El Dios del tiempo
Mensaje profético recibido por Mandala Weber
Soy el Dios del tiempo. Vivo fuera del tiempo y me manifiesto dentro del tiempo. El tiempo es un constructo mío: una herramienta de separación, una herramienta de determinación.
El tiempo da lugar al hombre para tomar una decisión prudente sobre su morada eterna. El tiempo tiene un inicio y un final. Así como hubo un momento en que el tiempo comenzó a contarse, habrá un momento en que el tiempo se acabará.
El sabio usa el tiempo a su favor, pero a los necios el tiempo les juega en contra. El tiempo demuestra quién es quién. El tiempo comprobará que soy un Dios fiel, pero también testificará contra los inicuos.
El tiempo debe sujetarse a mi voluntad, y todos los que se sujetan a Mí se mueven bajo mis órdenes, en mis tiempos. El tiempo es moldeable en mis manos. Yo lo puedo alargar. Yo lo puedo acortar. Soy el Señor sobre él y sobre todas las cosas.
A muchos les falta venir a Mí y consultarme sobre el tiempo, sobre su tiempo. Pregúntenme a Mí. No sean ignorantes del valor de la porción de tiempo que he dado a cada cual.
Todo tiene su valor. Todo tiene su lugar. Todo tiene su momento. Hay un gran equilibrio establecido por mi sabiduría. Sean entendidos de los tiempos. No desperdicien lo que no vuelve.
Yo he creado cada momento con una cualidad original y única, porque mi naturaleza es única y las expresiones de mi ser son originales en todas sus facetas. El tiempo me refleja, y los sabios me ven a Mí en el reflejo del tiempo que apunta a la eternidad.
Hijitos, aprendan quién soy Yo, el Dios que está sentado por encima de cada reloj, cada segundo, cada hora, cada momento, cada tiempo y cada siglo.
Amén.
[Salmos 74:16] Tuyo es el día, tuya también es la noche; Tú estableciste la luna y el sol.
[Daniel 2:21] Él muda los tiempos y las edades; quita reyes, y pone reyes; da la sabiduría a los sabios, y la ciencia a los entendidos.
[Eclesiastés 3:1] Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.
[Isaías 57:15] Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo…