Hay una armonía que no es de este mundo: la armonía perfecta, mi armonía. Se llama la armonía de Dios.
Mira, la paz no es simplemente el silencio, aunque en el silencio se deja encontrar. La paz no es ausencia en sí, ni separación en sí, ni tampoco soledad en sí. Pero hay paz en la armonía. Hay paz en mis canciones.
Hoy te quiero enseñar sobre la armonía de Dios.
La armonía de Dios está en todo mi reino. Es parte integral de mi reino, como también es parte integral de mí mismo.
En el reino celestial no hay nada fuera de su lugar, no hay nada que moleste. No hay tono desafinado, no hay color equivocado, no hay nada que sea deforme. No hay nada que sea demasiado grande o demasiado pequeño. No hay cosa fea o desarmónica. No hay nada que esté fuera de ritmo o de tiempo.
Entiende, hijito, que mi reino es un reino perfecto donde no se da lugar a la corrupción. La corrupción es desarmónica, pero la armonía y la paz no se contradicen. La armonía de Dios se mueve sin estorbar la paz. La corrupción es molestia; la corrupción obstruye la paz.
La separación no es desarmónica en sí misma, como la unión en sí misma tampoco es armónica. Todo depende de cómo se relaciona una parte con la otra.
Si uno separa a los malignos de los bondadosos, habrá paz entre los bondadosos. Pero los malignos, aunque estén unidos, no tendrán paz. Si uno une a los bondadosos con los malignos, ya no habrá paz, porque los malignos siempre serán impedimento para la armonía.
Un poco de levadura leuda toda la masa. Una persona odiosa puede romper la paz de un grupo.
Hijitos, estén celosos por mi armonía en todo, porque mi armonía establece la paz de mi reino. En mi ciudad santa no habrá corazones corruptos, porque mi ciudad estará llena de mi luz, de mi paz, de mi gloria, de mis himnos, de mi armonía. Es mi obra maestra. Será perfecta en su totalidad, maravillosa en todos sus sentidos, mi gran deleite.
Sí, me gozaré de mis hijos, que son mi herencia para siempre, en un mover sin disonancia ni molestia ninguna jamás: todos en acuerdo, en un mismo Espíritu de amor y paz.
La armonía de Dios provoca unión y belleza. La armonía de Dios pone orden. La armonía de Dios trae sanidad. Ella hace recordar a la sangre dónde debe fluir, a los ríos dónde deben correr, al viento dónde debe soplar; dónde y cuándo todo debe suceder en mi ritmo y en mi tiempo, porque Yo establezco el gran baile del Creador en todas las cosas, para que reflejen quién soy Yo y quién es cada cual en mí.
El primer artista soy Yo. Soy el gran afinador de la sinfonía del universo, y las obras que me propuse ciertamente las haré, y nadie me detendrá.
[Apocalipsis 21:27] No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero.
[Salmos 133:1] ¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es Habitar los hermanos juntos en armonía!
[1 Corintios 5:6] No es buena vuestra jactancia. ¿No sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa?