El misterio de Israel y los judíos
Mensaje profético recibido por Noelia Fernández
Disponible en Inglés Español
El Espíritu de Dios quiere hablarle hoy a la congregación de los santos, porque hay muchos que están confundidos en estos últimos tiempos. Hay tantas corrientes doctrinales, tantos tipos de enseñanzas, tantas voces que hablan, y donde no hay profecía, el pueblo se desenfrena.
Por eso, el Espíritu de Dios quiere hablarte hoy para reencaminarte en el entendimiento, para impartirte conocimiento, para aclarar tus pensamientos, para que abras los ojos, mires hacia abajo y entiendas dónde estás pisando, porque estos son los últimos días. Este es el tiempo final, y los días corren y corren, como las hojas de un calendario que van pasando una a una. Pasan los días, pasan los meses, pasan los años, y los días se van acortando, como dice la Palabra.
[Mateo 24:22] Si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados.
El Señor levanta voces para reencaminar a un pueblo que es como un redil de ovejas que se pierden una y otra vez, que inocentemente se escapan por debajo de las vallas, sin darse cuenta de dónde se están metiendo. El pueblo del Señor es como ovejas que se van distraídas detrás de algo que ven, sin darse cuenta de que si no prestan atención, terminan metiéndose en lodo cenagoso.
Así son los hijos de Cristo Jesús que no están alerta, que no velan de día y de noche, que escuchan pero no oyen, que no se preparan, que no se ponen a cuentas. Muchas veces son como ovejas que comen cualquier alimento que se les da, sin fijarse en lo que se les pone delante de los ojos.
Hijitos, tengan cuidado, dice el Señor, porque hay muchos que están comiendo pan contaminado, alimento engañoso que por fuera se ve muy sabroso y apetecible, pero por dentro está lleno de moho.
Oh, engañoso es el corazón, más que todas las cosas, y ustedes a veces se meten en doctrinas que ensucian el conocimiento y envanecen el corazón.
Tengan cuidado, hijitos, dice el Señor. Pregúntenme primero a Mí cuáles son las cosas que ustedes tienen que comer, cuáles son las cosas que tienen que escuchar, cuáles son las cosas que tienen que observar.
¿O acaso ustedes, cuando llega la hora de alimentarse, van a la heladera, sacan una comida que ya está pasada y la comen igual? ¿O, si ven que algo tiene moho y gusanos adentro, se lo dan igualmente a sus hijos para que lo coman? ¿Por qué entonces no tienen el mismo cuidado cuando se alimentan de las cosas espirituales?, dice el Señor.
La Palabra dice que en los postreros tiempos habrá falsos maestros y falsos profetas, lobos rapaces que devorarán a mi pueblo. Y Yo veo desde mi trono cómo mis ovejas son devoradas por estos lobos rapaces que tienen intenciones escondidas profundamente guardadas en sus bolsillos y van atrayendo a las ovejas con cosas que les gustan, con cosas que desean, con cosas que su corazón cómodo y holgazán quiere escuchar.
Hijitos, cuidado, dice el Señor. Yo advertí que en los últimos días abundará el engaño. Abran los ojos y escudriñen al milímetro cada cosa que escuchan, y no reciban ese pan sin antes estar seguros de que es pan no contaminado, pan sin levadura.
Límpiate, dice el Señor.
Noelia: Veo a alguien vomitando. El Señor les está hablando en este momento a todos los que están acostumbrados a comer lo primero que se les cruza por delante. No se alimentan de una sola fuente, sino que son como alguien con un problema de glotonería que, al sentarse a la mesa, empieza a comer de todo al mismo tiempo, hasta que termina con una indigestión.
Noelia: El Señor me revela que muchos de ustedes son así. Se sientan a la mesa y, en vez de elegir sabiamente qué van a comer acorde a lo que su cuerpo necesita, comen sin pensar. No solo comen comida contaminada, sino también comida que no alimenta de verdad: vacía de nutrientes, pero llena de grasa, de azúcar, de muerte y de enfermedad.
Y no solo eso, dice el Señor. No les alcanza con una rodaja de ese alimento que no alimenta, sino que comen en abundancia, hasta que ya no pueden más.
Así son muchos de mis hijos en estos últimos días, dice el Señor. En vez de darse cuenta de que están caminando en un campo minado donde hay que ir con mucho cuidado, en vez de estar preparados y listos para darle batalla a cualquier oposición, toman lo primero que les ofrecen.
Hijitos, sean inteligentes para las cosas espirituales. Hijitos, pónganse anteojos para ver mejor lo que leen en la Palabra. Hijitos, porque no ayunan, muchas veces no están lo suficientemente despiertos para reconocer una mentira.
No pueden discernir entre lo que es bueno y lo que no lo es, y entonces entra el error, porque están tan cargados con las cosas de la carne, tan acostumbrados y acomodados a las cosas del mundo, que leen, pero no comen; comen, pero no tragan; tragan, pero no digieren.
Oh, hijitos, hoy estoy llamando a un pueblo que sabe escuchar mi voz, porque hay un remanente que sí está despierto y me pide que le hable, que le aclare, que le haga entender lo que hoy no entiende. Les hablo a las ovejas distraídas, a las rebeldes y también a las obedientes. Les hablo a todo tipo de ovejas que tengo en mi redil, para ver si puedo salvar a muchas de ellas.
Hijitos, pregunta el Señor, ¿qué piensan que está sucediendo en este tiempo en el mundo?
Noelia: El Señor me hace saber que muchos de ustedes se están preguntando en sus corazones por qué acontece lo que acontece y dicen: «¿Cómo puede ser que, si Israel es el pueblo de Dios, pueda ser atacado de esta manera? ¿Cómo tengo que orar? ¿Cómo debo interceder? ¿Qué tiene que ver conmigo lo que está pasando allá?».
Veo una semilla, y entiendo que esta semilla tiene que ver con el Génesis. Y escucho la palabra «principio».
Todo comenzó allí, dice el Señor. El Mesías nació allí y murió allí, pero no todo termina allí.
Noelia: Hay muchos de ustedes que piensan que porque Jesús nació en Israel y murió en Israel, allí se termina todo, y que no hay que prestarle más atención a lo que sucede en esa tierra.
Ahora veo un olivo que se secó, y al secarse cayeron ramas de ese árbol, y cuando esas ramas cayeron, la mano del Señor injertó nuevas ramas. Veo la mano de Dios injertando nuevas ramas en ese olivo.
Ustedes son las ramas injertadas en ese olivo, dice el Señor. Ustedes están bebiendo de la savia que corre por ese olivo. Ustedes se están alimentando de ese olivo, que es Israel.
Noelia: Veo candados cerrados en los corazones de muchos. Es un bloqueo para que no reciban la revelación del misterio de Israel en sus corazones. Veo a muchos con vendas en los ojos para que no vean la importancia de Israel en los tiempos proféticos que Dios estableció, para que no entiendan el papel que esta pieza del rompecabezas juega en el plan profético del Señor.
Pero así como Saulo estaba ciego y no tuvo la revelación del Mesías hasta que cayeron las escamas de sus ojos y pudo ver quién era el Salvador y reconocer a Jesús como el Hijo de Dios, así también en este tiempo estoy quitando las vendas de los ojos de mi pueblo, dice el Señor, para que puedan entender cuál es su procedencia.
Ustedes son hijos de Abraham, dice el Señor, injertados en ese olivo por fe. Así como las ramas naturales fueron quitadas de ese árbol por incredulidad, ustedes, gracias al lugar que ellos dejaron en ese árbol por su transgresión, fueron injertados en ese olivo por fe. Ellos fueron quitados por incredulidad, pero ustedes son injertados por fe.
