldad, por la muerte, por la sed de venganza, por el deseo de ver aumentar la cantidad de tumbas de los judíos.
Ellos quieren ver nuevos cementerios judíos, dice el Señor. Quieren ver la tierra de Israel llena de tumbas. No se sacian con las muertes que ha habido ni con las victorias que han alcanzado. Quieren más y vienen por más.
Noelia: Muchos de ustedes no creen que esto es tan grave como el Señor está revelando, así como tampoco creyeron cuando el Señor anunció que esto se estaba forjando en la oscuridad.
Oren también para que el cuerpo de Cristo crea que vienen cosas peores para Israel, dice el Señor. Pero tengan fe, porque, aunque los he entregado en manos de sus enemigos, no los he abandonado. Aún están en mi mano y nunca los voy a soltar.