Entiendan, hijitos, entiendan que Yo vengo por un pueblo entendido, dice Jesús. Entiendan que Yo soy judío, del linaje de David, judío de los judíos. Entiendan que vine a este mundo para cumplir cabalmente la ley de Moisés y así liberar a mi pueblo de la esclavitud de esa ley, para establecer un nuevo pacto en mi sangre.
Hijos, entiendan cuál es mi descendencia según la carne, dice Jesús, porque en estos últimos tiempos también les voy a revelar a muchos cuál es su descendencia. Y llega la hora en la que se van a abrir muchos ojos y van a entender muchas cosas que antes no entendían, y el misterio de Israel y de los judíos será implantado en los corazones que estaban cerrados. La verdad entrará como un río en tierra seca en esos corazones que estaban lejos del entendimiento de la tierra elegida, lejos del entendimiento de la raíz santa.
Les haré entender, y así como una vez coloqué mis leyes en los corazones, voy a colocar una revelación nueva, dice Jesús, porque Yo soy la Semilla santa del linaje escogido, elegido por el Dios de Israel, por el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios que no ha desechado a su pueblo.
Sin embargo, dice el Señor, gran parte de mi propio pueblo sí desecha a mi pueblo.
Noelia: El Espíritu me revela que gran parte de la iglesia del Señor Jesucristo, de los nacidos de nuevo por agua y por Espíritu, desprecia a los judíos y niega que son el pueblo escogido por la misma mano del Señor.
Sin embargo, dice el Señor, ustedes no entienden que cuando hacen eso es como si me desecharan a Mí, porque Yo vengo de la misma raíz.
Es que ocurrió un endurecimiento en parte, dice el Señor. Sus corazones están endurecidos y ahora no entienden, pero van a entender. Ellos tienen vendas en los ojos, pero esas vendas van a caer. Ahora no pueden verme como el Mesías, pero llegado el momento, lo van a hacer. Les será revelado, dice Jesús, y todo Israel será salvo en aquel día. Habrá fiesta en el cielo por lo que voy a hacer, porque será un milagro muy grande a los ojos del mundo el día que los vuelva a injertar.
Abriré y rasgaré el velo de sus corazones para entrar al lugar santísimo, dice el Señor. Me sentaré en el trono de esos corazones y quebrantaré la piedra que los rodea. Haré ese milagro ante los ojos del mundo, hijos, y muchos se van a maravillar. Y todo Israel será salvo en aquel día.
Por eso, hijos, entiendan que cuando ustedes rechazan a mi pueblo, me rechazan a Mí, dice el Señor. Pídanme entendimiento, entendimiento que muchos de ustedes no tienen. Voy a volver a injertar esas ramas desgajadas al olivo santo, porque ese olivo nunca fue desarraigado por completo, aunque fue castigado.
Hijitos, oren por Israel, dice el Señor. Oren para que los ojos de los judíos, que ahora están velados, se esclarezcan. Oren para que la luz del evangelio ilumine sus corazones. Oren e intercedan por ellos, porque Yo llamo a un pueblo entendido a interceder por este olivo.
Deben entender que cuando ustedes interceden por este olivo que ahora está seco, dice el Señor, están intercediendo por ustedes mismos, porque ustedes son parte de ese mismo olivo. Y cuando interceden por ese olivo, hacen que los tiempos y los plazos se cumplan cuando tienen que cumplirse. Es necesaria la intervención de los intercesores del Reino para que cada pieza de ese rompecabezas esté donde tiene que estar y cuando tiene que estar.
En este momento los ojos del mundo miran hacia Israel. Todos opinan sobre lo que pasa en Israel, pero no se dan cuenta del cuidado que deben tener cuando hablan de la niña de mis ojos, porque Israel es mi bebé, dice el Señor. Y así como una madre no abandona a su bebé, así tampoco Yo lo he abandonado por completo. Por eso, el que toca a Israel toca a la niña de mi ojo.
Hijitos, dice el Señor, entiendan que estas cosas tienen que pasar. Entiendan que el enemigo ha entrado como un río en la tierra de Israel, como aguas subterráneas que se infiltran en la tierra sin que uno lo note, despacito y con paciencia.
Satanás entró en esa tierra para destruir a mucho pueblo, dice el Señor, y mis ojos miran lo que pasa. Mis ojos ven cómo ahora el mapa de Israel está cubierto de sangre. Mis ojos buscan alrededor de la tierra cuáles son los corazones que también sangran por el sufrimiento de mi tierra santa, cuáles son los vientres que se duelen, clamando, gimiendo e intercediendo por esa tierra que le entregué a Abraham para siempre.
Noelia: Veo una espada clavada en Israel, y al enemigo que entró como agua.
Hijitos, oren, dice el Señor. Oren para que sus ojos sean abiertos. Oren para que Israel despierte. Oren, porque lo que les pase a ellos va a determinar lo que les pase a ustedes.
Noelia: El Señor me repite que Israel es como un olivo donde nosotros estamos injertados por fe. Por eso, lo que le pase a ese árbol nos va a afectar a nosotros, porque es un solo pueblo.
Por lo tanto, intercedan por ellos, dice el Señor, para que hallen misericordia delante de mis ojos, para que los libre de la mano del enemigo y el pago no sea más alto de lo que debe ser.
Israel estaba distraído, dividido y ocupado en sus asuntos internos, dice el Señor. Se peleaban entre ellos y descuidaron las fronteras. Descuidaron el aire, la tierra y el mar. Pero un reino dividido no puede permanecer.
Oren por la unión y para que el enemigo no retarde los plazos en los que algunas cosas tinen que cumplirse. Oren, dice el Señor, porque aún hay un remanente allí, escogido por gracia, remanente que está haciendo su trabajo en esa tierra, remanente que mis ojos observan de cerca.
Hay muchas cosas que ustedes no entienden y muchas cosas que no pueden ver, dice el Señor. No solo los judíos están cegados, sino que mis hijos también están cegados en cuanto al entendimiento de los últimos días, al entendimiento de la niña de mis ojos y de la descendencia por sangre.
Mi pueblo también tiene vendas en los ojos cuando se habla de los judíos, dice el Señor. Pero les voy a hacer entender, les voy a revelar y les voy a explicar los misterios que estaban escondidos para ustedes.
Hijitos, entiendan y pregúntenme todas las cosas, para que les dé respuestas, para que les diga dónde leer en la Palabra acerca de lo que me están preguntando, dice el Señor. Mediten en la Palabra sobre estas cosas y pídanme no solo revelación, sino también equilibrio en el entendimiento de las cosas espirituales Porque muchos de ustedes tienen miedo de entender y de ver, pensando que si empiezan a investigar ciertas cosas, eso es igual a meterse en una religión nueva.
No, no los estoy llamando a colocarse esposas en las muñecas, no los estoy llamando a esclavizarse, dice el Señor. Los estoy llamando a entender qué tienen que ver Israel y el pueblo judío con los acontecimientos de los últimos días. Los estoy llamando a ver a esa nación como un reloj donde corren los segundos, los minutos y las horas.
Los estoy llamando a entender que lo que pase allí, en el corazón del mundo, en el centro de todas las cosas, va a afectar al resto de la tierra, incluyéndolos primeramente a ustedes, porque están íntimamente ligados a ese árbol.
Si la tierra se sacude debajo de ese árbol, ustedes también van a ser sacudidos. Si el sol sale para ese árbol, ustedes también van a ser iluminados. Y si la lluvia cae sobre sus hojas, ustedes también la van a recibir. Porque los primeros fueron ellos, y los últimos también serán ellos, mis escogidos, para demostrar mi gloria y mi poder en ellos y mostrar un ejemplo al resto del mundo.
Hay muchas profecías que tienen que cumplirse y que tienen que ver con el pueblo de Israel, dice el Señor. Pongan sus ojos hacia el este y observen lo que voy a hacer. Miren hacia allá y no se hagan los distraídos, porque todo lo que pase allá también les va a pasar simultáneamente a ustedes en lo espiritual. Cuando Israel sea atacado, ustedes también se van a sentir atacados. Cuando Israel se goce, ustedes también se van a gozar.
Abran los ojos y sean curiosos acerca de las cosas espirituales que están conectadas, dice el Señor, porque no son ajenos a lo que sucede en Israel.
Yo soy el judío de los judíos, el Linaje santo, la Raíz de David, dice Jesús. Yo nací en Israel. Humildemente caminé en esa tierra, cumplí mi ministerio en esa tierra, recorriendo los distintos lugares de Israel, y entregué mi vida en Jerusalén.
Mis ojos están sobre Israel. Mi corazón late por Israel. Mis entrañas se duelen con Israel cuando tiene que ser castigado, cuando tiene que ser corregido, cuando sufre, cuando llora. Mis oídos escuchan a Israel cuando clama y se arrepiente.
Estoy colocando este amor por él en mi pueblo escogido. Estoy colocando en mi congregación de los santos esta semilla de amor, de intercesión y también de dolor, para que cuando Yo llore por Israel, mi hijo rebelde, ustedes también lloren conmigo; para que cuando Yo sonría por un hijo que vuelve a mis brazos, ustedes también sonrían conmigo; y para que cuando Israel se esté hundiendo en las aguas y clame por salvación, ustedes también clamen conmigo por su salvación.
Hijitos, entiendan que Israel es mi hijo, que salió de mis entrañas. Yo mismo lo creé. Yo mismo posé mi mano sobre esa tierra, que le entregué a los padres eternamente y para siempre. Entiendan que de generación en generación fui tratando con este pueblo insensato y rebelde, pero nunca dejé de amarlo.
Duélanse con ellos, dice el Señor, pero también sonrían con ellos. Vuélvanse amigos de Israel y no enemigos, porque el enemigo ciertamente quiere eliminar todo lo que tenga que ver con mi historia, dice Jesús. El enemigo quiere borrar todo lo que tenga que ver con mi nombre, y si pudiera ejecutar hasta al último judío, lo haría en un segundo, sin pensarlo.
Noelia: Veo a los enemigos de Israel rodeándolo como aguas que vienen todas juntas desde afuera hacia adentro, como perros rabiosos, deseosos de devorar su carne hasta que solo queden los huesos.
Esto es primeramente espiritual, dice el Señor. Es Satanás quien envía a sus ejércitos a devorar la carne de mi hijo. Por eso, entiendan que deben levantar bandera por Israel, hijitos. Deben entender este misterio para poder participar en mi plan profético de los últimos días.
Ustedes son una pieza de este rompecabezas, y si los Míos no intercedieran por el papel de Israel en los últimos días, las cosas se retrasarían y se complicarían.
Yo ciertamente tengo un plan, un plan que no ha terminado, un plan que está en desarrollo, un plan de restauración de todas las cosas. Israel es una pieza fundamental, la piedra angular de ese edificio que representa el plan de los últimos días, y si Yo la quitara, todo el edificio se vendría abajo.
Noelia: Veo a Josué antes de cruzar el río Jordán, cuando el Señor le dijo: «Esfuérzate y sé valiente, porque Yo estaré contigo».
El Señor me muestra que en los próximos años, muchos van a cruzar ese río. Van a salir de las tierras donde viven ahora para ir a vivir a la tierra prometida, la tierra donde fluyen leche y miel. Todavía falta que mucho pueblo retorne a la tierra de Isarel.
El Señor me revela que Israel es un gigante que se está formando. Todavía no está completo el número de sus habitantes. Hay mucho pueblo judío que sigue disperso por todo el mundo. Los brazos de este gigante aún no están formados, el pecho todavía no está completo, y este gigante espiritual todavía tiene que levantarse. Pero cuando los judíos terminen de volver a su tierra, este hombre estará listo para enfrentarse a las naciones de la tierra como nunca antes.
En los próximos años, muchos van a cruzar ese río, como lo hizo Josué. Dios los va a llamar a salir de Egipto, que representa las naciones donde viven ahora, y van a cruzar no solo el mar Rojo, sino también el Jordán. Después de dejar sus tierras y pasar por el desierto de la transición, el Señor los va a llamar a cruzar ese río para pisar la tierra prometida.
Aún falta que mucho pueblo regrese, dice el Señor. Es el retorno prometido. Es el cumplimiento de la palabra profética más segura.
Estoy llamando a mis hijos. Mi voz resuena desde Israel por toda la tierra para que vuelvan, y sus corazones no se van a poder resistir, dice el Señor, porque para entonces ya van tener una sensación de pertenencia a ese lugar. Van a sentir que Israel es su tierra, y no los países donde están ahora. Será un gran éxodo de todas las naciones hacia el centro del mundo, que es Israel.
Noelia: Dios dice que tenemos que interceder por esto, para que la revelación les sea concedida a quienes tengan que recibirla. Estas personas van a sentir en sus corazones un llamado como: «Hijo, ven. Hijo, te estoy llamando para que vengas, cruces ese río y tomes la tierra prometida, la tierra de Abraham, de Isaac y de Jacob». Y así, esa pieza del rompecabezas va a quedar completa y sucederá lo que tenga que suceder.
Israel es la copa de tropiezo para todas las naciones, dice el Señor. Los ojos del mundo van a mirar y seguirán mirando a Israel, y todos hablarán de lo que voy a hacer y dejar de hacer.
Nadie puede dejar de mirar a Israel, porque mi mano está allí. Y mucho menos ustedes deben dejar de mirarlo, dice el Señor, porque hasta el mundo se da cuenta de que es un lugar especial, pero mis hijos no.
Voy a sacudir a este pueblo, dice el Señor.
Noelia: Estoy viendo un terremoto en Israel.
No hay ninguna casualidad, dice el Señor. No hay nada que pase al azar, porque todo está en mis manos. Y si Yo le he abierto la puerta al enemigo, es para que sus corazones se vuelvan a Mí, para que salgan de la distracción en la que están, reaccionen y entiendan que la letra muerta no los va a salvar; para que levanten sus ojos al cielo y me pregunten: «Señor, ¿qué está pasando? ¿Por qué permites esto en nuestra tierra? ¿Por qué nos dejas ahogarnos así?».
Tal vez así pueda revelarme a muchos, dice Jesús. Tal vez a través de esa desesperación realmente me busquen y dejen de seguir una religión vacía y costumbres de hombres que nada aprovechan. Tal vez así se den cuenta de que están ciegos, sordos, como paralíticos espirituales, y clamen a Mí. Porque si mi pueblo se arrepintiera y clamara a Mí, Yo respondería.
[2 Crónicas 7:14] Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.
Oren por eso, hijitos, dice el Señor. Oren para que ellos no clamen a los políticos ni pongan su confianza en sus sistemas de defensa, porque si no es por mi Espíritu, ningún hombre encontrará protección en ninguna otra fuerza. Oren para que el escudo espiritual que ha sido quitado momentáneamente vuelva a colocarse sobre los cielos de Israel, y para que el hombre entienda que si Yo no defiendo una tierra, nada puede defenderla.
Este sacudimiento que Israel está sufriendo en este tiempo también sirve para que vuelvan a mirarse a los ojos unos a otros, se den cuenta de que se están atacando a sí mismos y se arrepientan de pecar contra el hermano.
Oren por la unión entre los ciudadanos israelíes. Oren para que se conecten entre ellos, porque un ejército dividido no puede obtener la victoria.
Yo no solo estoy mirando lo que sucede allí y cómo reaccionan los ciudadanos israelíes, dice el Señor, sino también cómo reacciona mi pueblo alrededor del mundo ante lo que está pasando ahora: si se convierten en una pieza más que maldice a mi tierra elegida y bendice a sus enemigos, o si se alinean con mi plan profético.
Este es el pan que hoy quiero darles de comer, dice el Señor. Es un pan de entendimiento, porque ustedes dicen: «¿Qué tienen que ver los judíos conmigo? ¿Qué tiene que ver Israel conmigo, si está tan lejos?». Pero en lo espiritual no hay distancias, y ustedes también son hijos de Abraham.
Así que oren y mediten en estas cosas, hijitos, dice el Señor, para que mucha de la ceguera que hoy tiene mi pueblo con respecto a esta pieza fundamental del rompecabezas sea sanada y para que, así como Saulo finalmente pudo ver y reconocerme como el Mesías, también caigan las escamas de sus ojos y ustedes puedan reconocerme plenamente y entender mi plan de principio a fin.
A Israel vine y a Israel voy a volver, dice el Señor. Mis pies se van a volver a apoyar allí, en el mismo lugar de donde se levantaron. Entiendan que no es otra nación de la tierra la que elegí para posar nuevamente mis pies. Es allí donde todo se originó y donde todo se va a desarrollar hasta que se cumplan todas las cosas.
Israel es una guía profética para mi pueblo en todo el mundo, y tienen que fijarse cada vez que se cumple una profecía bíblica que tiene que ver con ese lugar, para entender los tiempos que están viviendo y en qué punto del tiempo profético se encuentran.
Tienen que comparar lo que está escrito con lo que está sucediendo allá. De lo contrario, cuando pase lo más grave que tenga que pasar y todos los ojos del mundo miren hacia ese lugar, los Míos no van a entender lo que sucede y no van a saber cómo reaccionar, porque esquivaron este tema, porque no entendieron y porque fueron ignorantes.
Mi pueblo perece por falta de conocimiento y va a seguir pereciendo. Así que el que escuche, entienda lo que el Espíritu dice hoy. Amén.
Noelia: ¡Hosanna al que viene en el nombre del Señor! Hosanna en las alturas al que vendrá con millares de ángeles y a una voz llamará a sus escogidos de los cuatro vientos de la tierra para reunirse con el Majestuoso, con el Salvador de los judíos y también de los gentiles, con el Creador, que de ambos pueblos hizo uno.
Alabamos y bendecimos a Dios por esta palabra profética.
Escudriñen las Escrituras para comparar todo lo hablado hoy con lo que Dios dejó escrito, y pídanle al Espíritu de Dios entendimiento sobre estas cosas, y más que nada sobre el misterio de Israel y del pueblo judío y qué tiene que ver todo esto con sus vidas y con los últimos días.
No se dejen engañar. Hablando de las enseñanzas que se comparten sobre este tema, antes de decidir ir por la izquierda o por la derecha, sean como los bereanos, que escudriñaban las Escrituras para ver si lo que se les enseñaba era cierto o no.
Pidan discernimiento, porque el diablo quiere que el pueblo del Señor odie la tierra elegida y al pueblo escogido por Dios, y que los maldiga en vez de bendecirlos.
[Génesis 12:3] Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.
Satanás no quiere que se abran tus ojos y no quiere que seas bendecido por bendecir a la descendencia de Abraham. Satanás quiere que caigas en la misma trampa en la que han caído las naciones y sus líderes a lo largo de la historia: odiar, rechazar, reprimir, maldecir y maltratar a este olivo que Dios plantó.
Tengan cuidado con cómo hablan de la gente que está marcada por el Señor, porque el Señor me dice que si quieren ser bendecidos, tienen que bendecirlos, y si quieren ser malditos, tienen que maldecirlos. Ustedes eligen.
Así que guarden estas cosas en sus corazones y mediten en ellas. Y también presten atención y elijan bien el pan que van a comer.